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El
deporte del superhombre
—Una
aproximación al darwinismo social y algunas de sus
tendencias culturales—
"La ‘crueldad’ era el regocijo
preferido de la humanidad primitiva y entraba como
ingrediente en casi todos los placeres [...] como un
atributo normal del hombre, por consiguiente, como
algo a lo que la conciencia puede atrevidamente
responder <sí> [...] Ver sufrir gusta , hacer sufrir
gusta todavía más; es esta una verdad, una antigua y
poderosa verdad capital, humana, demasiado humana,
que los monos suscribían ya ciertamente: se nota, en
efecto, que, por la invención de extrañas
crueldades, anuncian ya plenamente al hombre,
‘preludian’, por así decirlo, su venida".
Friederich Nietzsche,
Genealogía de la moral (1887), párrafo 6.
I. TEMA
El
fútbol americano es expresión cultural de la
ideología que sustenta la hegemonía globalizante
estadounidense: el darwinismo social, que al
representar públicamente sus actos ejecutivos, éstos
se convierten en actos expresivos que reproducen una
concepción de las relaciones intergrupales que
influye en el sistema social para hacerlo más afín a
los intereses del capitalismo postindustrial.
II.
TRATAMIENTO
El
presente ensayo es de escaso o nulo valor en
términos prácticos, pero a cambio de ello pretende
contribuir con una reflexión teórica respecto a la
cultura que impera en las organizaciones,
argumentando que se trata de una manifestación
concreta del expansionismo norteamericano
globalizante y la ideología darwiniana que subyace
en ella. El problema para fundamentar esta
afirmación radica en que una ideología es
inasequible en tanto permanece en la abstracción,
pero pretendo resolverlo considerando que sí se
puede acceder a ella en la medida en que se
manifiesta en acciones concretas y se materializa en
objetos, símbolos y ritos.
El eje
de la argumentación se basa en el supuesto de que el
fútbol americano es una manifestación cultural
concreta del darwinismo social, lo cual puede
constatarse estudiando la semántica de las
expresiones propias de este deporte, particularmente
del conjunto de su lenguaje no verbal, repleto éste
de símbolos y ritos que hacen referencia etológica a
la supremacía del más fuerte. Reviso así, primero,
que la esencia de este juego es la apropiación
territorial por medio de la fuerza, como la
representación ritual de la narración épica de la
pulsión de vida y muerte, y de la lucha del bien
contra el mal; luego paso a la revisión de cómo se
construye la imagen que pone en escena dicho relato
mitológico; y, por último, una descripción del
lenguaje no verbal que expresa el darwinismo como
concepción de la dinámica social. Analizo así los
actos ejecutivos que al estar enmarcados por una
codificación propia de la cultura de este deporte,
adquieren, como actos expresivos, una significación
que pasa al terreno de lo público al ser
representada ritualmente esta narración en un
escenario multitudinario, como el estadio, y
transmitido en medios masivos de comunicación, como
son televisión, radio, cine, revistas, diarios e
Internet, a través de los cuales se influye en la
percepción de la realidad.
III.
CONCLUSIONES
-
El
darwinismo social es la sustentación ideológica
de la hegemonía norteamericana globalizante,
triunfadora al finalizar la Guerra Fría, que se
manifiesta en las teorías y praxis económicas y
administrativas del corporativismo, y es
reconocible en prácticas (actos ejecutivos),
símbolos y ritos (actos expresivos) culturales.
Vemos así que durante la presente década la
cultura organizacional ha venido adquiriendo un
conjunto de valores tales como: excelencia,
liderazgo, calidad, eficacia, etc., que aunque
originalmente propios de las actividades
productivas y su reingeniería, van ocupando cada
vez mayores espacios en el sistema social.
-
El
fútbol americano es una de las prácticas y
expresiones del darwinismo social que más
claramente dan cuenta de una concepción
conflictiva de las relaciones (de poder) entre
los grupos humanos, manifiesta en la competencia
continua que se resuelve en la imposición por la
fuerza de la voluntad de uno sobre otro.
