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Ocultsimo, brujería y modas culturales Mircea Eliade, Ocultismo, brujería y modas culturales, Barcelona, Paidós, 1997.
“Tu marido trabaja con una mujer rubia de cabello corto... Ten cuidado porque te lo está sonsacando”, dice así parte de uno de los numerosos anuncios comerciales de adivinos y videntes que saturan la televisión. Una conductora de programas televisivos de variedad —mentada dama del buen decir— asegura que se comunica con su hija muerta gracias a una médium. Uno de los libros más vendidos en México es el de una casa en la que supuestamente hay fantasmas, a la vez que uno de los mayores éxitos editoriales en el mundo se refiere a una trama oculta en la historia sobre la vida de Jesucristo distinta a la que narra el cristianismo institucional. Hay quienes creen que modificando la manera de amueblar o decorar su casa pueden cambiar su suerte. Noticieros y diarios que se suponen serios incluyen una sección de horóscopos como parte de su información. Grupos de jóvenes y no tan jóvenes disfrazados de vampiros peliculezcos dicen formar parte del “movimiento oscuro”. Millones de personas acuden a zonas arqueológicas durante el equinoccio con la creencia de que van a cargarse de energía positiva. El culto a la “Santa Muerte” tiene millones de adeptos.
Estos y muchos otros ejemplos posibles forman parte de modas culturales que a pesar de la modernidad prevalecen en las sociedades occidentales, incluso en los países más desarrollados y las clases más ilustradas. A propósito de estos temas, muy interesante resulta la lectura de la obra titulada precisamente Ocultismo, brujería y modas culturales, del historiador de las religiones Mircea Eliade. Publicada en español por la editorial Paidós en 1997, compila seis de sus conferencias y artículos que permanecieron inéditos hasta 1976, pero que parecen recién escritos por el auge de los temas que a continuación se puntualizan.
El gnosticismo reciclado Hoy la moda es El Código Da Vinci, y cuando Eliade dictó la conferencia “Las Modas culturales y la historia de las religiones” —publicada en este libro como el primero de sus capítulos— la moda en Francia era la revista Planéte de Louis Pauwels y Jacques Bergier, quienes en 1961 publicaron Le matin de les magicens (El retorno de los brujos), el cual llegó a ser un best seller mundial porque entonces pretendía “revelar incontables secretos”, un montón de falacias presentadas atractivamente para que “el lector quedara convencido de que se le han dado hechos o por lo menos hipótesis responsables”. Por lo que se interpreta de la lectura del erudito rumano, no hay nada de lo que ha dicho Dan Brown que anteriormente no haya sido un éxito literario, como manifiesta ahora la publicidad de Editorial Planeta: “antes fueron los caballos de Troya”. Entonces como hoy, dice Eliade, el ambiente cultural estaba dominado por “unas pocas ideas y numerosos clichés”. No fue el enfoque científico lo que suscitó entusiasmo colectivo, sino el impacto carismático de “los últimos descubrimientos científicos”.
El Feng Shui Como si bastara con cambiar una maceta de un lugar a otro para que los ingresos pecuniarios aumenten considerablemente, o cambiar el color de una pared para atraer el amor, el Feng Shui podría hacer que desapareciera la Secretaría de Desarrollo Social y el DIF por no tener razón de existir. Al menos parece que algunas personas así lo creen o quieren creer. Esta moda parece particular de algunas señoras más o menos ociosas y con una posición económica media o alta, al parecer fascinadas por la idea de que es una enseñanza que proviene de China. Aun cuando así sea, en el capítulo “El mundo, la ciudad, la casa” Eliade explica que en culturas ancestrales de muy distintos puntos del planeta es común la necesidad de convertir en cosmos el lugar donde se vive. En el mundo primitivo la casa era una representación de la concepción cosmogónica, una especie de representación y reproducción del trabajo de los dioses al crear el mundo: “nada puede comenzar, nada puede ser hecho, sin una orientación previa, y toda orientación implica adquirir un punto fijo”. La casa es un microcosmo que debe representar el orden del macrocosmo, “la casa es un imago mundi”: el techo es como el cielo, el piso como la tierra y las paredes son como las direcciones del espacio cósmico. Lo que nos deja ver la moda del Feng Shui es que la necesidad de experimentar que se habita en un espacio sagrado sigue siendo significativa en el desacralizado mundo moderno.
