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La política de la sinrazón y el mito del
compló
El
extremismo político
Lo asombroso
no es que un demagogo como Andrés Manuel López Obrador haya logrado un
tercio de las preferencias electorales en un país en el que la mayoría de
quienes votan es pobre y tiene baja escolaridad, ni siquiera que algunos
intelectuales se presten como corifeos al simplismo de su discurso, sino
que la mitomanía del compló haya recibido escaso y pobre
tratamiento académico cuando el estado del arte de la ciencia política
hace tiempo que cuenta con las herramientas teórico-conceptuales para
exponer al fenómeno como lo que es: el argumento moralista de la sinrazón
política al servicio de un extremista.
El
extremismo político es tanto el posicionamiento en cualquiera de
los puntos más distantes al centro de la geometría política, como
el rechazo a los procedimientos, normas e instituciones de las democracias
liberales modernas. Comúnmente el extremismo procedimental es consecuencia
del extremismo ideológico y no a la inversa: porque se tiene la convicción
de que la ideología propia debe ser la única, por ser la verdadera o la
mejor, se rechaza que el ágora esté abierta a diferentes ideas y grupos en
competencia por el poder o, mejor dicho, por alcanzar los puestos para la
toma de decisiones de los asuntos públicos, y la influencia sobre ellos
por medio de procedimientos que incluyen la comunicación en el espacio
público.1
En años recientes previos al lopezobradorismo, un
par de experiencias dieron muestra del potencial para constituir una
amplia base social para un movimiento político extremista apoyada por
intelectuales y líderes de opinión. Una, la constitución de redes de
organizaciones de la sociedad civil con capacidad de movilización en
apoyo al “Ejército Zapatista de Liberación Nacional”, el cual declaró la
guerra al Gobierno federal.2
Otra, la “huelga estudiantil” al seno de la Universidad Nacional Autónoma
de México, como una microrrevolución por la que una comandancia de
ultras y megaultras tomó por la fuerza los campi para
instaurar su gobierno.3
El
monismo político, la intolerancia y el fundamentalismo
El extremismo es antipluralismo. Dicho de otra
manera: es monismo, como la tendencia a tratar como ilegítima a toda
diferencia o disenso, a repudiar ideas distintas a las propias. Se opone
tanto a la diversidad como al cambio por el convencimiento de poseer una
superioridad moral. Asimismo, los movimientos extremistas tanto de
izquierda como de derecha comúnmente tienen entre los más pobres e
ignorantes a su base social, a su clientela, en la que fomentan la
intolerancia y el antielitismo, explotan el resentimiento y azuzan a la
violencia.4
Este es el
caso de López Obrador, quien al estar convencido de personificar la única
representación legítima de los intereses del pueblo, de ser su “rayo de
esperanza”, entre otros ejemplos de su personalidad autoritaria no dio
respuesta a la solicitud de Cuauhtémoc Cárdenas de debatir sus proyectos
para definir la candidatura de su partido a la presidencia de la
República. Desdeñó también el primer debate con los otros candidatos
durante la campaña y en el segundo se concentró en enfatizar la posesión
de superioridad moral, de no ser corrupto.
El extremismo
es frecuentemente la consecuencia del fundamentalismo, que es la
convicción de que hay un conjunto de principios, verdades o valores
—los propios— por los cuales se justifica proceder en contra de todo lo
que no está de acuerdo con ellos, no se somete a su designio o es
potencialmente su adversario; lo que conduce, en primera instancia, a la
intolerancia, y, en el peor de los casos, al terrorismo.
