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Del Estado mínimo al Estado
excluyente
Gravedad de la crisis
Al inicio de 1996 sólo algunos
líderes empresariales fueron optimistas
sobre la posibilidad de una recuperación
económica. Los pronósticos y
perspectivas variaron, pero en general
coincidieron en una visión de
estancamiento y en que la recuperación
sería muy incipiente. Prevalecieron el
escepticismo y la incredulidad respecto
a los pronósticos oficiales.
Qué difícil resultaba ser optimista
luego de que 1995 fue un año de economía
de guerra, en el que la crisis más grave
de nuestra historia vivió sus momentos
más agudos, dejando una planta
productiva gravemente resentida. Las
obligaciones de pago al exterior nos
mermaron aún más y el deterioro en la
riqueza acompañó al desgaste social, en
tanto que la delincuencia armada se
incrementó.
Durante el primer semestre de este
año se ha observado un lenta
recuperación en los indicadores
macroeconómicos, comparativamente
favorables con los del año anterior, la
cual no ha llegado aún a la inmensa
mayoría de las familias y de las
empresas. La realidad es que el sector
social está recibiendo la mayor parte
del peso de la crisis, debido al
estancamiento de salarios y a la falta
de circulante para reactivar el mercado
interno.
La flotación del tipo de cambio, los
recortes en el presupuesto del sector
público, la reducción severa de crédito,
los aumentos de precios y tarifas
públicos y la elevación de impuestos
provocaron la contracción más severa de
los últimos 70 años en los niveles de
producción, empleos y salarios. Los
niveles de vida de los mexicanos se
vieron de pronto drásticamente
castigados. Tanto las empresas como los
hogares se hallaron inmersos en procesos
cada vez más acelerados de
descapitalización de sus ya devaluados
activos.
Cálculos dados a conocer por el
Presidente de México, Ernesto Zedillo,
basados en datos del Banco de México,
indican que el costo de la crisis
económica a partir de diciembre de 1994
ha sido de 70 mil millones de dólares,
lo que equivale a un 20 o 25% del
Producto Interno Bruto (PIB).
Según este planteamiento, las
pérdidas por la presente crisis podrían
cubrir el gasto en educación durante
cinco o seis años. La magnitud de dicha
cifra equivale a casi 10 veces la
captación que obtuvo Pemex el año pasado
y a casi 12 veces el ingreso obtenido
por turismo durante el mismo periodo.
Visto de otro modo, con 70 mil millones
de dólares se habría pagado el 70% de la
deuda pública externa.
Estado mínimo
El ejercicio de la política económica
del gobierno del Presidente Zedillo
puede calificarse como muy consistente
con el modelo de desarrollo que sustenta
y altamente eficaz en el logro de su
viabilidad política y sus objetivos. Las
medidas de ajuste adoptadas hasta el
momento y la dirección en que se han
buscado corregir los desequilibrios
financieros corresponden fielmente a lo
que cualquier economista formado en el
patrón del razonamiento de la teoría
habitual recomendaría hacer. No se ha
hecho nada que no se encuentre
claramente estipulado en la teoría de la
base del actual modelo de desarrollo.
Los autores de la política económica
asumieron la responsabilidad de las
consecuencias que provocaron con la
línea elegida. Su forma de razonar la
economía implicó un modelo que le fue
ofrecido a la sociedad como el camino
más corto y más eficaz para superar los
males heredados del populismo, tales
como el proteccionismo indiscriminado,
la elevada intervención del Estado, los
crecientes problemas de insolvencia
frente a la deuda externa, la
desaceleración del crecimiento y la
elevada inflación, dirigiéndonos, en
cambio, hacia una sociedad cada vez más
gobernada por el mercado y menos por el
Estado.
Un Estado excluyente
La aplicación a ultranza de la
política económica vigente está
llevándonos a la conformación de un
Estado excluyente, en el cual ya no
caben las grandes mayorías nacionales de
trabajadores y campesinos, ni tampoco
las minorías, antes dominantes de
empresarios y comerciantes; pero aun los
grandes sindicatos agrupados en la
Confederación de Trabajadores de México
(CTM) están siendo arrojados del sistema
y abandonados a su propia suerte. La
exclusión comprende también a
importantes sectores dirigentes y bases
del PRI que se sienten relegados por la
cúpula del poder.
Intelectuales mexicanos, como Carlos
Fuentes, han demandado también al
régimen que vuelva los ojos hacia su
pueblo y que no gobierne solamente para
complacer a los financieros. A las
condenas contra el "neoliberalismo" de
"Marcos" se agregan declaraciones en el
mismo sentido de sectores disímbolos
como el clero, la masonería y los
millones de afiliados a los distintos
"barzones".
Definición del rumbo económico
Al participar en la VII Conferencia
del Mercado de Valores, el Secretario de
Hacienda, Guillermo Ortiz, sostuvo que
la política económica que actualmente se
instrumenta no es patrimonio de grupos o
personas que quieren impulsar un
crecimiento efímero. El funcionario
afirmó:
"No caeremos en la tentación de
impulsar algunas voces, de estimular
un crecimiento efímero basado en el
gasto público o en el relajamiento
de la política monetaria".