-
Los
actos ejecutivos que los equipos de fútbol
americano realizan para la consecución de su fin
—ganar—, se vuelven también actos expresivos al
ser realizados en un escenario público, como es
el estadio y, en algunos casos, al ser también
transmitidos por televisión, pasan al campo de
la comunicación de masas. Como acto
comunicativo, el fútbol americano produce y
reproduce, semiotizada en todo su lenguaje no
verbal, la ideología del darwinismo social,
difundiendo así el discurso hegemónico de la
clase dominante, influyendo así en el sistema
social para hacerlo más afín a sus intereses.
-
El
mensaje que se emite, enseña el mito de que el
ganador es más apto y más fuerte que el
perdedor, se convierte incluso en su depredador,
por lo que el primero merece sobrevivir o
dominar y el segundo extinguirse o servir. De
allí es casi inevitable leer en el
enfrentamiento entre equipos representativos una
competencia entre las instituciones
representadas, y la victoria de uno como la
superioridad de una sobre otra.
-
No
parece casualidad, entonces, que en México,
instituciones de educación superior como el
Tecnológico de Monterrey y la Universidad de las
Américas, que forman a los cuadros de los
corporativos y a las nuevas generaciones
empresariales, bajo la premisa del liderazgo y
planes educativos afines y compatibles a los de
Estados Unidos, hayan apoyado de manera muy
importante a sus equipos representativos de
fútbol americano, a grado tal que han desplazado
a los representativos de instituciones de
educación pública gratuita de la hegemonía, para
disputar entre sí los campeonatos de las últimas
10 temporadas.
-
Esta
situación me parece significativa de que el
librecambismo, amparado por tratados
internacionales, viene acompañado de una
penetración cultural tendente a implantar, o al
menos a tropicalizar, la ideología (y
moral) del corporativismo a las élites
empresariales mexicanas en el intrincado de
adaptarse a los nuevos tiempos de la hegemonía
estadounidense globalizante y la tecnocracia
garante de la sociedad del conocimiento.
Este cambio cultural cualitativo incluye la
adopción del american way of thinking del
darwinismo social producida y reproducida en los
campus en México a imagen y semejanza de
los colleges, pretendiendo semantizar en
su superioridad deportiva una superioridad
institucional e individual en cualquier otro
rubro, y reproduciendo en sus comunidades la
identidad de liderazgo, en la medida en que las
imágenes del "juego de la vida" vienen
confirmándolo.
IV.
DESARROLLO
Introducción
José
Luis Orozco, especialista en temas sobre
globalización y política exterior de Estados Unidos,
afirma que el darwinismo social es la concepción del
mundo y "punto de sustentación de toda una cultura
política y económica", mismo que "presenta las
claves iniciales para acercarnos a una teoría
integral de las superestructuras del poder
norteamericano. A través de él va operándose por una
parte la naturalización y socialización de la
dogmática empresarial capitalista lo mismo en la
ciencia que en la filosofía, el sentido común, la
religión y el folklore".
Efecto
visible de esta hegemonía, considero, es la
penetración cultural manifiesta en nuestro país en
la adopción de valores como: excelencia, liderazgo,
competitividad y calidad, por citar los más
mencionados, los cuales son propios de la
reingeniería y modernización de las
actividades productivas, y anuncio de lo que habrá
por venir bajo la inexorable globalización. Se trata
de un cambio cualitativo en las culturas
organizacionales que se extiende a lo largo y ancho
del sistema social en que vivimos.
En las
siguientes líneas se argumenta que el fútbol
americano es una expresión cultural del darwinismo
social, particularmente significativa en la
comunicación pública para la producción y
reproducción de lo que llamaremos como american
way of thinking. No es casual, a mi juicio, que
el discurso de excelencia académica y de formación
de líderes del Instituto de Tecnológico de Estudios
Superiores de Monterrey (ITESM) —conforme a los
criterios de preparación de cuadros empresariales
vigentes— vaya acompañado con un crecimiento
vertiginoso en sus conjuntos deportivos
representativos y su consolidación como la máxima
potencia en el fútbol americano en lo que va de la
década a nivel nacional, a modo de símbolo de
superioridad en cualquier otro campo. Tampoco
entonces es casual que la Universidad de las
Américas (UDLA) —vinculada también al sistema
universitario estadounidense (anteriormente
Mexico City College)—, haya obtenido
campeonatos, enfrentando en la final precisamente al
"Tec". Mientras tanto, los equipos de la UNAM y el
Politécnico están ocupando números cada vez más
bajos en la tabla de posiciones.
