populismo pragmático


 

Josefina Vázquez Mota y el populismo pragmático

Josefina Vázquez Mota (México, D.F., 1961) es un caso de éxito por fortuna. Recién egresada de la carrera de Economía en la Universidad Iberoamericana, a mediados de la década de los ochenta, se aproximó a un conjunto de escritores que objetaban la participación o intervención del gobierno en las actividades productivas, a lo que llamaban “estatismo”, y, por oposición, se declaraban promotores de la “libre empresa”. Encabezados por Luis Pazos en su Centro de Investigación sobre la Libre Empresa (Cisle), entre ellos estaban Carolina R. de Bolívar, Edgar Mason, Erick Guerrero Rosas y Arturo Damm Arnal.

Además de los libros de coyuntura de Pazos, difundían sus ideas en varios diarios y revistas. Entre otros: El Heraldo de México, Impacto, Imagen Industrial y Perfiles Liberales. Ésta última con presencia continental. Entre esta especie de intelectualidad de derecha, Josefina era la menos destacada, pues publicaba en menor cantidad y en un tono muy tibio en comparación con sus compañeros de páginas, aunque compartía en sus textos las propuestas más radicales como la despenalización del consumo de drogas.

El éxito de estos apologistas del neoliberalismo se debió a que fueron bien acogidos por una parte de la clase empresarial, la cual veía en el priismo una amenaza a sus intereses y que habría de formar el neopanismo del que surgió Manuel Clouthier. Lo que en Estados Unidos fue la cruzada contra el comunismo, en México lo fue contra el “estatismo”.

Con el triunfo de Vicente Fox en 2000, Luis Pazos llegó como diputado plurinominal a presidir la muy importante Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública. De su mano llegó su otrora cachorrita, Josefina. Ambos recientemente afiliados al PAN, pero fue ella quien se sacó la lotería: de ser una diputada equis, a alguien se le ocurrió —no a un head hunter— hacerla secretaria de Estado, sin ningún mérito ni trayectoria profesional que diera cuenta de sus capacidades y competencias para la administración pública. No habría aprobado un examen de ingreso al Servicio Profesional de Carrera de los que ahora se hacen, ni para jefa de Departamento, puesto que su currículo oficial consigna que desde su egreso a la universidad hasta su designación (no elección) como diputada, trabajo como “periodistas en temas sociales y económicos” y “comentarista” en la radio.

Lo peor y paradójico es que la hicieron titular de la Secretaría que los neoliberales más detestan: la de desarrollo social. Esto se debe a que el pensamiento económico neoliberal considera que los subsidios y el asistencialismo no resuelven el problema de la pobreza, sino que lo agravan. Para los neoliberales el dinero que a ella se destina mejor debería dedicarse a la creación de proyectos productivos que den empleo a los pobres. Pero de esto Josefina no dijo una sola palabra y adecuó su discurso oficial al populismo institucional transexenal. ¿A quién le dan pan que llore?

Es un hecho que la Secretaría de Desarrollo Social no hace otra cosa que repartir dinero, y no desarrolla sino burocracia que vive de los más pobres. Por eso la Secretaría de Desarrollo Social es la más fácil de gobernar: con el dinero nadie se pelea. Las manifestaciones sobre los buenos resultados que supuestamente tuvo Josefina en esta Secretaría son falaces. La reducción de pobreza que se atribuye al Programa Oportunidades es numéricamente equivalente al total de mexicanos que emigraron ilegalmente de México a Estados Unidos.

Como coordinadora de la campaña a la Presidencia de Felipe Calderón, Josefina confirmó las sospechas neoliberales: la Secretaría de Desarrollo Social tiene como objetivo no declarado: crear una estructura política de dimensión nacional para darle presencia al partido en el poder en aquellas regiones donde no ha llegado por otros medios, y así incidir a su favor en las preferencias electorales de la población a la que su principal adversario apelaba ser su legítimo defensor: los pobres.

Ya se sabe que para ser secretario de Educación lo que menos se necesita saber es sobre educación, puesto que se trata de un cargo político. Esto lo tiene muy claro Josefina, pues en una entrevista en el programa televisivo Alebrijes declaró que su trabajo consiste, por un lado, en mantener una buena relación con los sindicatos y los gobernadores; por otro, en cumplir con los compromisos propios de una agenda internacional que implican viajar continuamente al extranjero para todas esas cumbres, conferencias, encuentros y demás que los ministros de educación de numerosos países se han dado.

Le faltó repetir la instrucción que dio el presidente Calderón: “fortalecer” los programas de becas. Es decir, repartir dinero. Algo en lo que tiene experiencia. Y tan clara tiene la necesidad de llevar una buena relación con los sindicatos, que el subsecretario de Educación Básica se reporta con la presidenta del SNTE como su jefa directa. Pero, ¿a quién le vuelven a dar pan que llore?