Respondió así a las críticas en el
sentido de que el rezago en el ejercicio
del gasto público ha frenado la
reactivación y de que el Banco de México
contrae la economía al evitar la derrama
de circulante.
"Al margen de las etiquetas
ideológicas, los instrumentos de
política económica a los que el
Estado recurre sirven, en última
instancia, al propósito colectivo de
propiciar condiciones para una
recuperación sólida y sostenida de
la economía mexicana". Puso como
ejemplo que en América Latina "casi
todos los países, independientemente
de ideologías o grupos de poder,
registran profundos cambios
económicos".
Ortiz señaló que no es contradictorio
que se hable de recuperación de la
producción cuando, al mismo tiempo, la
gente no la siente en sus bolsillos,
pues la primera etapa de la recuperación
es impulsada por el sector exportador, y
será hasta en una segunda etapa cuando
la reactivación se dé en el mercado
interno y en el consumo; reconociendo
así que el sobreendeudamiento de las
empresas y las familias es el principal
obstáculo de crecimiento del mercado
interno.
Desde el Foro Económico
Internacional, que anualmente se realiza
en Davos, Suiza, el Presidente Zedillo
afirmó que los medios económicos han
sido adecuados gracias al libre
comercio, y expuso los puntos que
permitirían la recuperación; son los
siguientes:
-
Rigor en política monetaria y
fiscal
-
Liberación de actividades
financieras
-
Seguir apoyando el libre comercio
con otros países
-
Fortalecer el sistema bancario
-
Fomentar el ahorro interno
permanente
-
Mejorar capital humano, educación
y capacitación.
La cuestión del debate
El 23 de junio el presidente Ernesto
Zedillo manifestó: "lo que ha faltado en
México durante varios años es debatir
políticamente cuál es el camino
económico para que nuestro país se
desarrolle". Esta declaración parecía
una apertura a un diálogo con quienes
discrepan de la ruta económica definida
por el gobierno. Sin embargo, el
secretario de Hacienda, Guillermo Ortiz,
afirmó que el modelo económico adoptado
por la actual administración es el
adecuado y continuará vigente. Aclaró
que el Ejecutivo nunca ha planteado un
cambio, sino sólo un debate.
En el "Reporte Económico" de La
Jornada se comenta que sería
importante un debate sobre la política
económica vigente, no en términos de
confrontación, sino a partir de "definir
objetivos económicos concretos, las
formas mejores y posibles de alcanzarlo,
a quién corresponde hacer qué y cómo se
distribuirán los costos y los
beneficios... con metas y cifras
concretas... Fijemos las metas de
empleo, de salarios, del consumo y la
demanda. Establezcamos objetivos
concretos de bienestar y, como
contrapartida, de erradicación de la
pobreza. Como distribuir mejor el
ingreso... Diseñemos una buena economía
de mercado, real y competitiva, y con
ello, el papel de los sectores y el que
debe desempeñar el Estado como regulador
y promotor, interviniendo al mínimo pero
lo necesario".
Seguridad social residual
El investigador de El Colegio de
México, Julio Boltvinik, explica que el
actual modelo económico mexicano,
siguiendo las directrices del Banco
Mundial para América Latina, prevé —como
parte de sí mismo— una lucha contra la
pobreza extrema. Es parte obligatoria
del Estado ayudar a los más pobres, con
programas como el de la "tarjeta
inteligente", para que éstos coman,
tengan atención básica de salud y
educación básica.
Se trata de un modelo —señala
Boltvinik— con una seguridad social
residual, en el que se tiene que
probar que se es pobre para que el
gobierno le ayude con paliativos. La
intervención microeconómica es distinta
a la macroeconómica, ya que el Estado
fija precios básicos: salarios, tasas de
interés y tipo de cambio, pero cuando el
mercado falla corre a apoyar y
capitalizar a los banqueros.
La justicia social reclama una
política económica acorde con el
principio del destino universal de los
bienes, ya que el modelo actual sí crea
riqueza, pero el problema está en la
distribución. El gobierno no está
cumpliendo con su obligación como gestor
del bien común, lo cual podemos
verificar, por ejemplo, en que la
revista Forbes reportaba que
México ocupa el quinto lugar en el
número de fortunas, mientras que, casi
al mismo tiempo, Enrique del Val,
subsecretario de la Secretaría de
Desarrollo Social (Sedesol), daba cuenta
de que la pobreza afecta actualmente en
grado extremo a 22 millones de mexicanos
(24% de la población) y que el número
total de pobres es de 42 millones (46%).
Este llamado debería ser
especialmente atendido por los
empresarios que han respaldado fielmente
la política económica imperante, siendo
así insolidarios con miles de
empresarios que quebraron y con quienes
han padecido más los "errores" técnicos
de diciembre de 1994, luego del plan de
recuperación, muchos de ellos
desempleados por el colapso de la planta
productiva y de servicios.