La
lucha por el territorio
En sus
investigaciones sobre el comportamiento primitivo e
instintivo que persiste en el hombre, Konrad Lorenz
menciona la tendencia inconsciente que le impulsa a
proteger "su territorio", que puede ser desde la
caverna, hasta un cuadro de césped. El fútbol
americano consiste precisamente en la lucha entre
dos equipos para apropiarse por la fuerza del
territorio del otro, de modo que gana quien más
veces logra cruzar con el balón en su poder la meta
final defendida por el contrario.
Esta
relación entre grupos y apropiación de territorio
podemos denominarla como territorialidad y definirla
como: "la conducta cuya característica es un tipo de
identificación con un área determinada que indica la
propiedad y la defensa de ese territorio ante
quienes pueden invadirlo". La territorialidad, por
tanto, permite muchas veces la propia supervivencia
del individuo o del grupo, pretende garantizar
alimentación, vivienda, seguridad, reproducción o
dominación sobre otros. Al respecto, la etología
considera que hay distintas conductas territoriales
que ayudan a regular la interacción social, pero que
también pueden ser fuente de conflicto, de modo que,
"lo mismo que en los animales, el más fuerte y
dominante de los seres humanos parece tener el
control de más territorio en la medida en que la
estructura grupal o social sea estable". Puedo
decir, entonces, que el fútbol americano semiotiza
la necesidad que el hombre tiene de un territorio y
representa el conflicto por su apropiación bajo un
conjunto de reglas convenidas en un escenario
repleto de símbolos y ritos.
La
territorialidad entra dentro del campo de estudio de
la proxémica, pues entre las varias distancias
interpersonales humanas que hay, una es aquella en
la que se pasa de una distancia personal (globo)
—entendida ésta como espacio entre los individuos— a
lo que podemos llamar como distancia de apropiación.
Esto nos lleva a que la territorialidad es también
una forma de comunicación no verbal que informa que
hay zonas reivindicadas y defendidas por un
individuo o grupo.
Si es ya
una agresión ocupar el territorio de otro, más lo es
cuando se trata de un acto deliberado y mediante la
fuerza del contacto físico. Un dato interesante es
que los individuos o grupos violentos se sienten más
amenazados e invadidos más rápidamente que los que
no lo son, por lo que su exigencia de territorio
protegido es del doble. Es así que en el fútbol
americano, que supone la disputa territorial entre
dos grupos por medio de la violencia física, la
agresividad es superlativa por su propia naturaleza.
Narración épica del mito de la violencia
Hay
impulsos en el hombre (como unidad bio-psico-social)
que lo llevan a la agresión. Ante ello, el fútbol
americano se convierte en un vehículo perfecto para
la catarsis; véase si no, el siguiente párrafo de
Lorenz:
"No hay duda de que la fácil
irritabilidad del ser humano se debe a
su sensible tendencia a la agresión [...]
Todo mundo se alegra, en cierto modo, de
encontrar un objeto sustitutivo [sic]
‘legal’ para dar rienda suelta a sus deseos
de agresión [...] Un papel muy similar —como
‘reacción de sustitución o desplazamiento’—
desempeña la forma de comportamiento social
más compleja de la defensa social [...] toda
la reacción va dirigida, por sistema, contra
algún ‘enemigo’; y que hoy, cuando ya
no existen los osos de las cavernas ni los
tigres de colmillos de sable que constituían
en tiempos remotos, una amenaza para el
género humano, el ‘enemigo’ es una comunidad
de congéneres nuestros que —con el mismo
entusiasmo que nosotros— se siente asimismo
obligada a la defensa de su
sociedad".
