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Por un Huntington sin adjetivos. O clash of Krauze
Unckle Henry contra el Tío Samuel
En su número de abril, Letras Libres publicó un fragmento del capítulo IX del libro Quienes somos, de Samuel P. Huntington (Barcelona, Paidós, 2004). En el texto “El desafío latino”, el académico de la Universidad de Harvard argumenta que el crecimiento de la población inmigrante hispanoparlante en Estados Unidos —mayoritariamente mexicana y a la que considera en reconquista del territorio perdido en el siglo XIX— mantiene una resistencia activa para conservar su identidad, por lo que su asimilación a la cultura y a la sociedad nativa es baja y amenaza con “transformar a Estados Unidos en un país de dos lenguas, dos culturas y dos pueblos”.(1)
En Letras Libres se refuta esta tesis con un dossier titulado: “El genio del mestizaje”. Su director, Enrique Krauze, como buen caudillo cultural postrevolucionario, emprende la defensa de nuestros paisanos allende el Bravo y ha puesto a ese Huntington en su lugar, llamándole ”El falso profeta”. Krauze va con todo. El Tercer Encuentro Letras Libres, llevado a cabo en Monterrey el 15 y el 16 de abril, tuvo la misma intención bajo el título “Ustedes y nosotros. Convergencias y Divergencias en la Relación México-Estados Unidos“. Ahí quedó manifiesto que Huntington es un “fanático de la identidad”.
Krauze no se conforma con discusiones aldeanas, y como un postmoderno Fray Bartolome de las Casas también expondrá su apología de los chicanos contra Huntington en la revista The New Republic. ¿Por qué allí? Porque, "sin duda —afirma Krauze—, a Huntington hay que combatirlo en Estados Unidos, no estar intercambiando ideas con una sombra […] estoy preparando un largo ensayo al respecto y, bueno, esperar a ver qué dice, que me conteste y debatir.” (Véase Reforma, 17 de abril de 2004). Desde el reto Pepsi no se había visto algo así.
El caso es que mientras Huntington argumenta que no hay un “Americano dream” sino sólo un American dream que podrán compartir los mexicanos únicamente “si sueñan en inglés”, Krauze se esfuerza en presentar una imagen de nuestros connacionales en el gabacho como la de “Pepe”, el personaje de Cantinflas en Hollywood: “silenciosos, obedientes, cautelosos, pacíficos”. Dice nuestro intelectual: “ya quisieran Francia y Alemania a este tipo de migrantes”, como si esos países nos quisieran catafixiar mezquitas por capillas de la virgencita de Guadalupe, como si prefirieran deportar a los negros para abrir su fronteras a los latin lovers lancheros o como si quisieran sustituir los donner turcos por trompos de tacos al pastor. ¿A quién creerle? ¿A quién asegura que nuestros paisanos son una amenaza a la identidad WASP o a quién considera que “se asimilarán y no se asimilarán”?
Me parece que Krauze es honesto en querer decirle a Huntington “fuck you, racist mother fucker”, pero le falta algo en cuanto a credibilidad. Al menos en lo que a mí respecta. ¿Por qué le creo a Molotov y no a Krauze? ¿No estará levantando esta polémica motivado no tanto por el aprecio a los mexicanos migrantes como por la posibilidad de demostrar públicamente superioridad argumentativa sobre uno de los intelectuales más reconocidos en el mundo? Ahora —y no cuando se trata de medio oriente y los países árabes— es cuando hay un motivo próximo y socialmente legítimo para exigirle a Huntington una respuesta y entablar una discusión de tú a tú. Ahora sí, el campeón mundial de peso completo deberá sentirse obligado a darle la oportunidad a un retador —quien no quiere hacer rounds de sombra— al que en otras circunstancias no habría considerado para ello.
Krauze duda que Huntington conozca a los migrantes mexicanos y que alguna vez haya hablado con ellos. ¿Y Krauze cuándo los ha conocido? ¿Cuándo ha invitado a su casa a alguno de esos parias? ¿Cuándo ha ido meterse a las comunidades marginadas de donde emigran? ¿Cuánto le paga y cómo trata a su servicio doméstico? ¿Acaso no es Krauze en México el intelectual equivalente a Huntington en Estados Unidos, su alter ego neoconservador? Apostaría que a nuestros paisanos les da igual Huntington que Krauze y no les interesan sus revistas ni sus debates. Son tan distantes y distintos a ellos que no pueden causarles sino indiferencia.
El choque de intelectuales y los empresarios de la cultura
Huntington se encumbró como el intelectual más mentado del mundo después de los ataques terroristas a las ciudades de Nueva York y Washington el 11 de septiembre de 2001, debido a que su libro El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial (Paidós, Barcelona, 1997. Original: The clash of civiliztions and the remaking of the world order, Simon & Schuster, New York, 1996) expone que la fuente de conflicto en las relaciones internacionales contemporáneas radica en las diferencias culturales, de manera especial entre las civilizaciones occidental e islámica, por ser una secular y otra profundamente religiosa. Por eso la mención de este texto y de su autor se ha vuelto poco menos que inevitable en cualquier discusión o análisis sobre el tema. Involuntariamente, Osama Bin Laden ha sido el mejor publicista de Huntington.