Economicismo y desempleo
Depauperación creciente
Un sistema económico sano es el que
tiene capacidad de mejorar el nivel de
vida de la población que conforma. Pero
en México, la aplicación de una política
de austeridad tan drástica destruyó
considerablemente la planta productiva y
ha reducido el consumo y la inversión al
mínimo. También ha ratificado el sistema
de redistribución de la riqueza
nacional, a tal grado que el 10% de la
población más rica concentra el 41% del
ingreso nacional y el 20% de la
población más pobre apenas alcanza el
3.28%.
La evolución del nivel medio de vida
de los mexicanos durante los últimos
trece años, medido en términos del PIB
por habitante, registró un decremento
acumulado de 15.11% respecto a 1981; es
decir, un deterioro anual medio de
1.26%. Si la economía creciera 3% como
se ha calculado para este año y en 4% en
promedio en los siguientes períodos, en
no menos de 9 años más se recuperaría el
nivel medio de vida semejante al de
1981.
México fue el país latinoamericano
con una mayor caída del PIB per
cápita, al registrarse una baja
del 8.6% en 1995, de acuerdo con cifras
de la CEPAL. En 1995 la inflación
provocó una caída real en los salarios
de 13.3%, nivel que representó el mayor
descenso en los ingresos mínimos de los
trabajadores de América Latina.
Los empresarios han sufrido también
los costos de una política destinada a
elevar las reservas del erario. La falta
de financiamiento y la pesada carga
tributaria contribuyeron a dejar al
borde del caos a la micro, pequeña y
mediana empresa, pasando así por alto
que la participación de las empresas en
la creación de empleos debe ser
secundada y estimulada por el Estado,
apoyándolas en momentos de crisis y,
sobre todo, creando situaciones de
seguridad y confianza; pero se ha
procedido contrariamente, ya que en
México 40% de los ingresos es para pagar
impuestos, mientras que en Japón y
Corea, por ejemplo, se destina del 13 al
14%.
Cierto que hay países en los que se
paga mucho más por impuestos, pero se
trata de economías con sistemas de
seguridad social desarrollados tanto o
más que el mercado, como es el caso de
Suecia (dicho sea para ilustrar, más que
como ejemplo a imitar). Quizá nuestro
problema más grave en la política fiscal
no es el monto de los impuestos, sino el
manejo eficiente de ellos en favor de
una justicia distributiva.
Caída del salario
El salario mínimo general en México
registra en los últimos 15 años un
retroceso de 67.7% en términos reales.
Un análisis con datos del Banco de
México, el Instituto Nacional de
Geografía e Informática (INEGI) y
Macroasesoría Económica revela que un
peso de salario mínimo de 1980
actualmente tiene un valor real de sólo
32.3 centavos.
A partir del 1º de abril los salarios
mínimos aumentaron 10% con base en la
Alianza para la Recuperación Económica y
el Empleo (ARE), pero ha resultado casi
insignificante, ya que tan sólo de enero
a marzo de este año las percepciones
mínimas reportaron una baja de 4.95% en
términos reales.
Lo más grave es que las percepciones
salariales en nuestro país son tan bajas
que muchas veces no llegan ni al salario
mínimo. Véase la siguiente tabla basada
en cifras del INEGI:
|
POBLACIÓN* |
|
INGRESOS** |
|
3.465 |
|
menos de 1 |
|
11.926 |
|
de 1 a 2 |
|
12.210 |
|
de 2 a 5 |
|
4.378 |
|
más de 5 |
|
|
|
|
|
* millones de trabajadores
|
|
** salario mínimo de $18.41
|
Desempleo
Una de las consecuencias de la crisis
económica, tal vez la peor, es la
pérdida masiva de empleos. Ciertamente,
uno de los más graves problemas en este
momento. A tal gravedad ha llegado este
problema que al inicio del año, el
Congreso del Trabajo reconoció que había
15 millones de adultos sin empleo.
El paneconomicismo imperante nos ha
hecho perder de vista la dimensión
antropológica del empleo, el cual, en
lugar de ser considerado como una forma
de realización por la que el hombre se
conduce hacia su perfeccionamiento, se
ha reducido a una forma de subsistencia,
en lugar de ser una forma de existencia.
Ante la recesión económica, las empresas
y el Estado reducen sus recursos, y el
llamado "recurso humano" resulta el más
prescindible, como un gasto que hay que
evitar, perdiendo así toda noción de que
es el hombre quien crea riqueza y no un
obstáculo para el desarrollo. El hombre
no es un recurso para producir bienes y
servicios, sino que éstos son medios que
le permiten desarrollar sus
potencialidades.
El desempleo equivale a una pérdida
del sentido de la vida, que ahora se
convierte en depresión a nivel social,
sea por el problema para hallar trabajo
o por el temor a perderlo. Por eso,
éticamente, la generación de empleos
debe ser la prioridad en la política
económica, más aún ante la gravedad de
la recesión económica que estamos
atravesando.