Esta
condición humana es magnificada en el fútbol
americano, al concebirse a sí mismo como una
analogía de la sociedad. "El juego de la vida" es
como algunos de sus practicantes y más cercanos
seguidores llaman a este deporte, con lo cual
quieren significar que la relación que se da entre
los distintos grupos que conforman la sociedad es de
lucha, al igual que la relación de cada individuo
con su entorno, manifestada en la metáfora de que
"la vida da golpes más duros". Con esta concepción
de la realidad social se reproduce un discurso
—repleto de frases de desprecio por el débil, el
culto por la violencia y al afán por la victoria—
según el cual la práctica de este deporte es un
entrenamiento para la vida, de modo que quién
triunfa en él —se dice— habrá de triunfar en todo lo
que haga, pues está mentalizado para ser un ganador
y vencer a la competencia, su voluntad está formada
para dominar y su carácter templado para resistir
cualquier sufrimiento.
El
estadio es el lugar donde se representa ritualmente
la disputa terrirorial. Conviene precisar que, como
acto comunicativo, el rito es una práctica prescrita
que garantiza el desarrollo de una actividad según
un patrón o secuencia establecida previamente para
dar forma (informar) a la relación comunicativa
entre los actores, de modo que se pueden anticipar
las partes y momentos del encuentro. Podemos,
entonces, afirmar que el fútbol americano es un rito
basado en supuestos como los siguientes: equipos,
hora y lugar previamente determinados para la
realización del juego; un conjunto de ceremonias:
presentaciones, saludos y sorteos; un lugar
(territorio) que será ocupado por cada equipo y su
público; un reglamento que establece los períodos de
duración del juego, el número de jugadores dentro
del campo (de batalla), las reglas y las sanciones
por infracción, así como un código de señales de
marcación arbitral; está también codificado que cada
conjunto representa una personificación y que va a
combatir para ganar, para lo cual está dispuesto a
lastimar al contrario. Esta ritualidad no tiene
porque extrañarnos, ya que la agresión entre los
hombres es una especie de construcción teórica, que
se expresa tanto en comportamiento verbal como en la
codificación de símbolos gestos y acciones, de modo
que es dudoso que exista una lucha completamente
desritualizada.
Pero lo
más importante del rito del fútbol americano es la
puesta en escena de una narración épica. Es por ello
que está repleto de símbolos y prácticas que recrean
las pulsiones de vida y de muerte, y de lucha del
bien contra el mal, según la moral de los señores
nietzscheana que identifica el bien con la voluntad
del poder y el mal con la debilidad y la piedad. En
este deporte los errores se perdonan, pero la
compasión y la cobardía jamás, de modo que las
lecturas de la puesta en escena son las siguientes:
"si yo me apropio del territorio disputado, tú eres
inferior a mi", "si eres más débil, te humillo", "
si soy más fuerte que tú, tengo el deber no solo de
vencerte, sino también de lastimarte". Esto se
expresa en el medio con la siguiente frase: "al
equipo fuerte se le gana; al pequeño, se le aplasta"
y siempre que se puede, se refleja en el marcador
final de un partido. De ahí que de vez en cuando se
presenten marcadores de 60, 70, 80 o hasta más
puntos en favor de un equipo, también implica que
haya equipos que sufran varias bajas durante un
partido por jugadores lastimados y que en algunas
ligas infantiles los árbitros llegan a decretar la
derrota de un equipo cuando lo están golpeando
demasiado o cuando el marcado llega a una diferencia
de más de 30 o 35 puntos a favor de uno ("parar el
juego por golpeo", "parar el juego por puntos").
La
verosimilitud de esta narración mítica y sus
supuestas implicaciones en la vida cotidiana
—independientemente de su validez axiológica— es muy
discutible, pero lo destacable para que sus
seguidores y practicantes la consideren cierta es
que no se limita a la comunicación oral, sino que va
formando la conciencia en la práctica misma,
redundando así el mensaje. Es por eso que su fuerza
como elemento cohesionador de grupos no se basa en
la pulcritud del razonamiento lógico sino en la
fuerza del mito, es decir, como un sistema de
imágenes de batallas que aseguran el triunfo de una
causa y funciona como fuerza motivadora para la
transformación de la realidad; como tal, el mito no
puede ser refutado, porque se identifica con las
convicciones de un grupo y se hace social al ponerse
en práctica ritualmente en un escenario público.
