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Pedagogía y política en Ortega
y Gasset
—Educar es hacer política—
Hay un problema educativo en el fondo de
la cuestión social europea y, desde luego, española. El hombre
medio moderno es un nuevo bárbaro, sabio en alguna rama
específica del saber, pero inculto, pues no está "a la altura de
los tiempos"; es decir, no tiene un "sistema vital de ideas"
sobre el mundo y el hombre,1 lo cual obstaculiza el
proyecto liberal de José Ortega y Gasset para España. Para que
el español medio se halle a la "altura de los tiempos", se
requiere un cambio cultural a través de la educación. "Buena
parte de los terribles problemas que hay hoy planteados —dice
Ortega— es que las cabezas medias están atestadas de ideas
inercialmente recibidas".2 Pero la educación no puede
seguir siendo la misma que hasta ese momento, Ortega se percata
de que "se lee demasiado, lo cual va acostumbrando al hombre a
"no pensar por su cuenta".3
Para este cambio cultural, atribuye a la
universidad una misión protagónica. Empieza reconociendo a los
universitarios como miembros de una élite: "Todos los que
reciben enseñanza superior no son todos los que podían y debían
recibirla, son sólo hijos de clases acomodadas. La universidad
significa un privilegio difícilmente justificable y sostenible".4
Y si la Universidad es por sí misma receptáculo de
privilegiados, para Ortega, antes que asegurar buenos
profesionales, la universidad debe —como imperativo categórico—
asegurar la capacidad en "la profesión de mandar", ya que "en
toda sociedad manda alguien —grupo o clase, pocos o muchos—, y
por mandar no entiendo el ejercicio jurídico de una autoridad
como la presión e influjo difusos sobre el cuerpo social. Hoy
mandan en las sociedades europeas las clases burguesas, la
mayoría de cuyos individuos son profesionales. Importa, pues,
mucho a aquéllos que estos profesionales, aparte de su especial
profesión, sean capaces de influir vitalmente según la altura de
los tiempos. Por eso es ineludible crear de nuevo en la
universidad la enseñanza de la cultura o sistema de ideas vivas
que el tiempo posee. Esta es la tarea universitaria radical".5
La condición ética que Ortega demanda para
mandar, es la posesión de cultura, la cual implica una educación
amplia sobre lo que es el hombre. Por eso dice: "si mañana
mandan los obreros, la cuestión será idéntica: tendrá que mandar
desde la altura de su tiempo; de otro modo serán suplantados".6
O sea que la permanencia en el poder depende de haber recibido
la educación adecuada. De no poseer ese conjunto de
conocimientos "es seguro que en todas las demás atracciones de
la vida o cuanto en las profesionales mismas trascienda del
estricto oficio, resultarán deplorables. Sus actos políticos
serán ineptos".7
Por tanto, la
universidad debe reconstruir "la unidad vital del hombre" con el
principio de "economía de la educación", que significa promover
un cambio pedagógico en favor de reconocer al discípulo y "sus
condiciones peculiares", es decir, sus circunstancias, como
condiciones que nos guíen para construir "organismos de
enseñanza".8
El hombre se
preocupa de la enseñanza por una razón simple: para vivir hace
falta saber una cantidad enorme de cosas, y se tiene una
capacidad limitada de aprender.9 Por ello se requiere
la actividad docente. La pedagogía cumple una función
fundamental para el proyecto de nación española que Ortega
ambiciona. Los pedagogos son capaces de formar la sociedad culta
que anhela, pues éstos tienen la capacidad para elevar a las
masas a hombres cultos, de los cuales han de conformarse las
minorías selectas. Si para Ortega las élites no nacen, sino se
hacen, los pedagogos han de ser los fabricantes de élites:
"Urge, pues, instaurar la ciencia de la enseñanza, sus métodos,
sus instituciones",10 con el propósito de hacer del
hombre medio, "ante todo, un hombre culto".11
Para Ortega es
un acto inmoral conquistar el poder sin un previo ideal de
gobierno. La acción política requiere un proyecto trascendente.
Es indebido separar acción política de ideal político. Si la
política es instrumento para transformar la realidad, en este
sentido idealista resulta una actividad educativa. Política es
un instrumento para transformar la realidad en un sentido ideal,
entonces resulta una actividad educativa, porque la educación
consiste también en transformar una cosa en otra, como a un
individuo imperfecto en uno virtuoso. Educar es hacer política.
Dice Fernando Salmerón: "en este sentido, pedagogía y política
resultan tareas paralelas, y aunque Ortega no lo diga
expresamente, el político debe considerarse sobre todo como
pedagogo".12
La
transformación de la organización económica y política queda
supeditada a la transformación educativa. "Para nosotros, por
tanto, es lo primero fomentar la organización de una minoría
encargada de la educación política de las masas. No cabe empujar
a España hacia ninguna mejora apreciable mientras el obrero de
la urbe, el labriego en el campo, la clase media en la villa y
en las capitales no hayan aprendido a imponer la voluntad áspera
de sus propios deseos, por una parte; a desear un porvenir
claro, concreto y serio, por otra. La verdadera educación
nacional es esta educación política que a la vez cultiva los
arranques y los pensamientos".13
"Si educación es
transformación de una realidad en el sentido de cierta idea
mejor que poseemos, la educación es la ciencia de transformar
las sociedades. Antes llamamos a esto política: he aquí pues que
la política se ha hecho para nosotros pedagogía social, y el
problema español un problema pedagógico."14
1 José Ortega y Gasset,
Misión de la Universidad, México, Espasa-Calpe, Colección
Austral, p. 67.
2 Ibidem, p. 48.
3 Ibidem, p. 48.
4 Ibidem, p. 67.
5 Ibidem, p. 75.
6 Ibidem, p. 75.
7 Ibidem, p. 77.
8 Ibidem, p. 83.
9 Ibidem, p. 86.
10
Ibidem, p. 89.
11 Ibidem, p. 93.
12 Fernando Salmerón, La
Mocedades de Ortega y Gasset. México, Universidad Nacional
Autónoma de México, cuarta edición 1993, p. 223.
13 Ortega, Obras
completas, tomo I, p. 302.
14 Ibidem, p. 515. |
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