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Múevete: el zapping show
Después de una década ininterrumpida sin haber podido derrotar en el raiting del horario sabatino matinal a su competencia en Canal 13 de TV Azteca, ha sido el productor argentino Roberto Romagnoli quien logró que el Canal 2 de Televisa, el de “las estrellas”, recuperase su primacía gracias al producto más elaborado de toda la televisión en México y tal vez en el mundo: Muévete, una obra maestra de producción y dirección de cámaras que logra suplir el control remoto para imitar el efecto visual y anímico del zapping. Muévete es la televisión total: lucha libre, fútbol rápido, voleibol de playa, tae-bo, noticias de las estrellas, entrevistas con los artistas más exitosos, grupos musicales “en vivo”, concursos de chistes, competencias de conocimientos, certámenes de belleza, modelaje de ropa íntima, todo ello y mucho más con un ambiente de fiesta imperecedera y la omnipresencia de conductores y participantes fisicoconstruidos en rigurosas sesiones de gimnasio y, en algunos casos, complementada su performación con la ayuda de la ciencia médica en su aplicación plástica. Si bien se cuida la equidad de género en cuanto al atractivo visual, como decía Raúl Astor, con la conducción de Maribel Guardia y Latin Lover, el éxito de cada titánico programa de más de cinco horas de duración no se centra en las cualidades evidentes de ellos y su reconocimiento social como símbolos sexuales, sino en la veloz dinámica de sucesión de imágenes y cambio de actividades. La toma de cada cámara aparece en pantalla apenas unos cuantos segundos y frecuentemente con movimientos semioscilatorios o pendulares, mientras que el omnipresente logotipo de Muévete es redundante con su apariencia: algo que nunca está quieto, que con su tipografía y colores produce un efecto como el que una sonaja hace en un bebé. Tempranito no fue derrotado por su contrario sino por su extremo: las minifaldas fueron vencidas por las tangas, los escotes superados por escotes en bustos de mayores tallas, los bailes coquetos por una multitud de bailarinas en bikini o microshort, los contenidos sosos sobre las celebridades de la farándula por su versión lobotómica, la irreverencia avasallada por el circo, las vaciladas por una feria de comediantes, la informalidad por una lluvia incesante de papeles de colores como en un desfile. En suma una orgía de imágenes en la que el telespectador participa de la fiesta sin levantarse de su cama. Se trata de un programa a la medida del telespectador matinal sabatino, en la que no requiere invitación y ni siquiera cumplir con lo que los conductores le solicitan para sentirse bien. El productor sabe que nadie va a hacer jogging en su casa porque Latin Lover exhorte a ello (la televisión no tiene el poder de la aguja hipodérmica), y que el televidente no necesita más información que la que le proporciona la propia televisión para sentir que es más listo que quienes salen a cuadro al responder con presteza a preguntas sobre quién es la ex de fulanito, quién el galán de fulanita o el nombre de algún personaje de la telenovela de moda. Esta es la obra maestra de la producción de televisión: todo en uno, la capacidad de síntesis, la intensidad permanente y la sucesión alternada de los mejores, como la Banda del Recodo, K-Paz de la Sierra, RBD o los Kumbia All Starz. La televisión nunca volverá a ser la misma: Muévete establece su nueva era y un paradigma del entretenimiento. |