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La sociedad democrática pluralista
Introducción
La sociedad
de nuestro tiempo es una sociedad pluralista, es decir, una sociedad en
la cual los grupos organizados se multiplican y se diversifican de igual
modo, según las necesidades, aspiraciones y exigencias que motivan su
existencia y su funcionamiento.
Esta
pluralidad de organizaciones llana, material y espiritualmente nuestra
existencia social. Tienen estas las más variadas denominaciones:
sociedades, asociaciones, ligas, uniones, movimientos, alianzas,
hermandades, centros, consejos, comités, partidos, etc.
Estos
organismos actúan específicamente de acuerdo con las funciones y
finalidades económicas, políticas, educativas, religiosas, recreativas,
científicas, profesionales, y tantas más que dan sentido a la
convivencia social. Reclaman nuestra atención y actuación dentro de
ellos.
La sociedad
en su conjunto puede tomar el rumbo y seguir la trayectoria que puedan
determinar estos numerosísimos y variados grupos.
Más claro
aun: la dirección de la sociedad puede llegar a ser ejercida por quienes
a su vez dirigen los grupos organizados. Los dirigentes de estos pueden
realizar una actividad capaz de trascender los objetivos de los grupos
en particular para convertirse en una dirección de la sociedad en
general.
La sociedad
democrática-pluralista
La sociedad
democrática pluralista aparece en este siglo y su consolidación ocurre
en los países desarrollados y es en las últimas décadas cuando se ha
venido generalizando.
Según lo
anterior, la sociedad democrática pluralista es la sociedad
contemporánea tal como se manifiesta principalmente en los países
desarrollados. Lo "pluralista" consiste en la multitud de grupos
organizados y en su indispensable e ineludible presencia en todas
relaciones del convivir social. Pudiera también llamársele sociedad de
organizaciones. Con "pluralista" también nos referimos a la creciente
diversidad de fines, propósitos u objetivos que persiguen los grupos
organiza dos.
Junto con
la multiplicidad y diversificación de los grupos, importa mucho hacer
notar el dato de su organización. Es característico de la sociedad
democrática-pluralista el gran número de agrupaciones, pero quizá sea la
estructura orgánica que estas tienen lo que las hace tan necesarias para
nuestra convivencia actual.
Revolución
de la vida social
Anteriormente a la sociedad pluralizada se vivía en una sociedad
estática y marcada con el signo de la inmovilidad y permanencia, en
tanto que la sociedad pluralista tiende hacia la dinámica y movilidad.
Este contraste proviene de las pocas instituciones fijas que
anteriormente existían y de las muchísimas y distintas que se encuentran
en la sociedad de nuestro tiempo.
Casi toda
la vida social de antaño la llenaba la familia, el gremio, el núcleo
religioso y la estructura del poder político, y sin que en estas
instituciones se efectuara cambio alguno durante siglos. En cambio, en
la actualidad resulta bastante difícil enumerar a los grupos organizados
a través de los cuales el hombre se relaciona con sus semejantes, del
mismo modo que las alteraciones o cambios de que dichos grupos son
objeto requieren de una muy ardua y complicada labor de estudio debido a
su dinámica.
Las pautas
de comportamiento y los papeles sociales correspondientes a los grupos
institucionalizados de la sociedad anterior a la pluralista tenían la
firmeza y estabilidad que perpetuaban las costumbres a través de
generaciones. En la sociedad pluralista el caso es inverso, ya que las
pautas de comportamiento, los modelos de conducta, las posiciones del
hombre en las instituciones y la complejísima red que estas forman,
producen sensaciones de inestabilidad frente a un incierto porvenir.
Por otro
lado la sociedad pluralista es eminentemente urbana. Anteriormente la
mayor parte de la población vivía en el campo y el núcleo familiar
estaba muy ligado a la tierra. Era un grupo mucho más numeroso que la
familia moderna de la sociedad pluralista, ya que comprendía en su seno
a muchos parientes que ahora están desligados; al mismo tiempo era un
núcleo cerrado y económicamente autónomo.
Relaciones
comunitarias y asociativas
Con
relaciones comunitarias nos referimos a aquellas basadas en la
legitimidad personal, el conocimiento y el contacto real; surgen
espontánea y naturalmente. Estas relaciones forman los grupos sociales
en los que sus componentes viven comunitariamente en la atmósfera
cultural que crean los valores de unidad familiar pertenencia regional y
de identidad de creencias, costumbres, etc.
En cambio,
las relaciones asociativas son aquellas que generalmente se originan por
motivos racionales. Surgen deliberadamente y se originan por un plan
preconcebido. Se dan aun entre extraños.
Las
relaciones asociativas son relaciones organizativas que valen por su
capacidad de cambio y adaptación a una gran diversidad de fines y
objetivos. De ellas resultan los grupos en que sus integrantes se
sienten motivados por la utilidad, conveniencia, interés o provecho de
la actividad que juntos han de realizar, para lo cual se basan en la
eficacia de la organización.
En toda
sociedad coexisten los grupos comunitarios y los grupos asociativos, y
las sociedades se distinguen según la supremacía que tengan estos o
aquellos. En base a ello podemos afirmar que en la sociedad pluralista
son las relaciones y los grupos asociativos los que ostentan una
innegable preponderancia.
Es más,
podemos decir que la evolución sociológica de la que emerge la sociedad
pluralista consiste en el debilitamiento gradual de los grupos
comunitarios tradicionales y en la multiplicación y fortalecimiento de
los grupos asociativos.