A diferencia del extremismo de derecha, que
frecuentemente tiene como una de sus fuentes el fundamentalismo religioso,
en el de López Obrador prevalece un fundamentalismo ideológico constituido
por lo que en cada momento se deba suponer que es “la izquierda”, lo cual
hace las veces de un corpus doctrinario del que emanan los
“principios” que orientan sus conductas y decisiones, desde la
intolerancia a la crítica a la justificación de actividades ilegales como
apoderarse de calles céntricas, pasando por la descalificación a la
prensa, la injuria a los adversarios y el repudio a las instituciones. Con
razón advirtieron los politólogos Cansino y Covarrubias que este tipo de
populismo “adopta una lógica abierta de conflicto: la voz del ‘nosotros’
por encima de la libertad y las libertades individuales y colectivas”.5
Si se habla
del carácter mesiánico de López Obrador —profeta, sacerdote y rey, como
Cristo— es por la construcción discursiva y escénica de su personalidad
como encarnación del fundamento moral-político: que sólo él encarna el
bien, la verdad, la justicia, la redención de los pobres, la defensa de la
patria y los espíritus de los héroes Hidalgo, Juárez y Cárdenas; padre,
benemérito y tata en uno solo. El culto a la personalidad, la movilización
y concentración de masas, la ritualización del encuentro líder-pueblo, la
demonización de enemigos históricos causantes de todos los males,
características de los totalitarismos, son también rasgos distintivos del
lopezobradorismo.
Cabe agregar que la movilidad de los mitos
políticos “permite crear o despertar universos de fantasías de los que el
público se adueña al interpretarlos”. Como candidato, López Obrador se
situó “en la continuidad de una mitología política tal como la fundación
de la nación, sus orígenes, su lucha por la independencia, sus valores
constitucionales fundamentales”. En esta dramatización se presentó como
héroe por medio de una comunicación en el plano emocional para propiciar
procesos de identificación.6
El
simplismo histórico y el moralismo histórico
El extremismo se caracteriza frecuentemente por “la
atribución de causas y remedios sencillos y aislados a complejos
acontecimientos humanos”, lo cual se denomina como simplismo histórico7
y, además, “cuanto más inseguro en lo económico sea un grupo más probable
es que sus miembros acepten la ideología o programa más simplista que se
les ofrezca”.8
La ideología de López Obrador es tan simple como
pobres igual a buenos, ricos igual a malos,9
que como verdad irrebatible debe dar lugar a la lucha de la izquierda
contra la derecha, de los patriotas contra los enemigos de la patria, los
defensores de los pobres contra explotadores de los pobres, juaristas
contra imperialistas, el pueblo contra “los de arriba”, en suma:
lopezobradoristas contra antilopezobradoristas. “El triunfo de la reacción
es moralmente imposible”, parafraseó reiteradamente a Juárez.
En su discurso
la solución a los problemas del país, en especial el de la pobreza, es tan
simple como reducir los salarios de los funcionarios públicos y los
privilegios de la alta burocracia (aunque no lo hizo con el Gobierno del
Distrito Federal cuando pudo). Fácil: es un asunto de buena voluntad, de
moral, de “austeridad republicana”. Se reduce a quitarle dinero a
los ricos para dárselo personalmente a “los pobres”, y la forma se
concentra en el protagonismo, al más puro estilo del PRI, casi como Eva
Perón cuando entregaba billetes a sus descamisados, uno a uno, formados en
una larga hilera. El populismo es una forma seductora del moralismo
político.
La implicación del simplismo histórico es el
moralismo histórico, que es la “tendencia a creer que los
acontecimientos humanos son íntegramente formulados por la supremacía de
las buenas intenciones sobre las malas en cualquier momento, o viceversa”.10
La
teoría de la conspiración
La extensión lógica del moralismo histórico
es la teoría de la conspiración,11
pues con la lógica de que los males que padecemos son deliberados se
supone, se deduce o se descubre la manipulación de los muchos
buenos —el pueblo— por los pocos malos —“los de arriba”. Si el pueblo es
bueno, no puede ser responsable de sus males. Si “los de arriba” son
malos, entonces ellos son los responsables. Así de simple. En el discurso
de este tipo de populismo, dicen Cansino y Covarrubias, “la fabulación es
uno de sus órdenes constitutivos”, por lo cual “la verosimilitud, la
lógica de la representación, y no la verdad, ya que esta última jamás será
su centro de gravedad”.12
Que haya un compló es verosímil, aunque no sea verdad.
