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Porno y grafía
La diferencia entre el deseo y la experiencia, entre lo que se es y
gustaría ser, entre lo que se tiene y gustaría tener, se afronta o
sobrelleva con una mezcla, en distintas proporciones para cada caso,
de frustración, resignación y fantasía, que va cambiando conforme a
la edad o la maduración de cada quien. Distintos agentes intervienen
en este proceso tanto en lo individual como en lo colectivo, sean
genéticos, culturales, legales, etcétera. La civilización entera ha
sido hecha para tratar de llenar el abismo entre la experiencia y el
deseo.
Los noticieros, por ejemplo, recrean la frustración con la
exhibición reiterada de hechos infames, como si la cotidianidad no
aportara la constatación de muchos, demasiados; las religiones
alientan la resignación con narraciones sobre la esperanza y la
redención a cambio de aceptar el sufrimiento como fatalidad querida
por dios o merecida por la maldad humana; y las industrias del
entretenimiento, en cambio, producen bienes de consumo que ayudan a
fantasear con la experiencia de la realidad deseada. Muchos juegos y
juguetes tienen que ver con la fantasía de ser alguien mejor o el
mejor de todos en algo. O de poder hacer cosas que no puede uno
hacer, no se atreve o está prohibido hacer.
Una rama de las industrias del entretenimiento se ha especializado
en la producción para la fantasía en temas y situaciones sexuales o,
mejor dicho, coitales, a las que se ha convenido en denominar
para adultos, a partir de considerar las convenciones y leyes
por las cuales no es conveniente y es delictivo que los menores de
edad consuman estos productos o participen en su producción y
distribución. A ésta, más por convención que por razón, se le ha
llamado pornografía.
Antes que cine, lo porno fue grafía; y le sobrevive vigorosamente,
tanto es sus versiones en foto como en dibujo. En el mercado
doméstico o nacional de México hay una amplia variedad de productos
de gráfica porno en secuencia de historieta y formato de bolsillo
puesta a disposición de compradores en prácticamente todos los
puestos de periódico, (si bien también sus lectores los comparten en
formatos digitales por medio de internet de manera análoga a la
música en mp3). Se encuentran envueltos en plástico sellado y sus
portadas advierten redundantemente: “Sólo adultos. Para mayores de
18 años. Su venta a menores es un delito. Su contenido puede ser
ofensivo para algunas personas”, con títulos como Las
chambeadoras, Delmonico´s erotika, Mercados y
marchantas, Sangre caliente, Historietas perversas,
Pistolero, Tropicaliente y Colegialas ardientes,
entre otros (véase: http://historietasperversas.blogspot.com).
¿Qué características tienen estas historietas? ¿Qué fantasías operan
en sus lectores o grafipornovidentes? Su bajo precio y amplia
distribución permiten aproximarlas a un público meta de bajo poder
adquisitivo y que acostumbra comprar en la vía pública, como la
mayoría de la población mexicana. Como producto cultural masivo con
una trama predecible, puede resultar atractivo a un público poco
exigente en cuanto a ejercicios intelectuales; por sus historias
sobre el ejercicio de una sexualidad heterosexual masculina parecen
dirigidas a lectores varones que buscan entretenimiento en el
fantaseo de actividades coitales.
Cabe destacar que el formato de estas publicaciones ofrece ventajas
a sus consumidores además de la de bajo precio: es pequeño y
flexible, lo que permite leerlas y hojearlas con discreción en
medios públicos, guardarlas y transportarlas sin llamar la atención,
a diferencia de la gran mayoría de revistas de fotografías. Por sí
misma, esta es una actividad que puede resultar placentera: la
adquisición de lo prohibido a otros y de disfrutarlo delante de
ellos, de entretenerse con lo que puede ofender a otros. Una
analogía de la travesura infantil.
Lo que entretiene placenteramente de la fantasía no es la evasión de
la realidad sino la participación imaginaria en la simulación de una
realidad deseada. La gráfica porno o porno gráfica opera así como la
utopía, como instancia crítica de la realidad, de la sexual-coital
en este caso. Tanto mejor cuanto más se diferencie el ideal de la
realidad del grafipornovidente.
Sólo el dibujo puede ser más perfecto que la fotografía y el
cine, por su capacidad de exageración a bajo costo. Atinadamente, la
grafía porno de estas publicaciones explota la fantasía de la
participación de la perfección en tres vertientes: la del máximo
placer coital, la del placer de la transgresión socioeconómica y la
del placer de la confirmación de los valores propios. En conjunto
dan cuerpo a un ideal de perfección. Es la idea misma de dios: lo
absoluto es lo perfecto, su contemplación es la experiencia extática
de gozo que tiene como recompensa la gloria eterna. Un
estado-espacio sin tiempo en el que sólo hay placer, no hay
diferencias de clase ni necesidades económicas y en el que ya no hay
juicio moral.
