Confesiones de un erotómano

Jorge Rueda, Manual de sensualidad de jóvenes casaderos, México, el autor, 2006.

 

 

Un libro en el que no hay una sola línea de artificio, pretensión o pose, que muestra a su autor, más que como hombre de carne y hueso, como humano sensible, emotivo y tierno; un sujeto romántico, nervioso y atrevido. Con naturalidad y fluidez insólita en nuestra cultura, Jorge Rueda no se escuda en personajes ni en situaciones más o menos ficticias para exponer la historia personalísima de la vivencia de su sexualidad y sensualidad, que va desde su lectura de literatura en el tema y su autoerotización (palabra de moda que no aparece en todo su libro), al ejercicio de las relaciones sexuales de pareja, en las que a veces ha asociado “el deseo carnal” con el “amor romántico”, pero en otras no.

 Rueda se describe en episodios de fragilidad emocional e ignorancia, pero también se muestra como un sujeto en permanente aprendizaje y superación, curioso y perseverante, cualidades que lo han llevado a llegar a ser un respetable erotómano, afición que linda en el borde de la obsesión, que lo hace lector infatigable, estudioso del arte y, sobre todo, de las mujeres. Ha aprendido a convivir con su pareja desde la contemplación —miradas ahora prohibidas por la ley puritana de la corrección política—, la interlocución, al escucharla y hablar con ella, así como al tacto pormenorozado de los “reconocimientos geográficos de la superficie femenina”.

 Un sujeto erógeno y ceremonioso, que hace de cada encuentro un rito, pero ahora sabe que no pueden ser como un partido de fútbol, programados fríamente, sino que hay que dejar libertad a la espontaneidad: “no es posible agendar la sensualidad”. No obstante y paradójicamente, éste es un libro conservador, en el sentido de que Rueda parece elogiar la monogamia —el título de por sí alude al matrimonio—, como vivencia plenamente satisfactoria de experimentarla con plena convicción, no desde una opción moral, sino desde una decisión de amor y de placer.

 Escrito entre autobiografía y ensayo —cualquier cosa menos un manual—, Rueda manifiesta en su relato la síntesis de su consumo cultural relativo a la materia, de modo que en varios pasajes parece que uno estuviese leyendo El amante de lady Chatterley, de Lawrence, o el guión de alguna película soft porno de los años setenta, pero con la diferencia de que en este caso es el varón quien expresa sus emociones y sensaciones. Los detalles son tan personales, que no tienen cabida en una reseña. Deben ser cogidos por cada lector.

 La edición del propio autor, cuidada hasta la perfección y en amoroso color rosa, muestra en la portada una fotografía cortesía para Rueda del coleccionista de arte erótico Hans J. Döpp, correspondiente a su pieza de porcelana polícroma titulada, inmejorablemente, Tiernos amantes.

 Para adquirir el libro puede solicitarse al correo de su autor: fuegocruzado69@hotmail.com, y en varias librerías referidas en su blog Erotolalia, en http://jorgerueda.blogspot.com, en el que “sin ningún pudor gramatical” reseña, critica, comenta e ilustra sus filias e intereses intelectuales y sensuales.