Si bien las conspiraciones o las colusiones secretas
son una constante en la historia y en la política, la teoría de la
conspiración tiene como primer elemento distintivo su naturaleza
generalizadora.13
Todo se explica —y justifica— como resultado de un compló: en el
gobierno de López Obrador no había corruptos, hubo inocentes que fueron
corrompidos y videograbados por “los de arriba” para tratar de destruir
“el proyecto alternativo de nación”. La conspiración se extiende en el
espacio, es internacional, y ahora está en su etapa de globalización: el
Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la OMC, Wal Mart,14
McDonald´s, El Vaticano, Disney, Estados Unidos, el neoliberalismo, que
coordinan a las entidades conspirativas locales: el IFE, el PRI, el PAN,
“El Yunque”, Coparmex, Bimbo, la Arquidiócesis de México, Carlos
Salinas de Gortari —el villano por antonomasia, el innombrable—, etcétera.
Y se extiende en la historia; se remonta a cientos de años y proyecta
al futuro escatológicamente. De allí que los caricaturistas perredistas
frecuentemente asocien a los panistas con el Imperio de Maximiliano, por
ejemplo.
Precisamente como el interés popular en una
conspiración sólo puede mantenerse si se presentan pruebas palpables de su
existencia, “es cuestión de personificar alguna de las causas de alguna
dificultad social”.15
Por eso una consecuencia es la declaración o publicación de listas
negras, de construir un inventario de nombres de individuos, grupos y
entes relacionados entre sí como los mencionados, que han sido
descubiertos en su conjura, por ejemplo, gracias a un mesero que sirvió en
una reunión secreta. Nombres que se van agregando y en los que se centra,
según la coyuntura, protagonismo en la conspiración: Diego Fernández de
Ceballos, Joaquín López Dóriga, Enrique Krauze, Reforma, Milenio,
Luis Carlos Ugalde, Chespirito... A fin de cuentas todos los que se oponen
a López Obrador resultan ante el juicio moralista de los justos
como enajenados por “la campaña sucia” (lo correcto es propaganda negra) o
como dolosos cómplices de los conspiradores.
El
imperio de la credulidad
Así como el
fenómeno del lopezobradorismo se explica por la base social proclive al
extremismo apoyada por algunos intelectuales y líderes de opinión, también
se debe, en segundo término, a que existe una amplia predisposición entre
un importante porcentaje de la población a creer en teorías de
conspiración. Una encuesta de Mitofsky realizada antes de la
complomanía, expresa que dos de cada tres mexicanos creen que en el
país existen sociedades secretas que persiguen llegar al poder por medio
de conspiraciones, y consideran que a lo largo de la historia esas
sociedades han cometido asesinatos, fraudes o actos de terrorismo,
manipulan a la gente y participan en la corrupción. La encuesta pregunta
adicionalmente:
a
lo largo de la historia, cuando mueren algunos personajes aparecen
versiones que descalifican las investigaciones y dicen que hubo
conspiración para asesinarlos, le voy a leer el nombre de varias personas
que murieron; en su opinión ¿hubo conspiración o no hubo conspiración o no
tiene información suficiente para opinar?
Más del 88 por
ciento de los encuestados considera que sí en el asesinato de Luis
Donaldo Colosio, y de ellos el 27 por ciento creen que el principal
culpable es Carlos Salinas de Gortari. Además, 43.6 por ciento creen que
quien está preso por el crimen no es la misma persona que le disparó. Sólo
4 por ciento creen que Mario Aburto actuó solo. Los otros casos que
explora la encuesta son el asesinato del cardenal Posadas Ocampo, la
muerte del narcotraficante Amado Carrillo (“El Señor de los Cielos”), el
suicidio de la defensora profesional de derechos humanos Digna Ochoa, el
asesinato al revolucionario Emiliano Zapata, el accidente automovilístico
del panista Manuel Clouthier, el accidente aéreo de Pedro Infante y la
muerte de María Félix. Llama la atención que un diez por ciento responden
que Pedro Infante no murió en el accidente aéreo, misma cantidad que cree
que María Félix fue asesinada. El único caso que las fuentes históricas
consignan indudablemente como un complot, es el de Emiliano Zapata,
asesinado en una emboscada.