Las mitologías de la muerte Los deudos de las víctimas de la explosión de la mina de Pasta de Conchos, en Coahuila, reclamaban o siguen reclamando la entrega de los restos sus familiares calcinados y sepultados bajo toneladas de piedra desde hace meses, como un requisito para experimentar su proceso de duelo y resignación. Este es un ejemplo del valor que se le da tanto al cadáver o los restos mortuorios como al lugar donde deben destinarse. Eliade descubre, luego de estudiar muchos casos de culturas ancestrales, que “la muerte no se considera real mientras no se han completado apropiadamente las ceremonias funerarias. Algo interesante es la explicación del fenómeno imaginario de la bilocalización de los muertos según la convicción de la religiosidad popular: están presentes en las tumbas a la vez que en algún reino espiritual, creencia que alberga la esperanza secreta de que los muertos son capaces de participar, de alguna manera en el mundo de los vivos. Sin embargo, esta conferencia de Eliade no alcanza a explicar un fenómeno tan peculiar como el del culto a la Santa Muerte, personaje a la medida de la idiosincrasia de muchos mexicanos quienes la consideran como una entidad con la que se pueden hacer tratos —con quien se puede tranzar—, para lo cual se le ofrecen u ofrendan dólares, cigarros, joyas o algo que se supone de valor, a cambio de un favor, como cuando se va con un burócrata y se le da una mordida para obtener un permiso o algún documento requerido.
El ocultismo como religión pop En “Lo oculto y el mundo moderno”, Eliade traza un recuento histórico de la fascinación por el ocultismo y la constitución de sociedades iniciáticas dedicadas a su estudio y enseñanza a partir del siglo XIX en Francia. Sin embargo, el interés masivo por lo oculto a partir de la década de 1960 no deriva de esa apetencia de erudición, sino de la curiosidad que despertaron descubrimientos como los manuscritos hallados en el Mar Muerto y algunos libros que los difundieron, y tiene que ver tanto con “la insatisfacción de la tradición cristiana” como con una búsqueda de sentido de la vida moderna a partir de “la convicción de que hay un camino para superar el caos y la insensatez” el cual ha de descubrirse. Cuando Eliade dictó esta conferencia, los programas televisivos de contenido astrológico, eran todo un éxito, lo cual explica que se debe a la idea de que el descubrimiento de que los astros están ligados a la vida, le confiere a ésta un significado nuevo, “le revela una dignidad nueva”, idea de que “un drama cósmico… se está desarrollando… y que uno es parte de él”.
La brujería como rebeldía posmoderna En el capítulo más extenso “Algunas observaciones sobre la brujería europea”, Eliade revisa la historiografía en el tema, lo cual le permite considerar que estas tradiciones paganas precristianas —manifiestas casi todas en rituales para la fertilidad y la salud— persisten en el gusto contemporáneo, especialmente en culturas juveniles, debido a la “insatisfacción total con las instituciones existentes, sean religiosas, éticas, sociales o políticas”, es pues, una manifestación de rechazo a los valores predominantes del establishment. La brujería es descubierta por sus actuales seguidores como una “religión cósmica”, un medio de “comunión con la naturaleza”, como la esperanza en el descubrimiento de un mundo nuevo.
La luz mística El sexto y último capítulo, “Espíritu, luz y simiente”, cuya intención es captar los significados de las mitologías relacionadas con “la luz mística”, para lo cual estudia y compara ejemplos de religiones de distintas tradiciones y regiones que relatan experiencias al respecto. En todas ellas hay la creencia de que hay una luz sobrenatural, como esencia espiritual distinta a lo que hay en el universo profano, y su visión forma invariablemente parte de la experiencia mística y el estado de éxtasis, como si fuera “un fuego blanco y radiante”. Eliade afirma que la serie de equivalencias luz-espíritu-semen-dios puede ser producida por diferentes agentes: ascetismo, acto sexual, contemplación, meditación, visiones alucinógenas, etcétera.
En suma, la lectura Ocultismo, brujería y modas culturales permite reconocer que la popularidad de muchos fenómenos pararreligiosos que parecen novedosos no son sino la persistencia de la necesidad de explicaciones sobrenaturales a los fenómenos naturales y sociales. Se trata también de un magnífico inicio al conocimiento de otras obras de quien fue profesor de la Universidad de Chicago, como Historia de las creencias y las ideas religiosas, y, especialmente, El mito del eterno retorno. |