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Ebrard y
Álvarez Icaza, una larga y conveniente relación*
Dos presidenciables
La teatralizada conferencia de prensa de Emilio Álvarez Icaza,
presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal,
ha salvado la carrera política de Marcelo Ebrard. Leído como un
párvulo titubeante por el ombudsman, y en ese horrendo idiolecto de
la corrección política, el discurso que atribuye “responsabilidad
ética” a los que fueron secretario de Seguridad y procurador de
Justicia le permite al jefe de Gobierno restituir la moralidad
de su autoridad al despedirlos (al haberles “aceptado su renuncia”).
Nunca un informe de esta comisión de derechos humanos había sido tan
querida por un gobernante ni tan apremiada una recomendación ni tan
promovida su espectacular presentación. Es más, es la primera vez
que una autoridad prácticamente demanda que se le dirija una
recomendación. Algo tan insólito como efectivo. Los dichosos
informes que presentó Álvarez Icaza sobre los crímenes que se
cometieron en New´s Divine y con sus detenidos arbitrariamente, poco
o nada aportan a lo que ya se sabía por los medios. Sí aportan, en
cambio, a sus respectivas aspiraciones: una a la presidencia de la
República y otro a la de la Comisión Nacional de los Derechos
Humanos. Es decir, la política como una relación ganar-ganar.
El periodista Miguel Ángel Velázquez asegura que la renuncia del
secretario Joel Ortega “ya estaba en el escritorio de Marcelo Ebrard
desde el día después de la tragedia del antro” y la del procurador
Félix Cárdenas “llegó después, pero antes incluso que su propio
informe” y, lo más interesante, es que “ambas decisiones se conocían
en la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, y no
provenían del chisme, así que matar al muerto no era cuestión de
valentía, pero abría la puerta dorada por donde transitarían las
ambiciones de quien busca escalar puestos a nivel nacional”. [La
Jornada, 11 de julio de 2008].
¿Nunca más?
La relación política e institucional entre ambos presidenciables
data de varios años y episodios. Álvarez Icaza ya conocía, por el
mismo Ebrard cuando era secretario de Seguridad Pública, de sus
cotidianas violaciones a los derechos humanos como una política
pública instituida por él. La Recomendación 6/2004 (http://www.cdhdf.org.mx/index.php?id=rec0604)
documenta que las redadas que llevaban a cabo los “Grupos Operativos
Especiales” cometían todos los abusos que vimos en el New´s Divine
cuatro años después. En el caso de esta recomendación, los
“operativos” se efectuaron en casas habitación y se denominó por la
CDHDF como “ejercicio indebido del servicio público, lesiones, abuso
sexual, allanamiento de morada, robo, amenazas, detención arbitraria
y falsa acusación”, de lo que se presentaron 79 quejas (peticiones)
por mucho más personas agraviadas. Es decir, la política pública
para prevenir el delito de narcomenudeo era entrar a domicilios a
ver si hallaban droga, supuestamente a partir de alguna denuncia
anónima, y sorprender a los habitantes en flagrancia o “cuasiflagrancia”.
En la misma recomendación se documenta que sacaban a la gente de sus
domicilios para subirlas a camiones y que las llevaban a fotografiar
antes de ponerla a disposición del Ministerio Público. ¿Alguien
recuerda la presentación a la prensa de esta Recomendación que
Ebrard no aceptó? Esta Recomendación, cuatro años después, sigue
“sujeta a seguimiento”, es decir, pendiente de cumplimiento. Lo que
no aceptó Marcelo Ebrard, explícitamente desde entonces, se refiere
a “que
la Secretaría de Seguridad Pública
del Distrito Federal se abstenga de implementar las Recomendaciones
número 32 y 49 propuestas por el Grupo Giuliani Partners, si no
existe soporte legal” (http://www.cdhdf.org.mx/index.php?id=sere0604),
que son exactamente las que dan ocasión a redadas como la del New´s
Divine.