Por si fuera poco, 20 por ciento responden que el
hombre no llegó a la Luna por primera vez en 1969, sino que creen en la
versión de que fue un montaje cinematográfico; el 22 por ciento creen que
las pirámides fueron construidas por extraterrestres y el 51 por ciento
que los gobiernos tienen información que prueba la existencia de ellos y
la ocultan. Concluye la encuesta que “los mexicanos tenemos tendencia a
creer en la veracidad de versiones no oficiales”, aun cuando fuese la
primera vez que escuchasen esas versiones.16
Con esta base potencial de credulidad en el
imaginario colectivo nacional, no extraña el éxito en que muchos acepten
como verdadera la versión tropicalizada de la teoría de la conspiración en
su versión compló, gracias a la reiteración en televisión, pues,
por cierto, el PRD fue el partido que más gastó en este medio para la
campaña presidencial.17
El furor de la
complomanía
Un texto clásico del
estudio de la opinión pública es el de la teoría de la espiral del
silencio, de la investigadora Elisabeth Nöelle-Neumann, el cual
comprueba que los individuos se sienten más seguros a expresar su punto de
vista cuando coincide con el dominante o el de la mayoría, y, por el
contrario, más son más inseguros a hacerlo cuando es distinto. Incluso
tienden a renunciar a su propio juicio por temor al aislamiento o a la
sanción.18
Durante más de un año López Obrador tuvo una amplia ventaja en las
preferencias electorales. Su triunfo parecía inevitable, a tal punto que
doblegó al presidente Fox en su intento por desaforarlo y encarcelarlo. De
modo que su punto de vista, su discurso, llegó a ser dominante, mientras
en varios medios importantes se escuchaba a periodistas y analistas
señalar el vacío de poder dejado por el Ejecutivo federal que venía siendo
ocupado por el candidato del sol azteca. La complomanía llegó
entonces para instalarse con todo desparpajo y sin vergüenza como clave
explicativa de la realidad nacional e internacional.
Los sitios en
Internet más conocidos para propaganda de López Obrador son catálogos
íntegros y extensos de toda la sinrazón política. Un solo ejemplo es un
“reportaje” de los que cumplen con todas las características comentadas
sobre la teoría de la conspiración: generalizadora, fraguada por un
grupo de poderosos, secreta, perversa, internacional e histórica.
Publicado cuando las encuestas expresaban el descenso en las preferencias
por el tabasqueño conforme se acercaba la fecha a la elección, asegura
que:
1. Hay
“injerencia de grupos de extrema derecha fundamentalista de Estados
Unidos en los asuntos internos de México por medio de instituciones
mexicanas de extrema derecha, como el PAN”.
2. Felipe
Calderón “se reunió a escondidas el 5 de Abril de 2006” con
“ex-guerrilleros centroamericanos”, quienes tienen “antecedentes de
SANGRE, incluyendo ejecusiones [sic] a sangre fría de civiles,
genocidio y terrorismo.”
3. Felipe
Calderón y el PAN “planean el asesinato de Mexicanos y la
desestabilización del país como método para tomar el poder por la fuerza
tras un fraude electoral con plena complicidad de los medios
electrónicos y autoridades electorales”, con el objetivo de “instaurar
un régimen autoritario de extrema derecha”.
4. “La
dictadura panista llevaría al país a una situación similar a la que se
vivió en la dictadura de Porfirio Díaz”.
5. En
consecuencia se debe apoyar a López Obrador, porque en caso contrario
“nuestros seres queridos, nuestros hijos, TUS HIJOS, correrán el
constante peligro de vivir en una dictadura militar… amenazados por los
asesinos ex-guerrilleros de Felipe Calderón”.