La
imagen de la violencia
Un
equipo se construye desde su imagen. Esto se hace
patente desde los nombres de los equipos, que se
refieren generalmente a animales salvajes, agresivos
o muy fuertes, casi siempre carnívoros; o a tribus
guerreras. Con esto se busca dos objetivos: 1, la
identidad del equipo en torno a una imagen agresiva;
y 2, la intimidación del rival. Por ser un deporte
de contacto todos buscan jugadores fuertes y altos.
Flora Davis menciona que "algunas personas se
sienten más seguras y dominantes cuando tienen mayor
tamaño", a lo que agrego que con sólo ver el tamaño
de un conjunto puede considerarse si es un rival
temible o no, pues, por lo general, un equipo grande
siempre intimida al menor y es frecuente que el más
grande en sus líneas obtenga el campeonato.
En la
construcción de la imagen es también importante la
disciplina, la cual se pude ver en múltiples
detalles, desde la puntualidad, la organización en
el calentamiento, el comportamiento de la banca, la
presentación de los uniformes, la buena posición de
los jugadores y ritmo en su ejecución. Se dice que
un mal equipo ni siquiera sabe "pararse en un campo
de juego" y hay equipos que con verlos se dice que
tienen clase de campeones.
Entran
en juego la vestimenta y los artefactos (objetos,
cosméticos, maquillaje, etc.), que son signos
concéntricos que expresa los intereses y
diferenciación entre individuos o grupos, que
cumplen funciones como decoración, protección,
atracción, autoafirmación, ocultamiento,
identificación y exhibición de estatus o rol, e
influye, por tanto, en las repuestas
interpersonales, de modo que es parte del sistema
total de comunicación no verbal. Esto se manifiesta
en imágenes que expresan la identidad del equipo:
uniformes, calcomanías en los cascos, banderines en
la tribuna, mamparas en el campo de juego, etc.
Tenemos también los colores como expresiones de
identidad y materia de culto. Cada jugador está
obligado moralmente a amar a sus colores, honrarlos
y defenderlos, pues son lo más importante de la
imagen del equipo, por lo que cumplen un papel
fundamental en la integración del mismo. Un
comentario al respecto, los colores oscuros
impresionan más al oponente que los claros; no en
balde una de las ventajas de ser local es que se
viste uniforme "de color", en tanto que el visitante
se pone ropa de color claro, casi siempre blanco. El
precio de ser visitante es, entonces, como
despojarse de una parte de la personalidad propia
del equipo o jugar con un color "débil".
Hay
algunos jugadores que gustan llamar la atención
exagerando en el número de accesorios personales que
utilizan, tales como toallas, muñequeras, guantes y
maquillaje. El maquillaje en el rostro tipo
camuflaje o sombras oscuras lo utilizan para
intimidar al rival y como una forma de
automotivación, como las tribus que se pintan para
la guerra o la caza. Es una forma de comunicar a los
contrarios que están frente a un individuo con
cualidades magníficas, como fuerza, habilidad,
velocidad o experiencia. Esto tiene semejanza con la
señalización de especies animales para alejar a sus
enemigos. Por citar un ejemplo, Konrad Lorenz y otro
etólogo, Nikolaas Timberger, coinciden en que se
puede deducir una forma especial de conducta
agresiva de la forma y colorido de las agallas de
ciertos peces.
Las
barras del casco que cubren el rostro no son sólo un
medio de defensa, sino que se convierten también en
una máscara guerrera, que indica la posición que se
juega y da un aspecto de agresividad, como la de
guerreros enmascarados que se despojan de su
personalidad para adquirir otra al momento de cubrir
su rostro, para ser entonces un animal salvaje o la
personificación de una deidad.
En
algunos equipos se premia a quienes han hecho
jugadas importantes con calcomanías que van en la
parte posterior del casco (incluso se llegan a dar
por jugadores enemigos lastimados) de modo que todos
puedan ver que se trata de un jugador muy capaz de
hacer daño al contrario. Es como en las tribus que
utilizan penachos con mayor número de plumas
dependiendo de su jerarquía o de los grados y
medallas militares obtenidos por méritos en el campo
de batalla.
