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Nuevas formas de esclavitud
La esclavitud "tradicional" se caracteriza por la "compra" y "venta" de personas como mercancías para que el "dueño" obtenga un beneficio por su explotación. En Sudán, país en el que está más extendida práctica, se calcula, según distintas fuentes, que hay entre 90 mil y 300 mil esclavos, actividad permitida pasivamente por su gobierno en un contexto de guerra, enfermedad y extrema pobreza. El precio de los esclavos varía de acuerdo con la oferta y la demanda, pero parece que el promedio es de 50 dólares por cada uno, que es lo pagado por la organización Christian Solidarity Internacional desde 1995 para liberar a 11 mil de ellos. Este fenómeno no es ajeno a México. En Juanacatlán, Guerrero, por ejemplo, donde hay niñas que "se casan" desde los diez años de edad, algunos padres de familia las "venden" a un precio de entre 10 y 15 mil pesos; en distintas comunidades del estado de Oaxaca ,las intercambian por ganado o cajas de licor, y en el centro de la capital del país, en el barrio de La Merced, hay proxenetas que "venden" muchachas que traen de esos estados y de Michoacán a un precio de entre 10 mil y 15 mil pesos para obligarlas a prostituirse. (Reforma, 3-5 de julio de 2003.) Las agencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y los especialistas en distintos campos de las ciencias sociales vienen hablando de nuevas formas de esclavitud para referirse a un conjunto de violaciones a los derechos humanos por las cuales personas de distintos grupos vulnerables —aunque no son formalmente "propiedad" de un "dueño"— son explotadas para obtener de ellas beneficios económicos, principalmente. De este modo, en conjunto, hay actualmente más personas en condiciones de esclavitud que en toda la historia: 250 millones. Las nuevas formas de esclavitud incluyen la explotación laboral y la sexual, el reclutamiento forzoso para conflictos armados y el cautiverio por endeudamiento. Los grupos en mayor proporción victimados son las mujeres, los infantes, los inmigrantes y los indígenas. No obstante lo válido que puede ser esta taxonomía, en realidad no existe una distinción neta entre las distintas formas de esclavitud, pues con frecuencia se entreveran y las mismas familias o grupos son víctimas de varios tipos de explotación, todas como causa de la extrema pobreza que sufren 1 300 millones de personas en el mundo. Por sí misma la pobreza no es la causa de la esclavitud, pues también tiene mucha relación con el analfabetismo, el desempleo, la desintegración familiar, la violencia doméstica y del entorno social, el crimen organizado, en muchos casos la codicia de los familiares y, en todos los casos, la incapacidad o corrupción de las autoridades para abatir la impunidad de una cadena de crímenes: la compra-venta y tráfico de personas, la prostitución y pornografía infantil, la explotación del trabajo infantil, la mutilación sexual de niñas, la utilización forzosa de infantes en conflictos armados, la privación de la libertad (cautiverio), la venta de órganos, la explotación de la prostitución y las prácticas de apartheid (discriminatorias).
Esclavitud laboral La explotación laboral es, sin duda, la forma de esclavitud más extendida en México. Ésta consiste en condiciones injustas para el trabajador: jornadas extenuantes, paga ínfima, falta de seguridad social y prestaciones, y, con frecuencia, condiciones de riesgo para la salud. En el sureste de Asia y también en nuestro país, las maquiladoras de la industria textil y del calzado emplean a mujeres. Entre los escombros de los edificios del centro de la ciudad de México que cayeron a causa del terremoto de 1985 se hizo de conocimiento de la opinión pública las condiciones infames de trabajo en el que se encontraban las trabajadoras costureras. Actualmente se calcula que hay 600 mil mujeres que laboran en la industria del vestido, en empresas que les pagan 42 pesos por día (salario mínimo) o de 30 centavos a un peso por pieza (a destajo). En peores condiciones están la inmensa mayoría de los niños que trabajan. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su informe Un futuro sin trabajo infantil, calcula que hay 180 millones de menores entre 5 y 17 años ocupados en la prostitución y el trabajo esclavizado y peligroso. Muchos de ellos no poseen certificado de nacimiento ni algún otro documento oficial y miles mueren cada año por accidentes de trabajo. Patrones sin escrúpulos prefieren contratarlos a ellos para pagarles menos que a personas mayores de edad, como en la India, donde hay 50 millones de adultos desempleados y 60 millones de niños que trabajan. Aunque la ley lo prohibe, en nuestro país la explotación del trabajo infantil es una realidad escandalosa, desde los niños que mendigan en la vía pública hasta los que se dedican a la pizca en Sinaloa y Baja California provenientes del sur del país. Los inmigrantes también son frecuentemente víctimas de esta explotación. Así como muchos mexicanos en Estados Unidos, en calidad de inmigrantes indocumentados, trabajan bajo la amenaza de ser repatriados, en las plantaciones del sureste se explota a jornaleros provenientes de Centroamérica. El trabajo doméstico es otra de las formas de explotación más comunes en México. Muchachas pobres, sin estudios, que inmigran del campo a la ciudad, muchas de ellas menores de edad, son empleadas sin contrato para servidumbre, no cuentan con seguridad social y son obligadas a trabajar jornadas extenuantes a cambio de sueldos misérrimos y hospedaje. Esta situación se presenta incluso en los domicilios de "luchadores sociales" que defienden los derechos de los indígenas que se mantienen en sus lugares de origen con sus trajes tradicionales.