Con esta prioridad coinciden los
Criterios Generales de Política
Económica para 1996 de la Secretaría
de Hacienda y Crédito Público (SHCP),
que plantean en sus objetivos
principales:
-
Recuperación de la economía.
-
Promoción del empleo.
-
Consolidación de la estabilidad
de los mercados financieros.
-
Abatimiento de la inflación.
A lo largo de dicho documento se
manifiesta la preocupación de elevar los
niveles de vida de la población y
atender la pobreza extrema. Sin embargo,
los medios para cumplir con esos
objetivos son cuestionables desde un
juicio basado en las ciencias
económicas, políticas y morales, porque
han demandado el sacrificio de la
población más vulnerable y la
depauperización de las clases medias,
así como la quiebra masiva de empresas y
la pérdida de millones de empleos;
mientras que el gobierno no ha
disminuido la excesiva burocracia, y sí
aumentó el gasto en fuerzas armadas,
como veremos con mayor detalle en el
siguiente capítulo.
Aunque la generación de empleos se
reconoció como prioritaria, Hacienda
decidió que la estrategia se centrara en
el fomento a las exportaciones.
Guillermo Ortiz, titular de esta
Secretaría, advirtió que el gobierno
federal no ofrecerá ningún programa de
apoyo para las empresas ni aprobará una
reforma fiscal que ponga en riesgo la
estabilidad de las finanzas públicas, a
las cuales calificó como el aspecto
fundamental del programa de
recuperación.
De este modo, el Presidente Zedillo y
sus colaboradores trasladaron los costos
del ajuste en las cuentas de la nación
con el exterior a los hogares mexicanos.
La política económica puesta en
práctica, profundamente recesiva,
restituyó la capacidad de pagos del país
hacia el exterior, pero implicó para la
economía nacional la conversión de una
crisis, financiera en sus inicios, en un
fenómeno de corte estructural cuyos
efectos se dejarán sentir durante años,
haya o no modificaciones en la política
económica.
El plan de ajuste contempla que la
recuperación en el nivel "micro" se dé
como resultado o consecuencia del éxito
en la recuperación en el nivel "macro".
En consecuencia, el "sector social" está
recibiendo la mayor carga del peso de la
crisis, debido al estancamiento de los
salarios mínimos, así como por la falta
de circulante para reactivar el mercado
interno por la obsesión
antiinflacionaria del gobierno.
La creación de empleos formales tuvo
una evolución poco satisfactoria. Pues,
aunque a lo largo del año el desempleo
abierto ha disminuido —según manifiesta
información del INEGI y del IMSS—, se
encuentra casi al mismo nivel que a
fines del año pasado, que era de 5.5% en
el mes de diciembre.
Se requiere una política integral de
desarrollo con una orientación y
objetivos de desarrollo humano, en
primer lugar. El problema no es sólo
crear empleos, sino capacitar y elevar
el nivel de escolaridad. El Estado, como
empresario indirecto, está obligado a
respetar el derecho al trabajo de todas
las personas; por tanto, a actuar contra
el desempleo, así como a prestar
subsidio a favor de los desocupados. De
modo que se brinde atención en primer
lugar al problema fundamental de
conseguir trabajo, definiendo un modelo
que responda al principio de la
prioridad del trabajo sobre el capital.
Contexto internacional y presiones
del exterior
Limitado margen de maniobra
México empieza a aparecer como un
país administrado que recibe
indicaciones de fuera en lo económico,
en lo político, en lo financiero y ahora
en asuntos más delicados, como las
maniobras militares conjuntas y otros
relativos a la seguridad nacional.
Nuestros funcionarios parecen tener poco
margen de acción para desacatar las
instrucciones de los organismos
internacionales y los Estados Unidos.
Aparecen funcionarios norteamericanos
anunciándonos lo que va a ocurrir en el
país o diciéndonos lo que debemos hacer.
Dos ejemplos: el embajador James Jones
fue quien primero anunció la profundidad
de la crisis mexicana y la dureza de los
programas de austeridad, luego de una
visita a Los Pinos, es ahora quien urge
al Gobierno para vender la petroquímica.
Otro, William Perry, Secretario de
Defensa, dio a conocer que se realizarán
maniobras militares conjuntas con el
ejército mexicano.
En materia económica, Lloyd Bentsen,
ex Secretario del Tesoro de Estados
Unidos e impulsor para la firma del
Tratado de Libre Comercio (TLC), a
principios de enero se entrevistó en
privado con el Presidente Ernesto
Zedillo, con los secretarios de
Hacienda, Guillermo Ortiz; de Comercio,
Herminio Blanco; de Energía, Jesús Reyes
Heroles, y además con el director del
Banco de México, Miguel Mancera Aguayo.
Advirtió que México debe sostener "con
disciplina", su actual política
económica para alcanzar la recuperación,
porque de otra manera no podrá salir
adelante, incluso con el apoyo de la
Unión Americana. Está convencido de que
las políticas económicas del Presidente
Zedillo "son creíbles". Recomendó
también continuar con el proceso de
privatización y apoyar al TLC para
encontrar solución a los problemas.