Otro
círculo concéntrico es el de las personas que rodean
al equipo; se trata de una dimensión social de la
expresión. En este caso, podemos hablar desde los
que están en la banca hasta los entrenadores y,
sobre todo, el público en las tribunas, encabezado
frecuentemente por un conjunto de porristas que
deben tener cualidades femeninas altamente
apreciadas: juventud, belleza, simpatía y destreza.
Hay aquí un conjunto de elementos de lenguaje no
verbal destinados a apoyar a los que están dentro
del campo, desanimar al contrario y presionar al
arbitro para que marque a su favor. Los fans
visten los mismos colores del equipo que apoyan para
demostrar que comparten la misma identidad y buscan
el mismo fin: ganar. El abucheo y el insulto para el
contrario y el aplauso y el ensalzamiento para el
propio van acompañados, muchas veces, de tambores,
sonajas y trompetas que lo invitan a ser más fuerte,
más rápido y más agresivo que el contrario.
Expresiones no verbales de agresión y unidad
El modo
de llevar y mover el cuerpo y el rostro son
atributos que la cinesis o kinesis
explica como respuestas a otros y expresan el sello
de una cultura particular, de tal modo que en un
deporte intrínsecamente violento los códigos
establecidos en su cultura hacen referencia
permanentemente a la agresión al contrario y a la
unidad hacia el propio grupo.
La
posición es muy importante, el tronco siempre va
inclinado hacia adelante para poder realizar un
contacto físico contra uno o varios rivales, la cara
levantada, base de los pies abierta y las piernas y
brazos flexionados. Esto coincide con una
observación que hace Lorenz de movimientos similares
en los monos que al dar la impresión de un
considerable aumento en su contorno infunden
respeto. Este aumento de tamaño se logra también
gracias al equipo protector utilizado, como son
hombreras, casco y cuellera. Por otro lado, la
tensión de un jugador puede verse cuando abre y
cierra las manos constantemente, y su predisposición
al contacto físico violento cuando aprieta con
fuerza los puños.
La
guturalidad es más frecuente que la palabra oral en
el campo de juego. El golpeo se acompaña por una
serie de gruñidos, pujidos y gritos que sirven para
que el cuerpo "se apriete" al momento del contacto y
para lograr mayor fuerza. Es casi imposible que haya
un tackleo fuerte sin una de estas manifestaciones
similares a las de los artemarcialistas. Pero estas
expresiones cumplen también la función de hacer más
notoria la agresividad sobre el contrario. Esto
tiene gran importancia para la transmisión de
partidos por televisión pues sin el sonido del
contacto se pierde emoción y atractivo para el
televidente, por lo que se colocan micrófonos
especiales para captar el sonido del golpeo.
Un buen
espectador, que conoce tanto las reglas como los
códigos del deporte, aprecia un juego observando
tanto lo que ocurre tanto durante el desarrollo de
una jugada como lo que se realiza antes y después de
ella. Por ejemplo, puede ver que la defensiva hace
constantemente señales con manoteos, indicando el
diagnóstico que ha hecho de la ofensiva para
anticipar su siguiente jugada, o que hay ejercicios
de coordinación de palmadas en las "tablas" y
aplausos, a modo de tambores tribales, que indican
al rival su coordinación, su concentración y que
están listos para detener al equipo ofensivo. Todos
los movimientos que se realizan antes de que inicia
una jugada son significativos: la formación
(alineación y colocación de los jugadores), los
cambios de jugadores, el ritmo y velocidad para
mandar las señales e iniciar las jugadas, y los
movimientos para obligar al contrario a cambiar o
ajustar su formación.
La
mirada, sobre todo a la defensiva, es importante no
sólo para impedir el ataque del contrario, sino
también para intimidarlo. Desde antes que el
ofensivo ocupe la posición en que iniciará la
jugada, el defensivo ya tiene su mirada fija en él.
Al iniciar la jugada el defensivo deberá alternar su
mirada entre el rival y el balón para diagnosticar
el desarrollo de la jugada, pero muchas veces
después del silbatazo que indica el final de una
jugada el defensivo vuelve nuevamente su mirada
sobre el ofensivo, especialmente a los ojos. Si el
ofensivo no tiene la concentración necesaria es
fácil que cometa errores provocados por este
comportamiento del defensivo. Al respecto, es muy
interesante lo que dice Flora Davis:
"Nadie sabe lo que ocurre con las ondas
cerebrales de un hombre cuando lo miran
fijo, pero un estudio reciente tiende a
mostrar un ritmo cardiaco más alto que otras
que no [...] La potencia amenazadora de la
mirada fija ha sido reconocida a través de
toda la historia de la humanidad".