Explotación sexual comercial A partir de los años setenta, cuando el turismo se hizo un fenómeno en el que participan amplios sectores sociales, la explotación sexual comercial de niños adquirió una nueva y gigantesca dimensión con el llamado turismo sexual, en el cual los adultos provenientes de países desarrollados viajan a países pobres —donde la autoridad permite o solapara estas prácticas, a diferencia de sus países de origen— para tener relaciones sexuales con niños. Las nuevas tecnologías de la informática y la infraestructura de Internet han abierto nuevas dimensiones a la pornografía infantil y a la creación de redes de pedófilos y hebéfilos. La otra cara de la misma moneda es el trafico de menores de los países pobres a los desarrollados para explotarlos ahí, comprados a sus familiares en sus países de origen y obligándolos cautivos luego de hacerlos adictos a drogas. Se trata de un "negocio" de ganancias multimillonarias para el crimen organizado: una mujer llevada desde Asia a Estados Unidos es "vendida" para prostituirla hasta en 20 mil dólares. La UNICEF calcula que aproximadamente un millón de niños son explotados sexualmente en el sur de Asia y varios cientos de miles más en América y África. En México, 16 mil menores son prostituidos. La antropóloga Elena Azaola coordinó una investigación sobre la explotación sexual comercial de niños en nuestro país que como parte de su metodología incluyó entrevistas a menores que se prostituyen. En ellas ni uno solo dijo que le gusta lo que hace. Todos expresaron sentir asco y vergüenza. Se comprobó que tienen una imagen desvalorada de sí mismos, anhelan otro tipo de vida y les gustaría tener oportunidades para poder estudiar y llegar a ser profesionistas. Sin embargo, observa la investigadora, "otros ya no se permiten soñar, perdieron la esperanza y creen que morirán en la calle o en la cárcel. Viven con una tristeza profunda que adormecen con drogas".
Soldados cautivos En el mundo hay aproximadamente 300 mil niños obligados a participar en conflictos bélicos por ejércitos, guerrillas y paramilitares en países como Argelia, Filipinas, Indonesia, India, Sierra Leona y Colombia. Éste último en el caso de nuestra región, donde hay 11 mil menores en esta situación. Los menores son raptados de sus comunidades o amenazados de muerte para que se integren como combatientes. Niñas y también niños son mantenidos como esclavos sexuales al servicio de la tropa. En Tanzania, Angola y Zimbawe, el sida se convirtió en pandemia a causa de esta práctica. Al parecer, este tipo de explotación no existe en México, pero hay informes de que en la proximidad del Campo Militar Número Uno y en los campamentos del Ejército en Chiapas hay prostíbulos en los que están cautivas menores de edad (Reforma, 5 de julio de 2002 y Azaola/Estés: 2003.)
Servidumbre por endeudamiento Un ejemplo de este tipo de explotación es el de los campesinos sin tierra, como en Brasil, donde contraen una deuda inicial con el patrón a cambio de hospedaje y manutención, la cual nunca acaban de pagar con el salario que reciben o que tienen que entregar una parte de su cosecha como pago por el alquiler de la tierra. Esta forma de esclavitud se encuentra presente en México, principalmente en los municipios fronterizos de Chiapas. En este caso la servidumbre por endeudameniento se encuentra asociada con la explotación sexual, las cuales padecen aproximadamente 600 menores en "zonas de tolerancia". Son inmigrantes centroamericanas que ingresaron ilegalmente a nuestro país, en muchas ocasiones "vendidas" por sus propios familiares a los dueños de bares, donde las obligan a prostituirse y las mantienen privadas de su libertad, endeudas por su alojamiento y manutención. Llama la atención que en estas comunidades tanto la prostitución de menores como el cautiverio de ellas es vista con aceptación por la comunidad, como parte del orden social, no obstante que es ilegal. (Azaola y Estes, 2003)
Esclavos outsourcing Una de las posibles características de las nuevas formas de esclavitud es que los explotadores se han vuelto invisibles, mejor dicho son intangibles o irreconocibles, gracias a la nueva infraestructura de tecnologías digitales que soportan a los procesos de globalización financiera y de los negocios. Por ejemplo, los propietarios (anónimos) de Nike son dueños de una firma (marca), pero no poseen ningún inmueble ni bienes de capital. Tampoco tienen contratados trabajadores de la manufactura. En realidad, esta empresa es un estudio de investigación y diseño con una estrategia de marketing y distribución que cuenta con una red de proveedores en el sudeste asiático a los que llama socios de producción. Éstos, a su vez, tiene contratados a cerca de 450 mil trabajadores a quienes les pagan entre 1.60 y 2.25 al día, entre ellos, niñas desde los 13 años de edad que trabajan más de 60 horas a la semana, muchas de las cuales reciben agresiones sexuales. Al menos así fue durante 1998, año en el que el líder de ventas de calzado y ropa deportiva obtuvo utilidades, tan sólo en Estados Unidos, de más de 4 mil millones de dólares. (Rifkin, 69-73).
___________________________________________ Fuentes: Azaola, E. y R. J. Estes (Coords.) (2003): La infancia como mercancía sexual. México, Canadá, Estados Unidos. México, Siglo XXI Editores y Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social. Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Formas contemporáneas de la esclavitud, Folleto informativo No. 14. Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (2001): Aprovecharse del abuso, Nueva York, UNICEF. ————, Guerras de adultos, niños soldados. Organización Internacional del Trabajo: Un futuro sin trabajo infantil, OIT. Rifkin, Jeremy (2000): La era del acceso. Barcelona, Paidós. |