![]() |
|
|
Misión de la universidad en la contribución a una cultura promotora de los derechos humanos
Pobreza y problema educativo en México
Para los próximos años la numerosa matrícula de mexicanos en centros escolares, así como el crecimiento natural de la población, anticipan aumentos importantes en la demanda por educación secundaria, media superior y superior. Pero, no obstante este tendencia que indica un incremento en el número de estudiantes universitarios —y sin perder de vista la problemática en la relación entre formación académica y campo de trabajo—, la pertenencia a una universidad constituye un privilegio, sobre todo, teniendo en cuanta que en nuestro país hay —según cifras de la Secretaria de Desarrollo Social— 42 millones de personas que viven en condiciones de pobreza o por abajo de este rango, y que un 10% de los mayores de 15 años son analfabetas. Contexto que aumenta el nivel de privilegio que significa pertenecer a una universidad y ante el cual la justicia y la ética demandan un compromiso de la minoría universitaria con toda la sociedad, especialmente con quienes no tuvieron la oportunidad de pertenecer a ella.
En lo referente a la situación de los derechos humanos, pese a que en los últimos años ha habido una proliferación de organizaciones de la sociedad civil abocadas a la defensa y promoción de los derechos humanos, la crisis económica ha sido un catalizador para una violencia creciente que se manifiesta en el empobrecimiento generalizado y en el aumento de la criminalidad. Por lo cual, la solución del problema económico contribuirá a salvaguardar los derechos de la persona, aspecto que es necesario, pero no suficiente, ya que también se requiere un cambio cultural, y la Universidad tiene la potencialidad para realizarlo.
Ninguna universidad —menos aún si es de inspiración cristiana, dado su carisma—, debe permanecer indiferente ante esta realidad que se agrava y daña cada vez más los derechos fundamentales de millones de mexicanos. Por ello, la solidaridad y el destino universal de los bienes son principios de reflexión de la doctrina social cristiana que tienen mucho que aportar a la solución del problema educativo de México, a la vez que a la contribución a un cambio cultural en favor del reconocimiento, la defensa y la promoción de los derechos humanos. Es preciso aclarar que con el término problema educativo no nos referimos solamente a la insuficiencia de oportunidades de estudio, sino también a la orientación y los fines que persigue la educación. Es decir, los valores y la concepción sobre la persona humana que están transmitiendo los centros escolares.
Ausencia de la universidad como sujeto social en la promoción de los derechos humanos
Lamentablemente, la universidad no está desempeñándose como un sujeto social generador de cambio y solución a los problemas nacionales, incluyendo la insuficiente concientización sobre el valor de la persona humana y los derechos que de ella derivan. Si bien, de sus centros de investigación y de su trabajo de reflexión han surgido propuestas en favor de la justicia social y los derechos humanos, no en pocas ocasiones la universidad aparece a los ojos de muchos con una función social negativa. Por ejemplo:
Resumiendo, en este momento la universidad parece no contribuir a la defensa y la promoción de los derechos humanos, y a veces parece aliada de la injusticia y la opresión. Dicho sea esto sin pretensión de generalizar ni de afirmarlo como verdad objetiva; pero sí como la manifestación del enojo popular contra la política económica de los últimos años sustentada en títulos universitarios.
Pero la serie de afirmaciones anteriores tampoco es completamente falsa. Difícilmente puede negarse que hay algo de verdadero en ellas. Por ello, antes de que la universidad se dedique a la tarea de promover los derechos humanos es requisito indispensable precisar e identificar su misión, y los medios para garantizar que los programas de estudio, las investigaciones y todas las actividades se apeguen a la misma, a fin de que no se convierta en una institución que realice campañas que proporcionan información ornamental, sino un espacio de formación sólida y fundamentada.
Misión y tarea de la universidad en la promoción de los derechos humanos
Primeramente, la universidad debe ubicar su misión como transmisora de la cultura para influir vitalmente en toda la sociedad, de modo que sus egresados no sólo tengan una profesión especializada en algún campo del saber, sino que sean hombres cultos —dicho sea en un sentido no elitista, sino refiriéndonos a un conjunto de ideas sobre el mundo y el hombre—. Pero, para ello, la universidad necesita reflexionar acerca del tipo de convivencia social que le interesa promover, a partir de qué valores personales y sociales. Para bien o para mal, las nuevas generaciones están ante la opción de decidir entre múltiples posibilidades axiológicas, como en un supermercado, en un mundo heterogéneo, relativista, nihilista y secularizado, con una cultura inmersa en una globalización que se caracteriza cada vez más por el consumismo y el hedonismo.