El Secretario del Tesoro de Estados
Unidos, Robert Rubin, elogió la
"valentía" del Presidente mexicano para
afrontar la crisis económica. "Tenemos
un gran respeto por los juicios que hizo
el Presidente Zedillo", indicó en una
rueda de prensa en Madrid, que si bien
las medidas han tenido consecuencias
espectaculares, todavía queda mucho
camino por delante.
Por su parte, el director del Fondo
Monetario Internacional (FMI), Michel
Camdessus, en vísperas de la Reunión
Anual de Primavera de este organismo
conjuntamente con el Banco Mundial (BM),
que se efectuó del 17 al 23 de abril en
Washington, puso a México como buen
ejemplo de las políticas económicas del
mundo. Camdessus también elogió la
valentía y el coraje de México (en
realidad del Presidente) para superar la
crisis y explicó que los mercados
internacionales reconocen la efectividad
de los esfuerzos económicos de Zedillo.
Subrayó que la política de recuperación
económica aplicada por el mandatario
mexicano "ha sido muy exitosa" para
enfrentar los problemas de la crisis
financiera, pero advirtió que la
capacidad de ahorro doméstico es aún muy
débil. "Las políticas instauradas por el
presidente Zedillo —dijo— están en la
dirección correcta", por lo que
recomendó al gobierno de México reforzar
las políticas de ahorro interno, con el
objetivo de ayudar a que los
inversionistas extranjeros recuperen la
confianza en la economía mexicana.
De acuerdo con esos criterios, la
idea del FMI para prevenir futuras
crisis es crear un "fondo de emergencia"
para respaldar a algún país en
desarrollo con problemas financieros y
evitar una crisis económica de magnitud
internacional. Es necesario —añadió— que
los países en desarrollo proporcionen al
FMI sus estado financieros para evitar
en el futuro nuevas crisis.
Bancos y cartera vencida
Problemas técnicos y políticos
El proceso de rescate del gobierno a
los bancos es una muestra de la grave
situación de la economía empresarial,
que se enfrenta a la depresión del
mercado interno, a la elevación del
costo financiero, al encarecimiento en
el precio de sus materia primas, a las
presiones salariales, al retraso en la
cobranza. Técnicamente, el problema más
grave del sistema bancario tiene que ver
con la cartera vencida
Como consecuencia de la crisis, los
deudores enfrentaron un aumento
importante en el servicio de su deuda y,
además, en el caso de las empresas, una
caída en la demanda de sus productos. La
presión sobre los influjos de liquidez
que esto ocasionó sobre los deudores se
tradujo en un aumento en la cartera
vencida, que afectó el balance de las
instituciones bancarias. Así, la crisis
puso en una situación difícil al sistema
financiero, reflejando el problema de
las familias y de las empresas
endeudadas. El incumplimiento original
terminó por agravar la situación de los
mismos deudores. Este círculo vicioso se
convirtió en un obstáculo para impulsar
la recuperación.
Pero previamente, al privatizar los
bancos, se cometieron errores: se
concentraron en exprimir hasta el último
peso de los potenciales compradores más
que en asegurar que los nuevos grupos
financieros tuvieran una capitalización
adecuada y supieran cómo administrar. No
establecieron un marco normativo
adecuado hasta varios años después de la
privatización del sector. Al intentar
recuperar sus grandes inversiones,
muchos banqueros abrieron el crédito al
máximo y aumentaron significativamente
su cartera de préstamos, aunque los
salarios apenas subían. A esto hay que
agregar que la crisis del 95 redujo
flujos de capital provenientes del
exterior; para la banca disminuyó la
liquidez, la reducción de márgenes
financieros y el aumento de cartera
vencida.
Monto de la cartera vencida
Según datos de la Comisión Nacional
Bancaria y de Valores (CNBV), en
diciembre de 1993 —un año después de la
privatización bancaria— la cartera
vencida de la banca ascendía a 32 mil
681 millones de pesos; en 1994 el monto
se elevó a 56 mil 602 millones y para
1995 llegaba a 137 mil 321 millones de
pesos. La Asociación Mexicana de Bancos
(AMB) informó que el saldo de cartera
vencida hasta marzo se ubicó en 103 mil
millones de pesos. Datos preliminares
del sistema interbancario reportados al
Banco de México ubicaron la cartera
vencida en 147 mil millones de pesos,
incluyendo bancos intervenidos, mismos
que representan poco más de 59% de dicha
cifra. José Madariaga, presidente de la
AMB, reconoció que el saldo al cierre de
1995 fue de 113 mil 500 millones de
pesos, de una cartera total vigente de
642 mil millones de pesos, lo que
significa un promedio de cartera vencida
del 17%.