Para los que no se acuerdan, no está de más citar otra
recomendación, la 1/2003 (http://www.cdhdf.org.mx/index.php?id=rec0103),
dirigida también a Marcelo Ebrard Casaubón, secretario de Seguridad
Pública, por abusos y violaciones de granaderos a los derechos
humanos de las personas que ocupaban un predio en Amalacachico,
Xochimilco, quienes “fueron agredidas, y al parecer hubieron varios
heridos y muertos. Tenían temor de que la actuación de los
granaderos llegara a mayores consecuencias”, según expusieron Nancy
Rodríguez Pantoja, Victoria Ríos Arellano, Juan Ramón Gutiérrez y
Óscar David Quintero García en su queja a la CDHDF. La peticionaria
Arely Tabla Rebollar narró que “Ocurría un desalojo en la Delegación
Xochimilco. En esos momentos (4 de octubre de 2002) varios
granaderos de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito
Federal arrojaban a los muertos y heridos a los canales de las
chinampas, y saqueaban varias casas; los vecinos de su colonia
estaban muy asustados”. Por su parte, Félix Agustín Ortiz Ramírez,
se quejó de que “con motivo del desalojo de los habitantes del
predio “Toltenco”, los granaderos rompieron los puentes de acceso a
la Sección 1 de la colonia Amalacachico”. Si hubo muertos o no es
algo que no se aclara del todo en esa recomendación. En el operativo
de desalojo hubo actos de robo a vecinos y comerciantes por parte de
la policía, y a sus reclamos el secretario de Seguridad Pública
respondió: “Les vamos a devolver sus papitas y sus refrescos”. Salió
en los noticiarios. La Recomendación no fue aceptada por Marcelo
Ebrard. Y ahí quedó el asunto. El oficio político cambia las formas:
entonces no hubo mamparas con nombres de víctimas ni informes
ampulosos ante los medios. Y esta vez, la del New´s Divine, no hubo
la burla de: les vamos a devolver su cover y su cerveza.
La mayoría seguramente recuerda la negligencia criminal en el caso
de los linchamientos de policías en Tláhuac el 23 noviembre de 2004,
a donde nunca envió más policías a rescatarlos aduciendo
dificultades por “la orografía” de esa delegación. Furioso por haber
sido increpado al respecto por un ciudadano, Ebrard le dio un
puñetazo:
César
Hernández Sánchez, un albañil de 20 años quien llevó a su esposa e
hija a ver a Andrés Manuel López Obrador al parque La Bombilla, se
quedó sin ganas de volver a asistir a algún mitin: con un derechazo
a la mandíbula, Marcelo Ebrard le mostró “cómo va a gobernar la
ciudad”:
Todo frente a su familia, quien esa tarde del 8 de diciembre pasado
vio cómo tras el “descontón” del candidato del PRD a la jefatura de
Gobierno, varios de sus simpatizantes todavía tundieron a golpes al
joven.
El pecado de César Hernández fue decirle de frente al candidato del
sol azteca que era “priista” y preguntarle cómo pretendía ser jefe
de Gobierno, “si como secretario de Seguridad Pública dejó morir a
dos personas en Tláhuac” [Raymundo Sánchez, “Puñetazo de Ebrard a
joven que le recordó caso Tláhuac”, La Crónica de Hoy, 19 de
diciembre de 2005].
Bueno, como en ese momento Ebrard no era funcionario sino candidato,
pues no era de la competencia de la CDHDF pronunciar algo al
respecto. Pero, ¿hubo alguna recomendación al Gobierno del Distrito
Federal, a la Secretaría de Seguridad Pública, por la negligencia de
Ebrard en los linchamientos en Tláhuac? No la hubo. Y ahí quedó el
asunto, como tantos otros. No hubo mamparas escenográficas con
nombres y edades de víctimas ni informes ampulosos ante los medios.
Ni el “nunca más”.
¿Y donde está(ba) el ombudsman?
¿Dónde estuvo el “defensor del pueblo” durante más de un año de
redadas impunes en esta administración, contra las que no averiguó
ni emitió recomendación alguna en relación con detenciones
arbitrarias que violan derechos fundamentales, instituidas como
política pública (como en los peores épocas del priismo)? ¿A qué se
ha dedicado Álvarez Icaza ante esta política pública y otras
violatorias de derechos humanos fundamentales? ¿No las había visto?
¿No se había percatado de ellas? Queda constancia de que tenía
conocimiento de ellas desde que Ebrard era secretario de Seguridad
Pública. Quizá ha estado muy ocupado en su campaña a La Nacional (CNDH),
en su pleito con Soberanes, en su carrera política. O hacía que no
se daba cuenta para llevarla tranquila con el jefe Ebrard y sus
diputados, para que le sigan aprobando sus incrementos
presupuestales cada año. Por eso sólo les manda unas pocas
recomendaciones al año y dos o tres declaraciones medio críticas a
la prensa y así se la llevan, cordialmente, como antes con Encinas,
a quien no confrontó ni por la avalancha de quejas que recibió por
el bloqueo de Reforma y el Centro histórico de la Ciudad de México.