El choque de civilizaciones es el resultado de las réplicas y contrarreplicas que sostuvo Huntington con numerosos críticos a su artículo "Clash of civilizations?", publicado en la revista Foreign Affairs en el verano de 1993 (Vol. 72, N° 3.) (2) Una parte importante del siguiente número fue ocupado por varios de esos textos polemistas a los que Huntington respondió posteriormente con "If Not Civilizations, What?". Fue así que fueron sucediéndose debates en medios escritos y tres años después apareció el libro con el mismo título del artículo original, pero ya sin el signo de interrogación, como autoconfirmando la posesión de la razón en su tesis.
De manera similar, en el número mayo-junio de Foreign Policy, revista fundada precisamente por Huntington, responde a los críticos de su controversial ensayo “The Hispanic Challenge” (marzo-abril 2004), anticipo de su libro comentado al principio. Las reacciones a las que contesta Huntington son de varios académicos y activistas a favor de los derechos de los mexicanos en Estados Unidos, pero no hay alguna mención a nuestro buen Krauze. Sí, en cambio, en el texto de marzo hay una referencia a Jorge G. Castañeda.
Por cierto, en el mismo año en el que apareció El choque de civilizaciones fue publicado Tiempo contado, de Enrique Krauze (Océano/Planeta, México, 1996), una compilación de sus artículos publicados en el diario Reforma desde 1993 hasta entonces y también algunos anteriores, varios de ellos metidos como con calzador en unos títulos que tratan de agruparlos temáticamente. Al parecer por su cualidad de refrito, se trata de un libro con el que ocurrió exactamente lo mismo que si no se hubiera publicado. Sin embargo, hay un artículo de fuerte intención polemista en el marco de la insurrección ezetaelenista de enero de 1994. Allí Krauze fijó su opinión sobre este conflicto, afirmando que en Chiapas no se vive una revuelta campesina, “sino la revolución de los comandantes”. Es decir, considera que se trata de un alzamiento armado con propósitos autoritarios y no democráticos. No obstante lo provocadora de su aseveración —pues la mayor parte de los intelectuales más importantes, como Carlos Fuentes, han simpatizado con la guerrilla— Krauze no ha sido un punto de referencia intelectual en el tema del conflicto en Chiapas.
Krauze alcanzó notable relevancia como uno de los intelectuales más importantes en nuestro país gracias a su obra Por una democracia sin adjetivos (Joaquín Mortiz, 1986), texto desarrollado también a partir de un artículo, publicado dos años antes en la revista Vuelta (enero de 1994). Fue así que Krauze introdujo la categoría democracia como un imperativo en la transformación de la relación gobierno–sociedad en la que debía fundamentarse la modernización del país, a diferencia de quienes se concentraban en la política económica como el núcleo de la transformación del Estado y la polémica sobre la continuidad o el fin de la Revolución Mexicana. De modo que este ensayo de Krauze hay que entenderlo en el marco de la polémica entre los escritores de Vuelta y los intelectuales que creían en la lucha revolucionaria y que no hablaban para nada de democracia. A partir de entonces en especial, el tema de la transición a la democracia es el más recurrente en el debate nacional, al cual se acude tácitamente una y otra vez con una pregunta de fondo: ¿democracia con qué adjetivos o sin adjetivos?
Así, Krauze ha sido desde entonces uno de los puntos de referencia obligados en el tema de la democracia en México. A su prestigio como escritor se suma la importancia que ha alcanzado como empresario de la cultura con la fundación de la Editorial Clío en 1991 y la revista Letras Libres en 1999, así como la producción de las series de televisión México Siglo XX y México Nuevo Siglo.
Tanto Huntington como Krauze son ejemplos de cómo se construye y consolida un estatus intelectual al más alto nivel: participando en los medios impresos de mayor prestigio, fundando su propia revista, empresa cultural o think tank, que cobije a un grupo de connotados escritores y académicos, en torno a las cuales se establece la interlocución con los grupos de poder, y suscitar o provocar debates que demuestren erudición sobre algún asunto y compromiso con alguna causa social o política.
Don´t defend me, “compadre”
Con el propósito de encontrar alguna referencia sobre el ensayo de Krauze en algún medio estadounidense, la búsqueda en internet de “Hispanic Challenge” + Krauze + Huntington me llevó a un artículo titulado “México´s White Elite Attack Harvard Professor”, en el cual se comentan los insultos proferidos por Carlos Monsivais, Carlos Fuentes y Enrique Krauze a Huntington. Se trata de un texto muy curioso, en el que se afirma que “la élite blanca” en nuestro país promueve la migración masiva de mexicanos a Estados Unidos para reducir la presión social de los indígenas pobres y las clases medias mestizas, y así los miembros de esta élite conservan sus privilegios.
