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Dios, patria y Bimbo
“Si los valores
cristianos pueden iluminar y estimular el comportamiento de los
hombres en la empresa y sus objetivos, también estos valores pueden
enriquecerse con la eficacia y realismo de los valores de la empresa”,
dice Lorenzo Servitje Sendra,
fundador del Grupo
Bimbo, una de las pocas trasnacionales exitosas de México, la cual
desde hace algunos meses es repudiada por una parte de la militancia
de la izquierda local debido al financiamiento que otorgó para campañas
en contra de su candidato el año pasado.
Los padres de don Lorenzo, de origen catalán, llegaron a México
en 1904 y fundaron la pastelería El Molino en 1928 cuando él tenía
diez años de edad. Muy joven quedó al frente del negocio familiar
y en 1945, mediante una flotilla de camiones repartidores, se aventuró
a vender pan de caja empaquetado a las tiendas pequeñas. Luego su
producción y distribución se amplió a la bizcochería o pan dulce,
y en 1956 a pastelillos y galletas con la marca Marinela.
Si alguna empresa mexicana ha aprovechado los acuerdos de libre
comercio parece ser Bimbo. Mientras que otras fueron avasalladas
o quebradas por sus competidoras extranjeras, ésta se mantiene como
campeona nacional invicta en la producción de alimentos y goza de
una saludable expansión. A la fecha es la principal panificadora
en América Latina y la segunda más importante del mundo. Sus ventas
netas durante 2006 fueron de 5,200 millones de dólares gracias a
que tiene 73 plantas de producción, tres comercializadoras y 1,700,000
puntos de venta localizados en México, Estados Unidos, Argentina,
Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, El Salvador, Guatemala, Honduras,
Nicaragua, Perú, Venezuela, Uruguay, Austria, la República Checa
y, a partir de noviembre de 2006, China, mediante la compra de la
subsidiaria española Panrico en Shangai. Precisamente, la estrategia
que Bimbo ha seguido es la de adquirir las panificadoras locales
más importantes para no tener competencia, lo cual le ha permitido
“su consolidación operativa” (www.bimbo.com.mx).
En el caso de Estados Unidos, donde
Bimbo es líder en Texas, su éxito radica en los veintitantos millones
de mexicanos que viven allá, quienes tienen un poder de compra superior
al de los cien millones que hay en México. Lo que Bimbo les vende
allá no es pan, sino nostalgia: el recuerdo de un desayuno familiar
en su pueblo de origen, revivir el sentimiento de recompensa que
un Gansito (pastelillo de chocolate) significó para ellos en su
infancia o la alegría de hallar dentro del empaque calcomanías,
estampas o juguetitos. Bimbo es “el pan de México”, dice su publicidad.
A sus casi 90 años don Lorenzo está retirado como empresario y
mantiene el cargo de presidente honorario —en tanto su hermano Roberto
es el presidente del Consejo de Administración y su hijo Daniel
es el director general—, por lo que se dedica de lleno a actividades
filantrópicas, de las cuales ha sido en México un pilar moral y
financiero mucho antes de que se acuñaran en la jerga del management
la expresión empresa socialmente responsable. A la vez ha
sido un importante impulsor de la politización del clero
y el empresariado católico en cuanto a lo que llama “dimensión social
de la fe”.
Grupo Bimbo sostiene económicamente a varias fundaciones e instituciones
para el desarrollo rural, el empleo “productivo” y la investigación
educativa. Una de tantas es Fincomun, una “sociedad financiera popular”,
es decir, que da crédito a gente pobre. Vicente Fenoll, su director,
es “un Robin Hood urbano”, según la revista Expansión.
Bimbo participa
con un porcentaje de acciones, pero lo más importante puede ser
que los empleados de Fincomún se transportan en camiones de reparto
de la panificadora para vender sus servicios financieros, que incluyen
“cuentas de dinero ético” (sic), en las tiendas de abarrotes.
“Darles dinero a los pobres, más que cuento… negocio”, con cerca
de cinco millones de dólares de intereses cobrados en el año.
Don Lorenzo apoya a título personal a otras tantas organizaciones
no lucrativas. Su consentida es el Instituto Mexicano de Doctrina
Social Cristiana, A.C. (Imdosoc) fundada por él mismo y un grupo
de empresarios de ideas afines en 1983, con la aprobación y apoyo
de la jerarquía católica en México, Latinoamérica y El Vaticano,
con el objetivo de “orientar y animar a los cristianos a que vivan
plenamente su fe en una sociedad compleja, impersonal y frágil.
Y piensa que esto debe hacerse contribuyendo sobre todo a formar
a quienes enseñan, informan, dirigen o ejercen algún liderazgo en
la sociedad” (www.imdosoc.org.mx). De modo que el Imdosoc es una
especie de think thank que presta asesoría en temas políticos
y de ética social a distintos obispos de la Conferencia del
Episcopado Mexicano, a la vez que es un centro de adoctrinamiento
para que los líderes católicos se alineen a la ortodoxia
papal. Cabe mencionar que todos los directores de Bimbo tienen la
obligación de asistir a un “curso de formación social” para aprender
los contenidos de la doctrina social de la Iglesia, impartido por
la Unión Social de Empresarios de México (USEM), organización que
fue presidida por don Lorenzo, antecedente del Imdosoc.
