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¿Salud y educación en Cuba?
Varios acontecimientos vienen coincidiendo de tal modo que hacen parecer a Fidel Castro como una especie de héroe de fin de milenio; pero nada tan falso como la reivindicación de este dictador y de su régimen despótico. A propósito de la próxima visita de Juan Pablo II a Cuba en enero de 1998, vale la pena ir llamándole a las cosas y hechos por sus nombres (sin eufemismos propagandísticos), de modo que tengamos una idea clara de la realidad que deberán confrontar la prensa internacional. Más allá de la propaganda castrista, Cuba no sólo está cada vez más lejos de alcanzar la meta final de la ideología marxista leninista —el hombre nuevo—, sino que está también muy lejos de que en ella se vean cumplidas las dos supuestas conquistas de la revolución, que son —no se cansan de repetir los corifeos del comandante- salud y educación. En realidad, <educación> y <salud> son sólo dos fachadas propagandísticas que buscan simpatía y legitimidad en el exterior de la isla (en el interior también, pero allí todos saben de la falacia del discurso estatal), con el fin de justificar la permanencia en el poder de un sujeto que llegó a allí por medio de las armas y que, después de varias décadas, se niega a dar paso a las formas de representación del pluralismo democrático, con lo cual viola los derechos políticos fundamentales. Concretamente en lo referente a la educación, el Informe sobre Desarrollo Humano 1997 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), señala que en cuba la taza de analfabetismo en 1995 fue de 4.3 % y que el 5% de sus niños no llegará al quinto grado de estudios (datos por abajo de Chile, con un número de habitantes similar, y de Argentina, con el triple de población). Pero nuestra crítica no se dirige a lo cuantitativo, sino a lo cualitativo, pues, ¿qué clase de educación es aquélla en la que los educandos y profesores están privados para acceder a fuentes de información que no sean las controladas por el gobierno, y en la que no se puede llevar un programa de estudios distinto al impuesto por el sistema? ¿Realmente puede llamarse educación? La educación es un medio para que las personas desarrollen libremente sus potencialidades; pero en Cuba, conforme al modelo de Estado totalitario concebido por Castro, desde los primeros años de la Revolución, la educación funciona como un mecanismo para controlar a la población desde la infancia, adoctrinando en consignas de lealtad a Fidel y generando una mentalidad de dependencia al Estado socialista, lo que se traduce en temor a manifestar ideas distintas a las del discurso oficial, pues quien se atreve a ello es sospechoso de ser un opositor al régimen, delito severamente penado; de modo que aunque no se alcance la lealtad, sí se consigue la sumisión. Otro de los fines que persigue esta manipulación ideológica escolarizada es la pasividad de los ciudadanos, lo cual trae como consecuencia una sociedad con falta de iniciativa, que es rehén de la burocracia y víctima de la corrupción de la moral pública, bajo formas tan nefastas como las redes de espionaje y delación, que siembran la desconfianza y propician la división del tejido social. Todo esto es contrario a la dignidad de la persona y sus derechos intrínsecos, entre los cuales está el de la participación, para ser así corresponsable y codeterminante de las decisiones y acciones de la comunidad política. Ni siquiera en cuanto a preparación técnica puede decirse que la educación cubana sea de calidad, pues, debido a los criterios ideológicos con que está regida, los centros escolares se han preocupado en cumplir con “cuotas” de graduados que eleven las cifras oficiales, sin tener en cuenta la calidad del estudio para lograr tal propósito. Es decir, lo primordial en este caso no es graduar alumnos con gran capacidad técnica- intelectual, sino lograr a toda costa el primer puesto para ser felicitados por las élites del gobierno. Es por ello que gran cantidad de los técnicos de hoy en Cuba no poseen la preparación requerida para desempeñar sus cargos. A ello hay que agregar los criterios obtusos y fanáticos de los funcionarios censores, que impiden el ingreso y la difusión de todo conocimiento proveniente del “mundo capitalista” (como si hubiera ciencia de izquierda o de derecha) que sea sospechoso de atentar contra los dogmas del marxismo castrista. Pero mas vergonzoso aún es el hecho que muchos profesionales tengan que prostituirse porque su gobierno, aquel que les prometió un futuro luminoso, no es capaz de favorecer las condiciones que generen fuentes de empleo ni de tener una seguridad social digna de todos los ciudadanos. Otro tanto y más podría decirse respecto a la situación de la salud en Cuba, pues ¿acaso es una potencia en medicina aquella que deja a su pueblo sin las mínimas condiciones para ser atendido en un hospital? ¿En la que no hay medicamentos ni demás recursos necesarios para atender a los enfermos (incluyendo energía eléctrica, que es suspendida con todo y pacientes en el quirófano)? ¿Y en la que la población ve agravadas las enfermedades por carencias nutritivas, debido a las raquíticas raciones alimenticias que recibe? Si la respuesta es no, entonces el de Cuba está muy lejos de ser un ejemplo positivo de salubridad pública. A todo ello, lo que debe quedarnos claro es que la miseria y las calamidades del pueblo cubano son las pruebas palpables de la ineficacia del gobierno y su política y no una consecuencia de bloqueos comerciales, los cuales son manejados como pretextos para culpar a los Estados Unidos del desabasto. Lamentablemente está plaga ideológica tiene algunas manifestaciones en nuestro propio país. Es triste que en momentos en que se están dando pasos sólidos hacia la democracia todavía prevalecen —engañadas o por convicción— facciones retrógradas, nostálgicas de la violencia cheguevarista, que brindan su apoyo a los intereses encapuchados que amenazan con hacer uso de las armas si no se les conceden más cotos de poder. Afortunadamente la gran mayoría de los mexicanos no estamos dispuestos a rendir pleitesía a comandantes o subcomandantes, sean barbudos, encapuchados o de cualquier otro tipo.
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