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El corrido de un Estado fallido
La guerra del presidente Felipe Calderón "contra el narco” tiene un
frente cultural. ¿Quién va ganando en él? ¿Qué está haciendo el
gobierno federal —y los gobiernos de las entidades— para combatir en
ese frente? ¿Alguien sabe de cuánto es el presupuesto de Ciudad
Juárez para cultura? El gobierno federal reconoce este frente, pero
los recursos que destina a él son miserables en comparación con los
que de manera creciente asigna al Ejército, la Marina y las
policías.
“Nos preocupa que la música y subcultura del narco sea tan atractiva
a los ojos y oídos de los jóvenes”, dijo el procurador de General de
la República, Eduardo Medina Mora, cuando se conmemoró el Día
Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico
Ilícito de Drogas, el pasado 26 de junio, el pasado. Lo que parece
que no le preocupa a los gobiernos ni a los congresos es que el
Municipio de Juárez, Chihuahua, destine a Educación y Cultura tan
sólo 25 millones 800 mil pesos para una población de un millón y
medio de habitantes. Y eso, en caso de que no vaya a sufrir algún
recorte. De ese dinero, que es equivalente al 0.78 por ciento del
total de su presupuesto, menos de ocho centavos de cada peso, se
asigna a Difusión del Arte y la Cultura 2.4 millones, a “Valores
Cívico” (sic) 3.4 millones, a Gestión Educativa, Cultural y
Deportiva 4 millones y a Formación y Educación artística 3.8. El
resto se distribuye entre Educación y Administración Central. Por si
fuera poco, estos recursos se destinan en su gran mayoría a los
gastos relativos a pago de nómina. En contraste, la ciudad de
Medellín, Colombia, destina el 2.4 por ciento de su presupuesto a su
Secretaría de Cultura Ciudadana, que casi en su totalidad va para
obras y servicios y una muy pequeña parte a los gastos en
burocracia. Así, en esta ciudad han logrado ganar la batalla
cultural al crimen organizado. Ni siquiera es mucho dinero en
términos porcentuales, pero suficiente para hacer la diferencia
ejerciéndolo bien. ¿Y en México? En la política del país, se dice de
vez en cuando: los amigos se reconocen en la nómina. Y en otros
ámbitos: obras son amores y no buenas razones. Entonces, ¿qué
aprecio hay por la promoción y difusión de la cultura como política
de Estado y en qué se demuestra?
Ni siquiera en la capital del país, con enorme y creciente cantidad
de ingresos, se demuestra presupuestalmente un aprecio importante
por la cultura, donde la Asamblea Legislativa le asigna el 1.1 por
ciento del total de su gasto. La situación no es muy distinta al
Municipio Guadalajara, que destina el 1.7 por ciento de su
presupuesto a cultura, superior al del Gobierno del estado de
Jalisco, que apenas es de uno de cada cien pesos. En el Municipio de
Monterrey, los recursos para Cultura, junto con los asignados al
Museo Metropolitano y a “Recreación Popular” suman el 1.38 por
ciento, a imagen y semejanza de lo que gastó el Gobierno del Estado
de Nuevo León el año pasado en la Función Cultura, que apenas fue
equivalente al 1.18 por ciento del total.
No sabemos cuánto gastan los cárteles en cultura, pero por lo visto
los gobiernos federal y de los estados no consideran fortalecer
presupuestalmente sus programas e instituciones en este rubro. Si
las guerras se ganan con dinero y con inteligencia, ¿qué estrategia
y objetivos están emplazados en el frente cultural? ¿Qué
inteligencia está conduciendo la batalla cultural contra el
narcotráfico? Si tomamos en serio el diagnóstico del presidente
Felipe Calderón de la increencia en dios como causa de la
drogadicción, causa a su vez de la muerte de Michael Jackson, no
debe sorprendernos que el procurador haya afirmado, en la ocasión
referida, que la “tranquilidad duradera para México”, “sólo será
posible creando barreras morales y culturales, a los antivalores que
reprodujeron y multiplicaron a los delincuentes”.
Esta creación de barreras se está concretando en una política
reactiva, centrada en la prohibición, la represión y la
descalificación de símbolos y expresiones. La Secretaría de
Gobernación ha multado a 71 estaciones de radio por transmitir “narcocorridos”,
a pesar de que está prohibido, (Milenio, 3 de enero). Sin
embargo, no se atreve a aplicar la ley a los diarios que exhiben el
estilo suntuoso de vida de los jefes de los cárteles, sus
actividades delictivas y, en muchos casos, hechos sangrientos de
manera explícita y sin el menor respeto a la dignidad de las
personas asesinadas. El ánimo de “creación de barreras” data de hace
años y cunde entre gobiernos locales y legisladores hasta el punto
de propuestas para castigar hasta con diez años de cárcel a
compositores, intérpretes o difusores de “narcocorridos o materia
similar”, por publicitar el crimen. En la misma línea de “creación
de barreras” parece hallarse la destrucción de altares dedicados a
la Santa Muerte en el norte del país, en Nuevo Laredo y Reynosa, sin
considerar el efecto negativo que pudiera causar entre los propios
policías o militares que creen en ella.
Es fácil destruir altares y prohibir corridos. Lo difícil es
combatir a los símbolos de la narcocultura con educación.
Para este año los diputados autorizaron 2 mil 62 millones de pesos
para creación de plazas en Defensa, Marina, Procuración de Justicia
y Seguridad Pública. En tanto, para educación, aprobaron una
cantidad de menos de la mitad, 928 millones. El presidente Calderón
está cumpliendo así con su promesa de campaña en cuanto a empleo:
hay plazas para policías y militares. Los incentivos para los
jóvenes son estos: un maestro puede ganar alrededor de 8 mil pesos
mensuales y un recluta policiaco 18 mil. Por su parte, los narcos
ofrecen pistola, camioneta, dinero en efectivo y, lo más importante,
una oportunidad de pertenencia a un grupo poderoso. Al parecer, una
incentivo mejor al de un certificado de bachillerato.
Obras son amores. Véanse las prioridades. En 2006 el gasto público
federal en Defensa, Marina y Seguridad Pública fue de 56 mil 698
millones y para 2009 se aprobaron 92 mil 599 millones. Tan solo en
Seguridad Pública pasó en ese periodo de 8 mil 676 millones a 32 mil
916 millones, casi el cuádruple. En cambio el gasto total asignado
por el gobierno federal para Cultura este año es de 13 mil 222
millones, incluido el que se destina a todas sus instituciones y
programas relativos, y en 2006 fue de 8 mil 911 millones.
¿Quién va ganando esta guerra? Según la experiencia de Colombia, en
particular de Medellín, parece que no es el gobierno.
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