5. Aunque no se cita ninguna fuente, asegura que
“TODA esta información está documentada y basada en investigación en
diversas fuentes, incluyendo diarios de circulación nacional, revistas,
y sitios de noticias de Internet”.19
El
moralismo de los ilustrados
Que un grupo
pequeño o numeroso añada a un gran metarrelato conspirativo episodios
fantásticos particulares, aún en una coyuntura electoral, es poco
influyente si no cuenta con líderes de opinión que con su prestigio
incidan en la espiral del silencio para promover éstos u otros similares
como argumentos probatorios del punto de vista dominante, que
socializan la teoría de la conspiración en este caso. Entonces se crea
una especie de efecto multiplicador en el que ya cualquier disparate
pueda, al menos, sembrar la duda en cuanto a su veracidad en algún
porcentaje considerable de la ciudadanía.
Llama
la atención al respecto el caso de la
periodista de Televisa Carmen Aristegui, quien hizo de conocimiento
público el supuesto descubrimiento de una prueba de la conspiración, pues
según ella el PAN ingresaba ilegalmente durante la campaña al padrón del
IFE para la “georreferenciación” (siempre tan lingüísticamente creativa)
que permite “ubicar quién es quién, dónde vive, qué referencias tiene e
incluso sus perfiles de preferencia”. Casi como leer el pensamiento o
adivinar el futuro. La prueba de esa conspiración, de que ''las denuncias
que han hecho sobre el juego sucio del PAN son ciertas'', era que el
nombre de usuario para ingresar por intranet al sistema del IFE fue
“Hildebrando177”, o sea, ¡el nombre de la empresa de
Diego Zavala Gómez del Campo,
cuñado de Felipe Calderón!20
Así de obvio. Que si hubiera sido “Rael299”, habría sido la prueba de que
también los extraterrestres se confabulaban contra López Obrador.
La
complomanía no terminó con la derrota del 6 de julio de 2006. Se
prolonga con el mito del “fraude electoral”.21
Como tal, no puede ser refutado con argumentos racionales porque se
identifica con las convicciones de un grupo, “es la expresión de esas
convicciones en términos de movimiento”.22
A partir de ello todos los actos de gobierno de Felipe Calderón provienen
—según el imaginario de los mitómanos— de acuerdos secretos y tienen fines
perversos en perjuicio de la gente buena. Esto tiene como fin práctico
enfatizar lo que para ellos es la cualidad de ilegitimidad del presidente,
de “el espurio”, “el pelele”. Si no le ganaron a Calderón en las urnas,
pretenden hacerlo en el espacio simbólico de la moral, en desacreditarlo
como autoridad.
“La
invocación de la inmoralidad general”, según demuestran los politólogos
Seymour Martin Lipset y Earl Raab, “siempre ha sido parte esencial en las
teorías de la conspiración al identificar la cualidad maligna de los
conspiradores, que es la base última para considerarlos ilegítimos en
materia política en el mercado político normativo”.23
Lo que llama
a consternación es que también haya intelectuales notables que participen
de estas narrativas, de quienes se podría esperar, si no seriedad, sí
sensatez en sus inferencias. Por ejemplo, en referencia a los anuncios o
spots en televisión de la Procuraduría General de la República para
explicar que parte de su trabajo tiene como objetivo reducir la presencia
de narcomenudistas en los entornos escolares, un académico de prestigio
asegura que en realidad el Gobierno de Felipe Calderón, por neoliberal,
promueve que los niños y niñas compren drogas. Textualmente dice:
así como los medios funcionan para formar sólidamente la
misoginia prevaleciente, manejar la educación sentimental de la población
y para orientar sus preferencias partidistas, hoy también coadyuvan para
que el bisnes de las drogas alcance mayor expansión y sea cada vez más
lucrativo…
Nada nos asegura que los spots contra la infancia
escolarizada no son en realidad publicidad bien camuflada destinada a
ampliar un mercado de por sí en crecimiento. En ello están tanto los
publicistas gubernamentales como sus agentes mediáticos.24
¿Qué
puede ser más maligno, el gobierno de “Fecal” el diablo mismo, que quién
droga —envenena y mata— a la infancia para enriquecerse? ¿Y quien puede
ser la encarnación del bien y el ombudsman de los televidentes sino otro
que quien denuncia la maldad o efectivamente sepa
“lo
que es bueno para la moral de más de 100 millones de habitantes de este
país”?
