No Klein

 

 

 

Gracias a la publicidad patrocinadora, en la edición global por medio de Internet del diario marca comercial La Jornada puede leerse información relativa a la reunión de Naomi Klein con “el subcomandante Marcos” en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, el 17 de diciembre.

 Famosa globalmente por su libro No logo (2001), Klein elogió eufóricamente al “movimiento zapatista” como uno de los “más abiertos del mundo” y “uno de los mas duros”, que “nos abrió la idea de un intercambio de solidaridad, de ida y vuelta”. Por cierto, quien crea que el ezetaeleneismo es la neta debería cerciorarse de que los municipios que gobierna “Marcos”, desde hace más de una década, tienen índices de desarrollo humano —calidad de vida— superiores a los que tienen municipios vecinos, que se respetan más los derechos humanos y son más democráticos.

 Naomi Klein, ideóloga de la globalifobia, es una marca de escritora reconocida y exitosa gracias a la globalización de la industria editorial, pues en vez de poner a disposición sus libros en Internet, en algún servidor anarquista, usufructúa sus derechos en contrato con marcas editoriales trasnacionales, libros que en todos los estados de México se pueden adquirir gracias a las tiendas del capitalista número uno del mundo, don Carlos Slim, aunque a un precio caro.

 Los libros e ideas de Klein son productos de consumo cultural obligatorio para todos los altermundistas de pretensiones intelectuales, para todo adversario moral del neoliberalismo y antiestadounidense ferviente. Recién se ha publicado La doctrina del shock —manifiesto de una auténtica agorera del terror, como diría alguna de sus fans—, un título espectacular, como todo el altermundismo, que desde Seattle (diciembre de 1999) ha hecho de la protesta teatro y circo para la televisión.