Sin tomar en serio que estos u otros autores tengan como propósito su beneficio particular o de grupo para manifestarse en contra del texto de Huntington, me parece que sí es claro que la administración del presidente Vicente Fox se ha empeñado en lograr un acuerdo migratorio ante la incapacidad o falta de voluntad por impulsar el desarrollo agropecuario y la promoción de empleos en el medio rural y urbano. Fue hasta que estalló el conflicto con la movilización de “El Campo No Aguanta Más” que el gobierno ha tratado de articular acciones y gasto público para paliar los efectos más graves para quienes han perdido en el campo como consecuencia del Tratado de Libre Comercio con América del Norte. Hay entonces mucho de cierto en que el flujo migratorio de mexicanos a Estados Unidos alivia un estallido social de gran magnitud que puede agravarse en la medida en que se cierre la frontera a los trabajadores (desempleados y subempleados) mexicanos. Involuntariamente, el mejor publicista de Enrique Krauze ha sido Vicente Fox.
Krauze reconoce que la principal causa para la emigración de los mexicanos es “la antigua incapacidad de los gobiernos de México para entenderlos y apoyarlos”. Sin entrar a discutir si se trata de un asunto de entendimiento, se extraña que con esa misma prisa y encono demostrada contra Huntington su prestigiada pluma y sus empresas culturales no emprendan la defensa de los mexicanos más oprimidos por la injusticia institucionalizada dentro de las fronteras de México. ¿Cuándo vendrá la crítica a la incapacidad o a la falta de voluntad del actual gobierno para fomentar el desarrollo agropecuario y la creación de empleos? ¿Cuándo vendrá la crítica a la corrupción que permite inundar de productos de contrabando que quiebran a los productores nacionales? ¿Cuándo vendrá la crítica a los empresarios que se niegan a reducir sus márgenes de ganancia a costa de salarios miserables? ¿Cuándo los intelectuales más connotados de nuestro país exigirán al presidente que se establezcan las acciones necesarias para erradicar los feminicidios, en particular el de Ciudad Juárez, sistemático e impune? “La misión de los intelectuales no es gobernar sino criticar”, dice Krauze (“La engañosa fascinación del poder” en Tiempo Contado, op. cit.) Pero hay de críticas a críticas. ¿El intelectual debe mantener una relación crítica con el poder, pero que no vulnere la cordialidad, que no toque sus fibras más sensibles?
Estoy seguro de que los mexicanos en Estados Unidos mantienen un fuerte vínculo cultural, económico y social con sus comunidades de origen. No se ocupa ser académico de El Colegio de la Frontera Norte para darse cuenta de ello. Si son una amenaza o no a la cultura estadounidense (nativa), claro que sí lo son, en tanto que hay resistencia tanto activa como pasiva a la asimilación total y al abandono de muchas costumbres, creencias y estilos de vida de las distintas maneras de ser mexicano. Todas las identidades están en riesgo, si así se le llama a la posibilidad de su transformación o pérdida, porque las culturas no son envases refractarios de las sociedades y por múltiples causas están afectándose unas a otras, a la vez que hay dinámicas internas que producen cambios en ellas hasta llegar a perder su esencia. La comunidad blanca, anglosajona y protestante que fundó Estados Unidos, fue también la que germinó los principios liberales que hoy predominan en la sociedad multicultural norteamericana, en la que el nativismo está cada vez más desacreditado por estar asociado a corrientes de pensamiento políticamente incorrectas. No hay culturas definidas de una vez y para siempre y no hay que ser Nestor García Canclini para darse cuenta de ello.
En una entrevista publicada en Radio Nederland en internet, Enrique Krauze le dice al periodista Alejandro Pintamalli “al profesor Huntington le haría muy bien salir de su cubículo, viajar no muy lejos, a Queens en Nueva York, a Chicago, quizás pasear por las propias calles de Cambridge donde vive y abrir los ojos y escuchar y ver [sic] a los mexicanos. Por cierto, su libro, que ya leí, no contiene un solo testimonio, una sola entrevista, una sola semblanza de ningún mexicano inmigrante. ¿Qué clase de libro es éste, que habla sobre un sujeto al cual el autor no estudia, no conoce?. Bueno, es un acto de propaganda, y probablemente un buen negocio.” ( www.rnw.nu, 19 de abril de 2004.)
Opino que a Krauze le haría muy bien alejarse un rato de las cámaras de televisión, de los foros pomposos con celebridades, y viajar no muy lejos. Subirse al metro y a un microbús. Abrir los ojos y ver a los mexicanos de los pueblos de Cuajimalpa, Santa Fe o la colonia Anáhuac. Defender a los mexicanos migrantes es un acto de propaganda y probablemente un buen negocio. Ojala que él sí, con la ayuda de Federico Reyes Heroles, publique un libro sobre el tema lleno de encuestas y entrevistas a los mexicanos en Estados Unidos.
En fin. Voy a esperar que me conteste Krauze y debatir.
_____________________________ [1] El mismo artículo fue publicado en la edición de España de Foreign Policy. 2] Cabe señalar que esta revista se refiere así misma como “the most influential publication”. |