No existe una educación ni una universidad libre de valores. La comunidad universitaria está inmersa en una cultura con determinados valores que la influyen —e incluso condicionan— en sus juicios y acciones. Ni siquiera las llamadas ciencias puras poseen una neutralidad axiológica absoluta. Pero la universidad no es un sujeto pasivo, sino un actor que reproduce y transforma la cultura, dadas sus características como espacio de pensamiento, tiene la capacidad de interactuar con esa cultura y de impregnarla con determinados valores y antivalores.
Si queremos realmente contribuir a la promoción de los derechos humanos, debemos trabajar en la formación de una cultura que tenga como valores, en primer lugar, la dignidad de la persona humana, su libertad, su inteligencia, su sentido de responsabilidad y su apertura a la trascendencia. De ahí la importancia de afirmar al hombre como hecho primordial y fundamental de la cultura, de lo cual se desprende que la educación no tiene como finalidad tener más, sino que su primera finalidad es contribuir a ser más. Por eso, el egresado de la universidad no solamente debe saber y dominar una técnica o un conjunto de conocimientos funcionalistas, debe ser plenamente conciente de la responsabilidad de su profesión en la promoción de la la dignidad de la persona, para que el respeto y la promoción de los derechos humanos se conviertan efectivamente en un estilo de vida.
Si la universidad ha ubicado correctamente su misión, en dirección a contribuir a la formación de una cultura promotora de los derechos humanos, hay que verificar si su praxis se está apegando a ella, constatar si los egresados son sujetos concientes y respetuosos de la dignidad humana, y si los campus son espacios donde se vive en un ambiente de libertad, responsabilidad, respeto, tolerancia y justicia.
La universidad debe preocuparse por las implicaciones éticas y morales del saber, respetando la prioridad de la primacía de la persona sobre las cosas y de lo ético sobre lo técnico. Para ello, es necesario promover espacios de reflexión y encuentros interdisciplinarios e interuniversitarios que revisen y rectifiquen, de ser necesario, los valores que se imparten en los planes académicos y científicos, para verificar si en ellos está la persona humana como sujeto, fundamento y fin de la profesión, la técnica y la investigación.
Compromiso social de la universidad
La universidad no debe ser un conglomerado de individuos sin compromiso ni responsabilidad por los problemas nacionales. Su misión está comprometida con la contribución a la solución de los problemas nacionales. El bien común de la universidad contribuirá al bien común de la sociedad, que aunque son bienes distintos, no son ajenos uno de otro. La promoción humana y la justicia social son temas que incumben a la universidad, por eso debe ser un centro de crítica y propuesta en que se denuncian las causas y las consecuencias de las violaciones a los derechos humanos y se trabaje en las soluciones a estos problemas.
La universidad es un espacio donde hay personas que definen proyectos de vida. Estos proyectos de vida incidirán en el todo social, de modo que cada proyecto individual tendrá consecuencias sociales. El marco de relaciones en la universidad se convierte en una micro sociedad con sus valores y normas. Los cuales, en la medida en que se consoliden, podrán ser reproducidos por los individuos que la conforman en todas las otras esferas en que se desenvuelven: familia, trabajo, política, deportes, diversiones, arte, etc. Si la universidad es un espacio en el que una comunidad está conformada bajo la convicción del valor de la dignidad de la persona humana y sus derechos fundamentales que de ella se derivan, será capaz de incidir para un cambio cultural en ese sentido, tanto a través del testimonio de la vivencia universitaria como comunidad que vive respetando los derechos humanos y promueve a la persona, como en la medida en que esta comunidad se comprometa con la justicia social. Concretamente, pueden revisarse algunas actividades para contribuir en favor del desarrollo integral de las personas que no tuvieron la oportunidad de acudir a la universidad. Por ejemplo, garantizar que todo el servicio social sea una contribución real a la solución de la cuestión social, en lugar de ser una mera práctica profesional.
La exigencia ética que demanda la justicia social no se limita a los bienes materiales, sino que abarca también —y no secundariamente— los bienes del espíritu, por lo cual estamos obligados quienes tuvimos el privilegio de una formación universitaria a poner a disposición de la sociedad estos bienes. ¿No es acaso una complicidad en la violación de los derechos humanos no emprender acciones de promoción humana?
|