Tecnología, comunicación y autonomía de los signos

 

Instrumentos, actores, expresiones y representaciones son los cuatro elementos de un modelo dialéctico para analizar la producción social de la comunicación. Los cambios que la informática y digitalización han causado en los primeros, permiten afirmar que han afectado a tal punto a los otros que al modo de producción masiva se superpone otro con nuevas cualidades, al punto de la ruptura del signo con su significado.

 

 

 

 

Definiciones

Instrumentos.- son los aparatos biológicos o tecnológicos que pueden acoplarse con otros para obtener la producción, el intercambio y la recepción de señales que se organizan en sistemas de amplificación y traducción de señales, constituidos por un órgano emisor, un canal transmisor y un órgano receptor, como mínimo.

Actores.- son las personas físicas que excluyen, incluyen o modifican datos proporcionados por otros.

Expresiones.- son las entidades perceptibles por un sentido de otro, sobre las cuales, uno ha realizado un trabajo expresivo.

Representaciones.- son las organización de un conjunto de datos de referencia proporcionados por el producto comunicativo, en un modelo que posee algún sentido para el usuario o los usuarios.

 

 

Revolución de los instrumentos

Lo revolucionario es la combinación e integración de aplicaciones diferentes. Las tecnologías de integración, en contraste con las tecnologías de sustitución, son el fruto de la suma de varias de ellas y, lejos de producir un paso más en la evolución del sistema tecnológico o infraestructura, modifican sustancialmente su conjunto. A este fenómeno podría llamársele fusión de los medios, pues se trata de una interconexión que transforma los medios considerados de modo individual, en un sistema, al considerarlos en conjunto, pues no se trata ya de un agregado de medios, sino de componentes que se relacionan entre sí.

Los procesos de digitalización nos ofrecen un cúmulo de nuevos medios de comunicación e innovaciones en medios tradicionales que producen una transformación del sistema de comunicación con procesos novedosos, debido principalmente al cúmulo de información disponible y a la facilidad para reproducirla, modificarla y difundirla. De allí que los instrumentos informáticos ya no son concebidos sólo como de transformación y tratamiento de ella, sino como instrumentos de soporte de comunicación, lo que caracteriza el entorno comunicativo en que vivimos.

El cambio en la infraestructura tecnológica aporta una cualidad a los medios de comunicación propios de la informática y digitalización que les da el carácter de interactivos, entendiendo interactividad como posibilidad de retroalimentación inmediata, siendo ésta otra característica revolucionaria de los nuevos medios de comunicación, la cual permite que cada usuario individual haga o envíe datos —imágenes, texto y voz— además de simplemente recibirlos. Más allá de la mera interacción de los usuarios con los medios, se trata de interacción humana mediada por dispositivos maquínicos que requieren continuamente la aportación creativa del usuario. Cierto que no es una cualidad novedosa, pero sí que es cada vez más frecuente y característica.

Los nuevos medios se caracterizan por no existir un centro y una periferia; no hay un emisor y una masa de espectadores, ya que posibilitan que emisor y receptor permuten sus respectivos roles de inmediato de manera bilateral o multilateral e intercambien mensajes que con frecuencia son producidos y difundidos por ellos mismos. A la vez ofrecen la posibilidad de transformar el espacio y el tiempo sensibles a costos cada vez más bajos, por lo que se caracterizan, además de la interactividad, por la deslocalización y la atemporalidad.

 

Revolución de los actores

En el nuevo proceso de comunicación, por su naturaleza dialéctica, no solamente los medios han cambiado sino también los usuarios. El usuario de los nuevos medios posee cualidades distintas al de la industrialización y masificación —receptivo y paciente—, pues el de la posindustrialización es un individuo más consciente del proceso de comunicación y voluntariamente activo, por lo que demanda mensajes personalizados en canales bilaterales y multilaterales, inmediatos y baratos, a través de los cuales quiere expresar sus ideas, sus propuestas, sus aspiraciones o simplemente su presencia. Una sociedad plural y heterogénea con posibilidades de nuevas formas de organización del trabajo, la familia, el estudio y el ocio está caracterizada ya no por la masificación y la uniformidad, sino por individuos informados y participativos que demandan y utilizan nuevos medios y nuevos usos de los medios para crear y recrear sus imaginarios, o para establecer redes sociales con los más diversos intereses.

Esta transformación en la estructura comunicativa trae como consecuencia en la estructura social la reconformación de los actores sociales y también un cambio superestructural que se refleja en la definición de identidades culturales que se alejan cada vez más de la masificación de estilos de vida y de consumo, incluyendo el de los productos comunicativos. La masa amorfa e indivisa de consumidores se desgaja en grupos que forman audiencias especializadas que buscan activamente la información que les interesa en un mercado de oferta de mensajes que compiten por la preferencia de cada consumidor. Por eso, y sin que desaparezcan los mediadores masivos, evidenciamos que el abaratamiento de las nuevas tecnologías junto con la facilitación de su operatividad, ha permitido que un creciente número de individuos adquieran los dispositivos maquínicos que les permiten fusionar o confundir sus roles como emisores y receptores, pues el usuario de los nuevos medios tiene la posibilidad de vincularse con otros en una relación interactiva, pudiendo formarse así diversos conjuntos de emisores que simultáneamente son receptores, cuyos intereses con frecuencia son distintos a los de los grandes emisores corporativos. Por ello, la nueva posibilidad de elección para el receptor altera la relación de dependencia respecto al proveedor de la señal, invirtiéndola a su favor y haciendo que el proveedor dependa de que sea preferido por él y no por los competidores.