Hay
prácticas de motivación que buscan aumentar la
integración del equipo, su coordinación y
agresividad. Por ejemplo, aquellos ejercicios en que
se coloca un jugador viendo de frente al grupo y
hace movimientos de sus extremidades acompañados de
gritos que deben ser imitados a manera de espejo por
todo el conjunto. Otro ejemplo es durante el hall
(reunión en la que se indica en secreto la jugada),
cuando algunos equipo se toman de las manos como
señal de unidad. Esto se llega a ver también cuando
hay una jugada decisiva para el triunfo o la derrota
casi siempre en los últimos segundos, todos los que
están en la banca se toman de las manos, tanto para
calmar la tensión, como en señal de apoyo a los que
están dentro del campo.
Actos
ejecutivos y actos expresivos.
Dado que
se realizan acciones ejecutivas y no comunicativas
por el camino de la coactuación mediante la
aplicación de mayor energía en el sistema, la
comunicación está incluida en un proceso de
comportamiento en el cual, generalmente, existen
tanto actos ejecutivos como actos expresivos (de
modo que existe una interrelación entre comunicación
y coactuación), los actores (jugadores) de fútbol
americano requieren necesariamente de actos
ejecutivos para el cumplimiento de sus fines
(bloquear, contrabloquear, tacklear, acarrear el
balón, etc.), pero al representar ritualmente la
lucha por la apropiación territorial, éstos actos
adquieren también una significación al emplear su
cuerpo como sustancia expresiva, al entrar en
contacto con otros cuerpos, sean los de sus
compañeros de equipo o de los contrarios, y mediante
su lenguaje no verbal, su uniforme y sus insignias.
Estos
actos expresivos no se limitan al intercambio
informativo entre los contendientes en el terreno de
juego, pues trascienden al ámbito de la comunicación
pública al llevarse a cabo en un escenario en el que
participa una concurrencia que puede llegar a varios
miles, dependiendo el estadio donde se realice, y
también gracias a la transmisión por televisión. Es
obvio que el comportamiento de los actores no afecta
materialmente al público en las tribunas o frente a
la televisión, pero sí los afecta a nivel de
representaciones simbólicas, pues al designar la
apropiación territorial de un equipo mediante
"primeros y dieces" y anotaciones que se convierten
en puntos en un marcador, los actos expresivos
(representativos de la narración de la épica
nietzscheana) que son decodificados por los
receptores como una lectura metafórica de la
realidad. Es así que, en tanto conjunto de actos
expresivos de carácter público, el fútbol americano
es un relato que propone una interpretación de la
sociedad según la moral de los señores
referida, cumpliendo así una función de
enculturización, pues en la medida en que se
reproduce el comportamiento de dichos actores, a la
larga, tiene consecuencias en el orden social
establecido.
Puede
afirmarse así que, contribuyendo a mantener el poder
de las clases dominantes, a la vez que reformando el
sistema social conforme a las exigencias de la
globalización, el darwinismo social se convierte así
en una representación ideológica de la realidad que
en expresiones culturales, como el fútbol americano,
produce y reproduce en la comunicación pública un
modelo del mundo que se presenta como el único
funcionamiento social legítimo, razonable o viable.
Esto puede sustentarse a partir de la Teoría de la
Mediación, según la cual el control social es
ejercido por instituciones (incluyendo familia,
escuela y medios de comunicación) que administran la
producción y oferta de información, de modo que
influyen sobre la interpretación que hacen las
personas de la realidad a partir de todas las
acciones que inciden en su enculturización,
incluyendo las manifestaciones rituales y
recreativas; influyen porque les esclarece cuáles
son las concepciones de la realidad que el Relator
distingue, entre todas las representaciones
alternativas posibles e incluye la presuposición de
la legitimidad ante ellos.
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