| La vida
fake de Diego Luna
Diego Luna
es la imagen de la campaña de American Express “My life. My Card”, bajo
el concepto estratégico de testimonial. Es decir, las imágenes
pretenden ser fragmentos de la vida cotidiana de la estrella egresada de
Televisa que ha triunfado en el mundo. En este caso se supone que
deambula inadvertidamente entre el pueblo para observar el
comportamiento de los ñeros de una barriada para hacer más
creíble su trabajo actoral en caso de que él tenga que interpretar el
papel de un naco como esos. No parece mal, pero para quien conoce bien
esas calles de la Ciudad de México es inverosímil por las siguientes
falacias:
1. En la
calle Plaza de la República nunca hay merolicos. Mucho menos frente al
caro restaurante “La Soldadera” —frecuentado por funcionarios del ISSSTE,
senadores, líderes sindicales y demás políticos—, donde transcurre la
escena del comercial, a la altura de la calle Ramos Arizpe. Los
merolicos de ese tipo suelen estar junto a la Catedral Metropolitana del
lado del Templo Mayor y en mercados sobre ruedas.
2. Los
ungüentos que venden los merolicos y algunos otros productos de
supuestas propiedades curativas no tienen un precio de “noventa pesitos”
como dice el comercial, sino de diez a veinte, máximo, puesto que se
ofrecen a potenciales compradores de bajos recursos económicos.
3. En la
esquina adyacente nadie juega fútbol, ni siquiera cuando fueron los
bloqueos lopezobradoristas en Avenida Reforma. Es a unos metros de ahí,
justo en el explanada del Monumento a la Revolución, donde se llega a
ver a banda de la colonia Tabacalera cascareando, aun cuando hay una
inclinación que dificulta la práctica del juego del hombre.
4. En la
Ciudad de México no se ven automóviles convertibles. El miedo a la
delincuencia ha provocado que quienes tienen la posibilidad económica de
tener un automóvil deportivo opten por camionetas que les provean de un
poco de seguridad, o que en caso de tenerlo lo mantengan cubierto
mientras transitan por una zona de lenta circulación y con tantos
peatones como en la Zona Rosa.
5.
Difícilmente se puede ver a padres de familia jugando con niños de
brazos, mientras pasa un globero, a esa altura de la calle Ignacio
Mariscal, frente a la fachada posterior del Museo Nacional de San
Carlos, una zona de prostitución y rondada por viciosos a cualquier hora
y día.
La campaña
tiene un éxito asegurado. Quien conoce esos detalles no es su target.
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