Cifras van y vienen pero la verdad es
que la crisis bancaria exacerba la
recesión más profunda de la historia
mexicana. Los banqueros mexicanos temen
prestar más dinero si no ven señales
claras de recuperación. El problema de
la cartera vencida se mantiene, toda vez
que 18 deudores de cada mil no habían
pagado en 1994 y para 1995, cuando
sobrevino la crisis, 464 usuarios de
cada mil estaban imposibilitados para
enfrentar adeudos.
Programas de rescate
La banca mexicana inició desde el año
pasado una reestructuración larga y
dolorosa, la cual se calcula que puede
costar 40 mil millones de dólares al
erario a lo largo de un proceso que
puede llevar ocho años. Se pusieron en
marcha diversos programas de saneamiento
para apoyar a los deudores e inducir
capitalización a la banca. La base
esencial del plan de rescate radicaba en
que las finanzas públicas contaran con
márgenes suficientes para absorber
gradualmente los costos de dichos
programas. En su mayoría esos costos se
amortizarían a lo largo de varios años;
es decir, el impacto sobre el fisco no
se concentraría en su totalidad en el
corto plazo.
En la primera etapa de saneamiento de
la cartera bancaria, el gobierno federal
firmó diversos acuerdos de
reestructuración de adeudos en Unidades
de Inversión (UDIs) tanto con la banca
comercial como con la banca de
desarrollo. Al denominarse los créditos
en unidades de cuenta de valor real
constante, las UDIs eliminan la
amortización acelerada de los créditos
causada por la inflación, aliviando la
carga al servicio de la deuda.
Dentro del programa de
reestructuración destacaron por su
importancia los destinados a apoyar a
las empresas, a los estados y
municipios, a los deudores de créditos
hipotecarios, tarjetas de crédito, y a
los destinados a la adquisición de
bienes de consumo duradero. El gobierno
federal y la banca ampliaron los
beneficios a los que reestructuraron su
deuda en UDIs, y que están al corriente
de sus pagos. El Programa de Apoyo a
Deudores Hipotecarios consiste en que
durante los próximos cinco años
cualquier pago anticipado parcial o
total que realice el cliente tendrá una
bonificación de 10%.
Sus objetivos son:
-
Reducir el importe de las
mensualidades por un período
prolongado, con el propósito de
recuperar el poder adquisitivo de
los deudores.
-
Incentivar a quienes no han
reestructurado su deuda a que
formalicen su situación
-
Incentivar la recuperación de la
cartera vencida.
Para minimizar en el corto plazo el
costo de las tasas de interés para las
familias, así como para la pequeña y
mediana empresa, en septiembre del año
pasado se puso en marcha el Acuerdo de
Apoyo Inmediato a Deudores de la Banca
(ADE). El acuerdo se ha enfocado a los
acreditados en los rubros de tarjetas,
consumo, empresas, sector agropecuario y
vivienda.
Para ayudar a los bancos ante la
crisis provocada por la devaluación y la
abrupta alza de las tasas de interés, el
gobierno creó el Fondo Bancario de
Protección al Ahorro (Fobaproa),
mecanismo mediante el cual se ha apoyado
a muchas instituciones en forma directa
y a otras a través del Programa de
Capitalización Temporal (Procapte).
Fobaproa compró cartera de los bancos
por medio de un pagaré capitalizable a
un plazo de diez años, financiado por
las mismas instituciones financieras y
avalado por la federación. De acuerdo
con datos de la CNBV, el gobierno
adquirió cartera vencida por 38 mil 631
millones de pesos, por medio del
Fobaproa Dicha acción permitió la
reducción de la cartera vencida total
del sistema bancario, al cierre de 1995,
de 137 mil 321 millones a 98 mil 690
millones de pesos. Bajo este esquema los
bancos continúan administrando la
cartera adquirida por el Fondo, y los
ingresos y los ingresos provenientes de
la recuperación de cartera son
transferidos al Fobaproa. El costo
fiscal en este caso surge por el
compromiso de absorber el 80% de la
diferencia que en su caso hubiera entre
el monto del pagaré y el valor de la
cartera adquirida por Fobaproa al final
de diez años.
El último programa que se instrumentó
fue el de las carreteras concesionadas.
El gobierno optó por extender los plazos
de las concesiones al máximo legal
posible y reestructurar el saldo de los
créditos contratados con organismos
internacionales.
En resumen, aunque el programa de
estabilización está logrando su objetivo
de reducir las tasas de inflación y de
interés, sigue presente un elemento que
representa una significativa barrera a
una recuperación más rápida y sólida, y
es el mismo que explica por qué la
recesión fue tan profunda. Este elemento
es la debilidad estructural del sistema
bancario. Los diversos instrumentos y
programas de apoyo al sistema bancario y
a los deudores del mismo mencionados no
han sido suficientes para resolver el
problema, el cual ha seguido aumentando
como porcentaje de cartera total,
incluyendo créditos que fueron
renegociados en el esquema del ADE.
