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¿Quieren monólogo?, otro rollo del rector De la Fuente

Juan Ramón de la Fuente: “Las universidades, la inteligencia de los países”, Foreign Affairs en Español, abril-junio de 2005.

 

La revista Foreign Affairs en Español, editada por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), “trae a sus lectores importantes facetas del debate educativo internacional”, para lo cual invitó a “algunos miembros de la comunidad epistémica educativa a compartir con un público más amplio y con conciencia internacional [los lectores de la revista] sus reflexiones en torno a la educación y sus implicaciones para nuestra región [América Latina]”.

El dossier de seis artículos se titula “Educación y competitividad”. El primero de ellos es de Juan Ramón de la Fuente, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien a la invitación de Foreign Affairs en Español no envió un texto ad hoc, sino “una transcripción editada de su ponencia con ocasión del encuentro que promueve la televisora mexicana más grande, que con el propósito de acercar a los jóvenes universitarios de las carreras afines a la comunicación con los medios electrónicos se realiza cada año”, según se señala en la nota introductoria para omitir los nombres de Televisa y Espacio 2005, con una redacción de estilo críptico que la propia televisora ha abandonado y del cual se burla, como en el caso del personaje del superportero caracterizado por Eugenio Derbez.

La tesis del “rector de la máxima casa de estudios de México” es que “las universidades son la inteligencia de los países”; pero, en lugar de exponer argumentos que así lo demuestren, se dedica a demostrar con datos cuantitativos que la información es “el signo característico de la globalización que vivimos en la actualidad” (sic). Para ello, a modo de artículo de revistas como Muy interesante, Conozca más o Selecciones (aunque por debajo de otras como Sputnik), la mayor parte de su texto da cuenta del número de mensajes de correo en internet, el número de sitios web que hay, el año de creación de la primera computadora portátil, que cada dos años los chips duplican su capacidad de procesamiento, etcétera. O, como si no fuera suficiente la publicidad que a ello se dedica, que “los aparatos celulares, además de comunicarnos, transmiten voz y datos; son a la vez cámara fotográfica y de video, agenda, calculadora; envían y reciben correo electrónico”.

El médico especializado en psiquiatría, doctor de la Fuente, señala, además de que “internet nació en laboratorios militares” (ojo, no en laboratorios universitarios), que “la primera transmisión por internet en nuestro país se hizo en 1989 en el Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México”. Pero los investigadores del Proyecto Internet del Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México, Fernando Gutiérrez y Carlos Enrique López afirman que “México establece su primera conexión a la red mundial el 1° de febrero de 1989 al conectarse el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) (http://www.mty.itesm.mx) y la Escuela de Medicina de la Universidad de Texas, en la ciudad de San Antonio (http://www.utsa.ed)”, según se publicó en la Revista Mexicana de Comunicación (Núm. 56, octubre-diciembre de 1998, p. 22). Tal vez se refieren a algo diferente. Cabe agregar que las aplicaciones de las tecnologías de la información se deben a los centros de investigación y desarrollo de las grandes corporaciones mercantiles (Sony, Ericsson, Samsung, Microsoft, etcétera), de acuerdo con sus planes de negocios, y no a los laboratorios universitarios.

Fuera de esa referencia a “la primera conexión”, no hay alguna que permita suponer de qué modo o por qué la universidad regida por el doctor de la Fuente podría ser considerada como inteligencia del país o cuáles son sus aportaciones al desarrollo de las tecnologías de la información y la telecomunicación. No mencionó alguna de las muchas contribuciones al conocimiento que seguramente se hacen en sus institutos, como el de Investigación de Materiales, Investigaciones Estéticas, Investigaciones Sociológicas, Ciencias del Mar y tantos otros tan importantes para el país. Tal vez por modestia o discreción no hizo referencia a la boya detectora de tsunamis (que algún día habrá de detectar a alguno) o al autobús eléctrico (que algún día habrá de circular) como aportaciones de la UNAM a la humanidad. En lugar de ello, el “miembro en su categoría más alta del sistema nacional de investigadores” eleva “una vez más” su “voz de alarma”, porque cree que “en México aún tenemos un serio rezago educativo”.

Esa conciencia social la manifiesta el maestro en Ciencias no sólo con su voz de alarma sino en varias reflexiones sobre las implicaciones de internet y la telefonía celular, las cuales un líder sindical de medio pelo o un candidato a diputado no hubiesen explicado mejor: “la información es poder; la información es conocimiento y la información puede ser la gran palanca de la democracia que necesitan nuestros países”; o así: “si el progreso no es incluyente, no es verdadero progreso”. Por eso: “la brecha entre ricos y pobres se acentúa, porque unos tienen acceso [a la información] y otros carecen de él”. De modo que la pobreza no es una consecuencia del desempleo, de la caída de los salarios, de la pérdida del poder adquisitivo, de la falta de subsidio a los agricultores, de la ineficiencia de políticas públicas para distribuir el ingreso y del desmantelamiento del sistema de seguridad social, sino de la falta de conexiones a internet. Demos entonces una lap top a cada campesino, una cuenta en Geocities a cada vendedor ambulante, una tarjeta Ladatel a cada desempleado para que llame a Chambatel, y un Tamagochi a cada niño de la calle.

Pero no es así de simple como este mal intento de ironía. Aquí es donde está la importancia de la educación para el “miembro de la comunidad epistémica en la materia”: “como mecanismo para discernir con lucidez qué hacemos con este conocimiento, cómo lo empleamos en nuestra vida personal... el fin último y el primero de la educación es convertirla [a ella misma] en ese gran instrumento de permeabilidad social, de capilaridad social”. ¿Y de qué modo el ex secretario de Salud está abatiendo el rezago educativo en su propia universidad y haciendo de la educación instrumento de “capilaridad social”? Pues no se ve y no lo dijo en Espacio 2005, pero impulsó una reforma administrativa por la cual la sustentación oral de una tesis escrita ante un conjunto de sinodales ha dejado de ser un requisito para titularse, con lo cual podrá elevarse de manera importante el indicador que a ello se refiere. Éso es ser práctico.

Antes del imperio de la televisión, un fascista le gritó al rector de la Universidad de Salamanca, don Miguel de Unamuno, “abajo la inteligencia”. Las cosas han cambiado. Ahora, para quien no haya visto al rector de la Fuente en Espacio 2005, ahí está Foreign Affairs en Español. Sólo le faltaron los cinco consejos.