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Diferentes, desiguales y desconectados

Néstor García Canclini, Diferentes, desiguales y desconectados, Barcelona, Gedisa, 2004.

 

“Cuando un líder quiché explicó que ‘antes de tomar agua tenemos que dar agua a nuestra madre tierra’: lo dijo mientras empinaba una botella de Squirt (también había Coca-Cola y agua mineral embotellada en las mesas) inclinándola para mostrar cómo había que hacerlo. Al costado, Felipe Quispe, el líder aymara, tenía una bolsa plástica con hojas de coca. La diversidad irrumpía en el repertorio de recursos materiales y simbólicos como diversidad tradicional-moderna, transhistórica, multicultural”. Esta es parte de una anécdota del antropólogo Néstor García Canclini de cuando participó en el coloquio América Profunda, realizado en la ciudad de México en 2003, al cual fue invitado para participar con líderes indígenas de más de quince países latinoamericanos, intelectuales y representantes de organizaciones sociales, quienes, por cierto tienen en común el español como lengua para entenderse entre sí e internet como medio de comunicación.

La anécdota forma parte del capítulo “Diferentes, desiguales y desconectados”, que da título a esta obra conformada por diez ensayos resultantes del trabajo académico de García Canclini como profesor y conferenciante, quien mantiene con ella una línea de continuidad en su análisis sobre los aspectos culturales de la globalización expuesto en sus libros Consumidores y ciudadanos (1995), La globalización imaginada (1999) y Culturas híbridas (2001). El presente, que lleva por subtítulo Mapas de la interculturalidad, se divide en dos partes: mapas y miradas. La primera examina las condiciones en que se gestionan las diferencias, las desigualdades, la inclusión-exclusión y “los dispositivos de explotación en procesos interculturales”. La segunda está dedicada a morar como operan los movimientos de organización-desorganización de la interculturalidad.

Desde una perspectiva transdisciplinaria, Diferentes, desiguales y desconectados cuenta con una definición operativa de cultura: el conjunto “de  los procesos sociales de significación, o, de modo más complejo, la cultura abarca el conjunto de procesos sociales de producción, circulación y consumo de la significación en la vida social”, de modo que se trata de una magnífica guía para entender y diferenciar los conceptos de multiculturalidad —yuxtaposición de etnias o grupos de distintas culturas en una ciudad o nación— e interculturalidad —relación de negociación, conflicto y préstamo entre grupos de distintas culturas.

García Canclini advierte el riesgo de pasar de la reivindicación de la multiculturalidad —entendida como abundancia de opciones simbólicas— al multiculturalismo —como interpretación ampliada de la democracia—, puesto que puede conducir a nuevas versiones del etnocentrismo —como la acción afirmativa— que consideran acríticamente y de manera absoluta solamente las virtudes de las minorías: “cumplir con las cuotas —de mujeres, de afroamericanos, de indígenas— puede volver insignificantes los requisitos específicos que hacen funcionar las instituciones académicas, hospitalarias o artísticas”, visión que “arrincona en lo local sin problematizar” la inserción de las minorías “en unidades complejas de gran escala”, por lo cual el investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana evita en este libro la exaltación indiscriminada de la fragmentación y el nomadismo, y en lugar de ello se enfoca en plantear los modos de interculturalidad “en clave negativa”: como diferentes, desiguales y desconectados. Diferentes en cuanto a identidades, desiguales por la inequitativa distribución de la riqueza y desconectados porque la infraestructura de la red de redes está todavía a disposición de la minoría.

Con amplios comentarios sobre la sociología de la diferencia de Bordieu y el posconstructivismo, García Canclini traza un andamiaje conceptual para interpretar los significados de las culturas juveniles, del cine latinoamericano y otras industrias culturales, así como las razones de los fracasos de las políticas culturales. Ante este panorama queda abierta la pregunta de “si seremos capaces de construir un orden intercultural globalizado en el que las dimensiones sociales, económicas, políticas y culturales se reorganicen a fin de que aprendamos a descubrir el valor de lo diferente, para reducir la desigualdad que convierte las diferencias en amenazas irritantes y para general las conexiones constructivas a distancia”.