Fantasear el placer de otros como propio, es también un pequeño
placer. La fantasía del placer coital absoluto implica la perfección
de la pareja sexual, no sólo la de su cuerpo sino la de su absoluta
disponibilidad y actitud proactiva. Es perfecta no tanto por su
cuerpo como por que le es irresistible el grafipornovidente. La
representación de su perfección está dada por la exageración: tono y
masa muscular, ausencia de grasa abdominal, facciones finas, talla
de busto muy grande, genitales masculinos enormes. Y, lo más
importante: entrega pasional total. Cabe señalar que, a diferencia
del Hentai (caricatura pornográfica japonesa), la fantasía no está
relacionada con mujeres aniñadas, sumisas, lolitas o menores de
edad, sino con mujeres de rasgos maduros, que toman la iniciativa
(ni siquiera en Colegialas ardientes, se observa a mujeres
aniñadas). Tampoco es la fantasía de una experiencia egoísta, porque
implica al otro —o la otra— como copartícipe del éxtasis. De modo
que si la mujer (su representación gráfica) del producto porno es
sujeto del deseo, el hombre (su representación gráfica) es el objeto
en tanto aparece como un instrumento o medio para el cumplimiento de
la fantasía entre el pornovidente y la actriz.
Los títulos de las historietas referidos datan todos de los años dos
mil o de los últimos años de los noventa. Su antecedente directo
está en las series de Sensacional que se publicaron de
finales de los años ochenta a finales de los noventa, bajo los
títulos de traileros, de luchas, de mercados,
de barrios, entre otros. Gracias a numerosos puntos de venta de
revistas usadas los sensacionales aún se pueden adquirir, por lo que
el lector de pornohistorieta puede complementar su paquete de
fantasías a un costo muy bajo.
Los sensacionales no son coitalmente explícitos, aunque sí
está presente su fantasía, sólo que en la trama comparte el ideal de
perfección con el de la justicia social, con el de una sociedad en
el que no importase una condición socioeconómica baja para tener por
compañeras coitales a mujeres de clase alta, o que las mujeres de
clase baja fuesen tan espectacularmente hermosas como aquéllas.
Incluso su narrativa llevaba un lenguaje rebuscado, que no
correspondía con seguridad a la realidad de sus lectores. Es la
versión masculina de la fantasía de la telenovela iberoamericana
para la telespectadora, que es casarse con un rico al que no le
importe su condición socioeconómica y cultural inferior, que se case
con ella por amor aun cuando pudiera elegir a cualquiera otra de las
de su clase. La fórmula estaba sobradamente probada como exitosa en
numerosas producciones cinematográficas de finales de los años
setenta y los ochenta que los críticos denominaron peyortivamente
de ficheras. Es la fantasía de la justicia social, de una
sociedad sin clases o en la que son insignificantes para ser feliz,
tal como la promesa del “socialismo científico”: Por ser obsceno, el
marxismo también es pornografía, en el sentido en que le dice a los
trabajadores que hagan realidad su fantasía: dejar de ser empleados,
no tener patrones, ser como dueños, no ser inferiores, tal vez
disfrutar de lo que tienen los ricos. Inclusive en el Manifiesto
Comunista se plantea explícitamente el propósito de instaurar la
comunidad de las mujeres de los burgueses.
Los análisis de discurso y de contenido permitirían fácilmente
probar o comprobar el apego a varios valores conservadores en los
sensacionales, que eventualmente perduran en las
pornohistorietas: la lealtad, el honor, la reputación, la
solidaridad, la justicia; situaciones en las que el hombre,
defiende a la mujer de quien la maltrata, que da castigo a
abusadores, traidores y criminales, que cumple con su palabra, que
quiere formar un hogar con una familia tradicional o la protege de
toda amenaza.
Probablemente el lector de sensacionales y pornohistorietas
seguramente busca entretenimiento con fantasías sexuales, pero
también igualdad de oportunidades, un trato no discriminatorio, con
tener trabajo bien remunerado, una pareja sana con la que pueda
compartir experiencias placenteras, tener mayores ingresos para la
manutención de su familia. En suma, bien puede ser un buen ciudadano
que palia sus frustraciones divirtiéndose y sin hacerle daño a
nadie.
Si la pornografía es la exhibición obscena de lo carnal de la
persona, entonces no es exclusiva del entretenimiento para adultos y
su producción para la fantasía, sino que está presente en los
imaginarios (conjuntos de imágenes congruentes entre sí) de la
resignación y de la frustración. No hay imagen más pornográfica que
la del cadáver de Cristo crucificado. Más valdría verlo con los
genitales descubiertos que con tantas heridas sangrantes. Así son
ahora las imágenes de los noticieros: los hechos son ejecuciones y
decapitaciones; las imágenes de los cuerpos decapitados y de las
cabezas dan cuenta de ello. La Pasión, de Gibson, es más
pornográfica —por obscena— que cualquier película sadomasoquista, y
está más cerca del género gore. No hay la menor
representación de sufrimiento, es explícito, se exhibe con toda
crudeza. Y lo único más porno que el Cristo crucificado puede que
sea el Lenin momificado exhibido en Moscú, porque no era una imagen,
era porno puro sin grafía.
La pornografía para el entretenimiento y la fantasía coital es, en
general, estéticamente mejor. En ella los cuerpos experimentan
placer, no sufrimiento; se presentan en plenitud, no en degradación.
Psicológicamente debería de ser más sano fantasear con que se es un
actor o personaje de historieta pornográfica que un mesías
crucificado o un dictador embalsamado.
Epílogo:
“ADVERTENCIA: La historia presentada a continuación es completamente
producto de la fantasía, por lo que no pretende fomentar faltas,
vicios ni delitos; así mismo, los personajes y acciones presentadas,
tienen como único objetivo el entretenimiento, por lo que no deben
ser tomados como modelos a seguir. De este modo, se reitera, que el
único objetivo de la presente publicación es entretener” (todo en
mayúsculas, en el original).
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