Paralelamente a la formación doctrinaria, entre los proyectos
del Imdosoc para la asistencia a los pobres está el de la adopción
de familias indígenas en Chiapas, al sureste de México, mediante
el pago mensual de una despensa, así como el financiamiento de microempresas.
Aunque puede haber un millón de indígenas en la miseria en la zona
metropolitana de la capital mexicana, a quienes se podría ayudar
con relativa facilidad y menor costo, acciones como estas reducen
la posibilidad de que las comunidades a mil kilómetros de distancia
en la selva pasen a constituirse en bases de apoyo o reclutamiento
guerrillero.
Las actividades filantrópicas y político-religiosas de don Lorenzo
mantuvieron un bajo perfil ante la opinión pública hasta hace una
década, cuando un nuevo y pequeño canal de televisión transmitió
un programa en el que varios entrevistados manifestaron haber sido
victimados sexualmente por un importante líder de una congregación
religiosa católica. Entonces el Grupo Bimbo advirtió al canal que
retiraría toda su publicidad si persistían estos contenidos en la
programación. En ese momento numerosos periodistas, intelectuales
y políticos de izquierda manifestaron su repudio a lo que consideraron
una ataque a las libertades de expresión y de prensa.
A partir de entonces las actividades
de don Lorenzo y el Grupo Bimbo relativas a la “dimensión social
de la fe” han sido motivo de controversia. El episodio más reciente
se dio cuando el actual presidente Felipe Calderón, durante su campaña
en el centroderechista Partido Acción Nacional (PAN), reconoció
haberse reunido con don Lorenzo y recibido dinero. De él dijo: es
“una persona a la que aprecio,
a la que le pido consejos frecuentemente, y que es un hombre, en
lo personal, que considero muy valioso”.
Meses antes don
Lorenzo apoyó económica y moralmente a un político regional para
que fuera candidato a la Presidencia, famoso por gobernar su provincia
con mano dura, Alberto Cárdenas Jiménez, quien fue nombrado por
Calderón ministro de Agricultura.
Los resultados en cuanto a “la dimensión social de la fe” no han
sido menores si consideramos que en la anterior administración,
el entonces presidente de la República, Vicente Fox, nombró ministro
del Trabajo al vicepresidente del Imdosoc, Carlos Abascal Carranza,
y durante el sexto año de su gobierno lo hizo ministro del Interior.
Abascal fue permanentemente criticado por los opositores debido
a las manifestaciones de su fe religiosa en actos públicos y por
detalles relativos a su vida privada que trascendieron a la opinión
pública, como oponerse a que en el bachillerato al que asistía una
hija suya se incluyera entre las lecturas para su clase de literatura
un libro de Carlos Fuentes por considerarlo inapropiado para jovencitas.
La elección presidencial en 2006 fue la más competida en la historia
de México, y es seguramente una de las más cerradas que haya habido
en cualquier país, con una diferencia de menos de quince décimas
de punto porcentuales. Muchos seguidores del derrotado candidato
de izquierda, Andrés Manuel López Obrador, consideran que fueron
víctimas de un complot en el que participaron empresas que financiaron
una “campaña sucia” en contra de él. Los militantes de su partido,
el de la Revolución Democrática (PRD), realizaron en marzo de este
año una asamblea en la que llamaron “a toda la población” a “no
consumir productos de las empresas que financiaron el fraude” y
acordaron, entre otros puntos, “dar continuidad a la campaña contra
empresas que insisten en monopolizar el mercado y el poder político
y económico” —Bimbo, entre las que nombraron—, por lo cual ahora
tienen una pequeña panadería que produce pan de caja con la marca
Mi General, que venden en una oficina del partido. Parte de las
utilidades se donarán a la organización del movimiento de “resistencia”
de López Obrador.
Si bien no se le puede acusar a Bimbo de monopolio en México, puesto
que hay muchas panaderías, de hecho no tiene competencia en cuanto
al pan que se vende en grandes almacenes tipo Wal Mart ni en las
tiendas pequeñas, puesto que todo el pan de caja y bizcochería empaquetada
con distintos nombres también pertenecen a su Grupo, que es dueño
de cien marcas y elabora cinco mil productos (www.bimbo.com.mx).
Por cierto, sus choferes son ejemplo de prudencia y cortesía, caso
excepcional en la capital de México, y sus empleados suelen manifestar
orgullo de trabajar en el Grupo; pero no deja de parecer discriminatorio
a la vista de algunos críticos que en sus ofertas de empleo publicadas
en la prensa se establece entre los requisitos el de no tener tatuajes
ni aretes y llevar el cabello recortado.
Interesante caso de
neoconservadurismo, de modernidad económica y pensamiento religioso.
Y no obstante el éxito de Bimbo, don Lorenzo se ve a sí mismo y
a los empresarios católicos como una minoría amenazada que se sacrifica,
puesto que además de “ganar el pan de cada día”, aunque sea vendiéndolo
por millones, tienen la tarea de “buscar el reino de Dios”. De allí
que recuerde la figura evangélica de Mateo 10.16:
“Mirad cómo yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues,
prudentes como la serpiente y sencillos como la paloma”.
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