 

 

 

Revolución de las expresiones

Los nuevos medios facilitan la transmisión, creación, modificación y reproducción de imágenes, gracias a lo cual hay un universo de éstas disponible y en circulación en el entorno comunicativo, por lo cual los mensajes incorporan un número cada vez mayor de éstas. En no pocas ocasiones encontramos lenguajes de imágenes con preponderancia sobre los hablados o escritos. Pero lo más interesante no es la remota posibilidad de la sustitución del lenguaje escritural por uno de imágenes, sino el potencial para que de manera combinada refuercen los mensajes, facilitando así las representaciones y el conocimiento.

En una sociedad de identidades culturales transterritoriales mención especial merecen los íconos, ya que crece su popularidad y número en la cibercultura y su mundo imaginativo, pues como signos isomórficos de su referente permiten superar barreras o diferencias lingüísticas, por lo cual facilitan el entendimiento de su referente a un mayor número de personas al plantear un modelo de cultura basado en códigos más universales. Además, las expresiones icónicas son susceptibles de combinarse con todos los otros recursos expresivos propios de medios impresos y audiovisuales.

 

Revolución de las representaciones

Los nuevos medios cambian la realidad y nuestra percepción de ésta; la interactividad, la deslocalización y la atemporalidad tienen implicaciones cruciales en todos los ámbitos de nuestra experiencia pues transforman el espacio y el tiempo sensibles. Las nuevas tecnologías permiten personalizar, fragmentar, modificar, recomponer o globalizar la información, de modo que al situarla en el ciberespacio es posible liberarla de las características de los objetos culturales tradicionales que la sustentaban y cuya materialidad las limitaba.

Estas facilidades o condiciones disponibles permiten que cada individuo retroalimente sus propias imágenes, su representación y construcción significativa de la realidad. Es decir, la desfocalización de la función mediadora y la personalización de la producción, distribución y consumo de mensajes facilitan la individualización de las referencias, de modo que en las sociedades con mayor presencia de estas tecnologías para comunicarse es posible para el individuo creer y crear para sí mismo un mundo en el que reinterpreta las informaciones que recibe (como herencia o entrega). Esta producción, reproducción e imaginación individual de las referencias se traduce en una multitud de referentes y significaciones que cuestiona, confronta, pulveriza o simplemente ignora las visiones o versiones únicas de la realidad, del hombre y de la sociedad.

Si bien en la sociedad industrial caracterizada por que los medios masivos se convierten en el lugar de la producción social del sentido —modificando la ontología tradicional de los hechos sociales al presentar vicariamente y de manera fragmentada al mundo real—, el ciberespacio vuelve a cambiar este proceso en un nuevo orden tecnocultural que rompe con los saberes instituidos de la semiótica, desvinculando el impulso hacia lo verdadero por lo virtual y que implica la ruptura del signo con su significado, el cual posee por sí mismo autonomía de su representación original con un referente, y la adquisición propia de un estatuto referencial en tanto le es adjudicado por el observador. Los signos, con frecuencia, han perdido su referencia con un significante, y en no pocas ocasiones son autorreferenciales o no referenciales.

 

Revolución del sistema de comunicación

A diferencia el sistema de comunicación propio de la formación social industrial, en el que se producían y distribuían visiones del mundo que promovían la repetición de esta división del trabajo y de las clases sociales, el sistema de comunicación posindustrial o informático favorece la pluralidad de relatos. Se trata de una multitud de visiones pequeñas y fragmentadas de la realidad que no aspiran a interpretaciones absolutas de ésta ni a explicaciones que se pretendan universalmente verdaderas, sino que se autorreconocen como verídicamente relativas, representativamente personales y axiológicamente subjetivas. Esta pluralidad de microrrelatos reproduce visiones del mundo que reflejan el pasivo consentimiento del modo de producción posindustrial o global, no por oposición o cuestionamiento a éste, sino por indiferencia, apatía o resignación a que es el único fácticamente posible. Aunque los relatos siempre se han contado de múltiples modos, lo novedoso es que ahora ya no están necesariamente atados a referencias geográficas, hereditarias ni dependen de instituciones reproductoras y distribuidoras de ellos.

La nueva infraestructura tecnológica ha afectado los sistemas social y de comunicación, produciendo un agotamiento en el modo de producción de comunicación de masas en las sociedades capitalistas y el alumbramiento de uno nuevo que facilita la personalización de los productos y los servicios, incluyendo los comunicativos, adecuándolos a la transformación de la estructura de producción de la formación social. Sin excluirse entre sí estos dos modos de producción de comunicación coexisten simultáneamente con sus respectivas características, lo que da lugar a distintas maneras de concebir los elementos del sistema de comunicación y sus procesos.