Las pruebas de este capítulo de la conspiración son los propios spots
de la PGR y la suposición del denunciante, es decir, la lógica del
descubridor de la conspiración, su perspicacia para hacernos notar lo que
está delante de nuestros ojos y nuestra ingenuidad no nos permite darnos
cuenta; su capacidad de ver más allá de lo evidente, como decían en los
Thundercats. De modo que a los estudios sobre teoría de conspiración
podría proponerse otra categoría de análisis, la de salto
epistémico, que sería algo así como la de inferir conclusiones falaces de
premisas erróneamente problematizadas. Por ejemplo, veo una pequeña luz o
resplandor en el cielo, luego supongo que no puede ser otra cosa que una
nave tripulada por seres inteligentes provenientes de otro planeta.
O a la inversa, alguien dice que fue abducido por seres
extraterrestres y la prueba es que hay pequeñas luces o resplandores en el
cielo.
Un
peligro para la izquierda
En su largo ensayo sobre el mito del Estado, Ernst Cassirer concluyó que
Un mito es invulnerable. Es impermeable a los argumentos
racionales; no puede refutarse mediante silogismos… Cuando oímos hablar
por primera vez de los mitos políticos, nos parecieron tan absurdos e
incongruentes, tan fantásticos y ridículos, que no había apenas nada que
pudiera inducirnos a tomarlos en serio. Ahora todos hemos podido ver que
este fue un gran error. Deberíamos estudiar cuidadosamente el origen, la
estructura, los métodos y la técnica de los mitos políticos.25
Más
allá del ánimo combativo de Cassirer contra los mitos políticos, López
Obrador no resultó un peligro para México, pero sí para la izquierda. Al
haberse apropiado de sus banderas, simplificadas en la redención de los
pobres, la despojo de una agenda para su modernización y la entregó a los
tránsfugas salinistas del priismo.
López Obrador es más que un
conservador, un reaccionario, un restauracionista: su ideal de hacienda
pública está en el pasado, en el desarrollo estabilizador de
Gustavo Díaz Ordaz con Antonio Ortiz Mena, su modelo de gobernabilidad en
la política de masas de Lázaro Cárdenas y la personalidad de Benito
Juárez. Un patrioterismo —cursi por definición— como de Pípila, Juan
Escutia y otros por el estilo propios de la historia de bronce de los
libros de texto gratuitos. ¿Cuándo y por qué la izquierda ha tenido que
ser nacionalista sino en el priismo de manufactura callista? Y algo peor:
la despojo de la razón, pues le deja a su militancia la sinrazón como
método de análisis de la realidad política y también como tablas de la ley
para juzgarla.
La
autocrítica y recomposición de la izquierda perredista quedará incompleta
o sin realizarse si no hay un desmantelamiento y excreción de la sinrazón
política de toda su comunicación social y al seno de toda su militancia.
Notas
1
Al respecto es recomendable la lectura de A. Touraine, “Comunicación
política y crisis de representatividad” en J.M. Ferry, D. Wolton,
et. al., El nuevo espacio público, Barcelona, Gedisa, 1998,
donde se explica que “el orden del Estado, el de las demandas sociales
y el de las libertades públicas” han dejado de pertenecer a un mismo
sistema, por lo que “la comunicación política es el conjunto de las
instrumentaciones que permiten pasar de uno de esos órdenes a otros”,
p. 50. Como incipiente campo de conocimiento en el que se cruzan la
ciencia política y la comunicología, la comunicación política
tiene entre sus objetos de estudio a la opinión pública, como
una de sus líneas de investigación o especialización.