El costo de la recapitalización
Para soportar este conjunto de
programas, el gobierno federal contó con
un crédito a 15 años otorgado por el
Banco Mundial (BM) y el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID) por
1.75 millones de dólares. El préstamo ha
sido destinado para disminuir el costo
generado por los apoyos otorgados por
Fobaproa a las instituciones bancarias,
amortizando anticipadamente parte de la
línea de crédito que el Banco de México
(Banxico) abrió para este efecto. Al
formar parte de los créditos del BM y el
BID de la deuda pública, debe restarse
el monto de estos financiamientos de las
contingencias asociadas al Fobaproa.
Hace cuatro años el gobierno recibió
13 mil 500 millones de dólares. Para
enero de este año datos de Hacienda
indicaban que la ayuda al sistema
financiero había sido el año pasado de
85 mil 900 millones de pesos,
equivalentes al 5.5% del PIB, más 4 mil
millones de dólares de crédito del BM y
el BID. Para este año, de acuerdo con
documento enviado a la Cámara de
Diputados como anexo al Informe Anual de
la Cuenta de la Hacienda Pública de
1995, por la Secretaria de Hacienda y
Crédito Público (SHCP) y la Comisión
Nacional Bancaria y de Valores (CNBV),
el costo fiscal del programa de apoyo a
bancos y deudores ha sido de 148 mil
millones de pesos (véase cuadro abajo).
Amplio campo de influencia
El Secretario del Tesoro
estadounidense Lawrence Summers, a quien
ya habíamos hecho referencia por su
abierto intervencionismo en la política
económica mexicana, tampoco permaneció
al margen de las decisiones para sanear
la problemática bancaria.
Precisamente, durante la reunión en
Cancún de la Asamblea Mexicana de
Bancos, en la que estuvo presente
Guillermo Ortiz, Secretario de Hacienda,
Summers participó con un discurso en el
que dijo tanto al gobierno mexicano como
a los banqueros las medidas con las que
a su juicio debe resolverse el problema
de la cartera vencida. Las directrices
fueron las siguientes:
-
Mantenimiento de un entorno
macroeconómico muy sólido
-
Disciplina fiscal
-
Adecuada tasa de ahorro
-
Dejar al país a las fuerzas del
mercado
-
Mantener vigente el TLC
-
Acelerar la privatización
-
Reformas continuas al sector
financiero
-
Dejar quebrar a los bancos que lo
ameritan
-
Modificar la Ley de Quiebras
-
Gobierno moderno, efectivo,
honesto y justo
-
Garantizar la estabilidad social
-
Bienestar para la población
-
Reducir la inequidad social.
¿Racionalidad del mercado?
El gobierno apostó a que con los
instrumentos y mecanismo adoptados, y la
capitalización caso por caso, junto con
el crecimiento de la economía, el
problema de la cartera vencida se iría
diluyendo paulatinamente. Dadas las
condiciones actuales, esto no parece
viable, y como la economía no crece
significativamente por la propia
situación bancaria, no se percibe una
salida rápida al problema de crecimiento
y de creación de empleos.
Los programas de apoyo sólo
pospusieron las soluciones de fondo; el
año pasado tuvieron la bondad de evitar
la quiebra masiva del sistema bancario y
resolvieron parcial y temporalmente un
problema de flujo de caja de los
deudores. Se ha traducido en una
significativa contracción de la
actividad económica, agravando aún más
el problema de la cartera vencida.
Parece que la situación bancaria
mejorará en la medida en que se reactive
la economía, ya que a pesar de los
recursos aportados, el futuro de la
banca radica en fusiones y adquisiciones
extranjeras. Por lo pronto,
Mercantil-Probursa fue adquirido por el
Banco Bilbao-Vizcaya y el Banco Nueva
Escocia, de Canadá, adquirió cerca de
50% del capital de Inverlat.
Un estudio del Fondo Monetario
Internacional (FMI) titulado "Fragilidad
Financiera de América Latina" considera
que las autoridades mexicanas deberían
aprovechar la oportunidad para
deshacerse de instituciones mal
administradas que se han vuelto
insolventes, y el programa de rescate
sólo tiene éxito cuando el crédito que
concede a los bancos el banco central
está condicionado a una evaluación
realista de las cartera, ya que en casos
de crisis surge la "tendencia a otorgar
nuevos créditos a los préstamos morosos
sin controles adecuados, con la
esperanza de que éstos utilizarán los
nuevos fondos para salvar sus negocios".
Hasta el FMI y el Departamento del
Tesoro norteamericano han hecho ver que
no es sensato seguir apoyando a bancos
que están quebrados y que no merecen
seguir siendo recapitalizados una y otra
vez, a través de recursos fiscales
aplicados por el Fobaproa, que van a
parar a un barril sin fondo. Se eliminan
los subsidios a la tortilla, al
transporte público, a la leche, a los
servicios públicos, a todo el consumo,
pero no a los bancos.
Cierto que sin una expansión del
financiamiento bancario no es posible
tener un proceso de crecimiento
económico sostenido, razón en la cual
puede justificarse el apoyo a la banca.