En relación con los asesinatos de la discoteca New’s Divine Emilio
Álvarez Icaza se demoró casi tres semanas en lo que pudo informar a
las 72 horas de ocurridos los homicidios y de lo que los medios
dieron cuenta con profusión de detalles. Todos sabíamos, por
evidentes, de las violaciones a los derechos que se cometieron.
Ebrard decía: Hay que esperar al informe de la Comisión y ganaba
tiempo para ir sacrificando peones que salvaran su posición. El
ombudsman tampoco dijo nada. Fue una semana después al lugar de los
hechos a ver si había pasado algo. Pero un montón de fotografías y
videos publicados en numerosos medios ya nos habían dado cuenta de
los hechos e impidieron que el presidente de la CDHDF consintiera la
impunidad total, a lo que influyó para que no demorara más la
presión para que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos
atrajera el caso. Como dice
Miguel Ángel Velásquez,
en la cúspide de su histrionismo, con
el moño negro sobre la solapa –que sólo usó para esa mañana–,
pretendió, aunque no pudo, lanzar un grito de ya basta, que se ahogó
en su protagonismo […] Y todo eso –el moño, la mampara, el grito
ahogado– ¿era necesario para establecer la hipótesis de culpabilidad
que ya hasta sentencia tenía?
Un verdadero defensor del pueblo tendría que haber ido al lugar
desde que la información empezó a aparecer en los medios. Liberaron
a los menores detenidos doce horas después. Era obvio que sí
alcanzaba a llegar a dondequiera que los tuvieran. Como los muertos,
heridos y vejadas no son de la APPO ni del EPR ni del CGH ni del FDN
ni de las FARC o asociados el tratamiento es distinto, como el
de esas oenegés clientelares y maiceadas que muy orondas declaran
que no protestan porque “no hay suficientes elementos” o porque “ya
están consignados” los responsables. Este es el problema de hacer de
la defensa de los derechos humanos un asunto ideológico de izquierda
vs. derecha: discriminar positiva o negativamente a los
victimarios y a las víctimas según se incluyan en una, en otra o en
ninguna.
Bendita “responsabilidad ética”
Ahora, no pocos periodistas se van con la finta de la vacilada de la
“responsabilidad ética”. Eso no existe. Lo que hay son violaciones a
los derechos humanos fundamentales, violación a las garantías
individuales, y los servidores públicos que las hayan cometido
tienen responsabilidad administrativa (así como
por prestación ineficiente del servicio público) y penal. La
Contraloría, no la CDHDF —que no puede— debería haber inhabilitado a
Joel Ortega y a Rodolfo Félix Cárdenas junto con los rufianes del
ERUM (esos que se dedican a pedir dinero en botes), que negaron la
prestación del servicio (ayuda humanitaria) a víctimas civiles, e
imponerles sanciones económicas a ellos, no al propietario del
antro. Que ellos paguen de su bolsa las indemnizaciones a las
víctimas.
Así como están mal diseñadas e instituidas las políticas públicas de
seguridad, también lo están las relativas a las comisiones de
derechos humanos, pues ¿qué es eso de “responsabilidad ética”? Es
como si el director del Metro, ante un choque de dos convoyes con
varios muertos, corre a dos subdirectores y luego dicen que
ellos tuvieron responsabilidad “ética” y él “política”.
El ombudsman cubrió la espalda al jefe de Gobierno, al no haber dado
cuenta en la espectacular conferencia de prensa del historial de
recomendaciones que se ha negado a aceptar o ha incumplido. Esto se
debe a que las comisiones de derechos humanos, en México, no fueron
diseñadas o creadas para proteger a los ciudadanos de los abusos de
servidores públicos, sino para restituir legitimidad a los políticos
y a las agencias gubernamentales en momentos de crisis.
Vamos a ver qué tal le llega al ombudsman capitalino su aumento
presupuestal en términos porcentuales para enero. Le va a ir bien.
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* En coautoría con
Rogelio Villarreal
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