2
Véase
Comandancia General del EZLN,
“Declaración de la Selva Lacandona” en http:palabra.ezln.org.mx
3
La más reciente huelga llevada a cabo en nuestra máxima casa de
estudios, encabezada por Alejandro Echavarría, alias El Mosh, aportó
desde 2003 a sus primeros líderes a la Cámara de Diputados y a la
Asamblea del Distrito Federal. Un partido clientelista y
neocorporativo que se asume como representante de causas populares,
como el PRD, antes que de ciudadanos simpatizantes requiere de la
movilización continua de multitudes tanto para presionar a sus
opositores como para mantener elevada la moral y la cohesión de sus
militantes. Son estudiantes quienes frecuentemente están más
dispuestos a confrontar a los cuerpos policiacos, a cerrar calles, a
realizar pintas, a botear, a hacer y repartir propaganda
o a acudir de un punto a otro de la ciudad o el país con presteza —Atenco,
Oaxaca, Cancún, etcétera—, aunque la huelga estudiantil es su
mito triunfal.
4
S.M. Lipset y E. Raab, La política de la sinrazón, México,
Fondo de Cultura Económica, segunda edición 1981, pp. 9-23. Este libro
es una referencia básica para el estudio del extremismo político
y la teoría de la conspiración.
5
C. Cansino e I. Covarrubias, En el nombre del pueblo. Muerte y
resurrección del populismo en México, México, Universidad Autónoma
de Ciudad Juárez-Centro de Estudios en Política Comparada, 2006, p.
31. De acuerdo con Norberto Bobbio (Izquierda y derecha,
Madrid, Santillana, 2000), contemporáneamente izquierda y derecha e
pueden caracterizarse por su relación con los principios de igualdad y
libertad. La izquierda da prioridad a la igualdad sobre la libertad,
mientras que la derecha a la inversa, y están más cerca del centro
conforme guarden un equilibrio entre ellos. Puede deducirse que el
extremismo de izquierda es capaz de cancelar las libertades en aras de
imponer lo que considere la igualdad.
6
Cfr. Jacques Gerstlé, “La propaganda política. Algunas enseñanzas de
la experiencia norteamericana” en J.M. Ferry, D. Wolton, et. al.,
op. cit., pp. 235-236.
7
Lipset y Raab, op. cit., pp. 23-27.
9
Como ejemplo de manifestación del extremismo está la anécdota de un
cegehachero megaultra, que ante la oposición de una
investigadora a que los huelguistas se apoderaran de la Torre
II de Humanidades en Ciudad Universitaria, éste justificó su acción
con el siguiente argumento: “ustedes hacen libros para ricos” (La
Jornada,
México, D.F., 19
de octubre de 1999).
10
Lipset y Raab, op. cit., p. 27.
12
Cansino y Covarrubias, op. cit., p. 31
13
Lipset y Raab, op. cit., p. 32.
14
Cuando fue jefe de Gobierno del Distrito Federal, López Obrador
benefició a las
cadenas de supermercados como
Wal Mart con el subsidio a los “adultos mayores” mediante el pago con
tarjeta, y también con la privatización del cobro de impuestos.
15
Lipset y Raab, op. cit., p. 56
16
Consulta Mitofsky,
"Los
mexicanos y las conspiraciones",
encuesta telefónica nacional,
septiembre de
2003.
17
Véase: “Afirma IFE que AMLO ha gastado más en spots de TV” en El
Universal, México, D.F., 16 de abril de 2006.
18
E. Noëlle-Neumann, “La espiral del silencio. Una teoría de la opinión
pública” en J.M. Ferry, D. Wolton, et. al., op. cit.,
pp. 200-209. Originalmente se publicó en Journal of Communication,
núm. 24, 1974.
19
Cfr. http://senderodelpeje.blogspot.com/2006/04/reportaje.html
20 Cfr. La Jornada,
México, D.F.,
27 de junio de
2006.
21
Véase: Fernando Pliego, El mito del fraude electoral en México,
México, Pax, 2007.
22
G. Sorel, El mito de la violencia, s/f, Buenos Aires, La
Pléyade, p. 39
23
Lipset y Raab, op. cit., p. 55.
25
Ernst Cassirer, El mito del Estado, México, Fondo de Cultura
Económica, segunda edición 1968, p. 351.
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