Sin embargo, el único dinero que el
gobierno ha logrado ahorrar de los
créditos extranjeros y de la recaudación
fiscal se ha aplicado al intento de
salvar a los bancos en quiebra sin que
efectivamente hayan podido financiar la
economía, pues el poco crédito que se
otorga es caro. De modo que resulta
inaceptable que un pueblo empobrecido
pague cada día más impuestos para
rescatar a los banqueros, en tanto no
hay dinero para la industria, el
comercio, la agricultura, la educación y
ninguna actividad productiva.
¿Hay recuperación?
Recuperación selectiva y relativa
La mejoría no ha sido generalizada,
sino incipiente y relativa entre
sectores de empresas, y todavía está
lejos de los niveles que se tenían antes
de la crisis de diciembre de 1994. Hasta
que se registren tasas anuales de
crecimiento positivas en la mayoría de
las industrias se podrá decir que
finalizó la fase recesiva y que ha
empezado la de recuperación.
Así como no puede decirse con
seriedad que la recuperación se ha
iniciado, tampoco es correcto suponer
que la economía sigue deteriorándose al
mismo ritmo o peor que en el año pasado.
Si durante los próximos meses continúa
el fortalecimiento de la reciente
tendencia mostrada por los indicadores
de producción, la ansiada recuperación
podría ser una realidad plena en el
segundo semestre del año.
Hay avances en el control a la
inflación, pero los precios siguen
elevándose. El comportamiento de los
precios en los primeros meses y el
descenso de las tasas de interés revelan
que el manejo macroeconómico y, en
particular, el de la política monetaria,
empiezan a dar los resultados deseados
por el gobierno. El PIB registra una
caída de 1.0% en relación con el del
mismo lapso del año pasado, cifra que
supera las expectativas del sector
público y privado. Se refleja un efecto
real de recuperación económica gracias
al desempeño vinculados con el mercado
externo.
El alza de las tasas de interés de
referencia, que ocurrió entre la tercera
semana de febrero y la segunda de marzo,
obedeció al deterioro de las
expectativas por la percepción de que
sería inevitable el alza de precios de
algunos productos básicos clave
(tortilla y leche), luego que se decidió
un incremento del salario mínimo en
abril, superior al 10% acordado desde
octubre de 1995.
El piso para las tasas de interés
será durante algún tiempo entre 34 y
36%. Las tasas de interés son la
variable de ajuste casi única de la
política económica y, como tal, sobre
ellas recaen los impactos de todo tipo
de acomodamientos que se presenten en
los mercados financieros. El rompimiento
hacia la baja de ese piso se
logrará sólo en la medida que se
materialicen avances más significativos
en el combate a la inflación.
Si bien el fenómeno inflacionario
está lejos de haber sido controlado, los
datos del primer semestre de 1996
exhiben una importante mejoría en
diversos aspectos. La inflación anual,
es decir la que resulta de comparar el
nivel de precios de un mes a otro
respecto al mismo del año previo, en el
tercer mes del año fue de 43.8%, 8.2
puntos porcentuales menos que la máxima
alcanzada en diciembre pasado (52%).
A este respecto, es importante
señalar que algunos indicadores del
sector real también han seguido
mostrando una mejoría relativa, sobre
todo al compararlos con las
circunstancias que prevalecían a
mediados del año pasado, cuando la
economía resintió los efectos más
pronunciados de la recesión.
Deuda pública y privada
En 1995 se pagaron 13 mil 300
millones de dólares por concepto de
interés de la deuda externa, cifra que
supera los ingresos obtenidos por
exportación de crudo y turismo durante
el mismo período (durante 1995 México
captó 7 mil 197 millones de dólares por
la exportación de 1.3 millones de
barriles de crudo y 6 mil millones de
dólares por ingresos de turismo). Este
año se destinará el 10% del PIB para el
pago de deuda; el gobierno amortizará 16
mil 890 millones de dólares y el sector
privado 11 mil 810.
En los últimos 15 años se han pagado
en total 150 mil millones de dólares por
el servicio de la deuda. A ello hay que
agregar que el gobierno mexicano liquidó
en febrero del año pasado 29 mil 983
millones de dólares en Tesobonos.
Para atender el costo de la deuda, el
gobierno se vio obligado a ajustar el
gasto público. Por ejemplo, el gasto
primario por 336,471.1 millones de pesos
observó una reducción anual de 15.6%.
Además, se le redujeron las
participaciones a los estados y
municipios en un 12%.
Hasta abril, el monto total de la
deuda era de 162 mil millones de
dólares, correspondiendo 61% al sector
público y el resto a la banca comercial,
empresas privadas y créditos del
gobierno y del Banco de México.
El endeudamiento externo, que
originalmente era una estrategia para
desarrollar al país, lejos de haber
cumplido con este objetivo, es ahora un
lastre que dificulta el desarrollo
nacional, restando recursos que podrían
destinarse para la atención de las
necesidades básicas de quienes más
carecen, así como para generar empleos
tanto en los centros urbanos como en el
campo.
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