Un hecho
nuevo: la dirección pluralista de la sociedad
Algo que
aun no adquirimos plena conciencia es el que la sociedad en su conjunto
pueda tomar el rumbo que determinen esos numerosísimos grupos
institucionalizados. Más claro aun: la dirección de la sociedad la
pueden llegar a ejercer aquellos quienes a su vez dirigen a los grupos
organizados Los dirigentes de estos grupos realizan una actividad capaz
de trascender los objetivos de sus núcleos particulares para convertirse
en una verdadera dirección de la sociedad en general.
Este es un
hecho nuevo y característico del pluralismo contemporáneo y que aparece
en toda su potencialidad en las últimas décadas. Todavía a principios de
siglo la sociedad tenía una estructura distinta en la que la dirección
era ejercida casi en exclusividad por el poder público; pero ahora los
grupos institucionalizados intervienen cada día con mayor fuerza en los
asuntos públicos. En otras palabras, estos grupos reclaman
ostensiblemente una participación en los problemas que antes quedaban
reservados al gobierno.
Este es el
hecho nuevo: la posibilidad de una dirección social pluralista que se
lleve a cabo por el conjunto de grupos cuya organización les proporcione
la suficiente estabilidad y la eficacia para influir en los destinos
nacionales. Es un hecho que ya tenemos a la vista. Estamos en
condiciones de decir que las decisiones políticas pueden llegar a ser
sólo una parte del hecho nuevo consistente en la dirección social de
tipo pluralista que se realizará cabalmente cuando participen
sistemática y organizadamente los grupos institucionalizados.
Sin
embargo, es preciso indicar que en los momentos actuales este hecho
nuevo tiene una grandísima imprecisión. En ocasiones, los grupos actúan
cerradamente, buscando lo que pueda favorecer sus intereses
particulares. Operan bajo una dirección egoísta e incluso pueden atentar
contra los intereses sociales más trascendentes, con tal de lograr el
máximo de provecho para sus asociados. Otras veces, los grupos son
manipulados por sus dirigentes, emplean para ello el poder de la
organización,
Situación
de la dirección política en la sociedad pluralista
La política
es considerada, en primer término, como la dirección social ejercida por
los órganos de poder público. Pero debemos también entender por política
—dado el antecedente de hecho de nuestra sociedad pluralista— la acción
ejercida por los grupos organizados en tanto que tal acción esté
dirigida frente al poder del Estado para modificar de alguna manera el
orden jurídico.
Antes sólo
cabía la primera de estas dos acepciones. Hoy ambas son necesarias. La
dirección social es una realidad que la fuerza de las circunstancias
impone, es decir, una influencia inevitable, que los grupos organizados
ejercen sobre el curso de la vida social en general. Y dentro de este
vasto escenario de la sociedad pluralista la dirección eficiente,
técnicamente sistematizada, de la empresa, como grupo dotado de una
organización de gran solidez y estabilidad, cuya influencia
paulatinamente llega a las demás instituciones, pretendiendo abarcar la
dirección de toda la sociedad, se encuentra con la dirección política
que ejerce el Estado.
Conflictos
en la sociedad pluralista
Una
característica de la sociedad pluralista es su actual estado conflictivo
y el gran número de contradicciones que en ella ocurren. Debemos tener
en cuenta que la sociedad tradicional no ha desaparecido del todo. Es
cierto que el liberalismo la atacó despiadadamente; pero no pudo
destruir las tendencias que derivan de la naturaleza del hombre. Por
ello siempre estará viva la sociabilidad que fomenta la formación de
grupos en el seno de la convivencia. Esta es la encrucijada en que se
encuentra la sociedad pluralista. Contradicciones y conflictos que hacen
de los grupos sociales otros tantos centros de confusión, cuando no de
lucha y de desorden.
Familia.-
quiere aferrarse a los valores tradicionales para sobrevivir como núcleo
fundamental; pero, al mismo tiempo, sufre los efectos desintegrantes de
un falso espíritu de independencia individual o de una equivocada
tendencia de "liberación" que rompe la unidad del "nosotros".
Sindicato.-
quiere responder a la solidaridad profesional, tan tenazmente combatida
por el viejo individualismo; pero por los ardides de una política
totalitaria se convierte en instrumento de lucha para desquiciar el
orden social.
Empresa.-
pudo probar la fuerza de su organización y la eficacia de sus métodos
operativos en el campo económico. Se inspiró en el liberalismo y
proclamó su independencia como el secreto de la propia prosperidad. Sin
embargo, acumuló una enorme fuerza económica que luego transformó en
poder político, que como grupo de presión provocó desequilibrios
sociales, económicos y políticos. Hizo extensivo su predominio en las
esferas internacionales y logró en muchas ocasiones superar la soberanía
de los Estados.
A modo de
conclusión
Se pudo
pensar que la multiplicación de los grupos sociales era la mejor manera
de superar la atomización engendrada por el individualismo. Pero, ¿se ha
conseguido, de verdad, esa superación? No podemos contestar
afirmativamente cuando contemplamos a dichos grupos poseídos de de una
cerrada una cerrada y parcial ambición que les impide respetar los
intereses de los demás y ver la superioridad de los que corresponden en
la sociedad. El espectáculo es muy semejante al de la lucha abierta
entre los individuos que ayer favoreció el individualismo. Hoy en el
egoísmo de los grupos hace pensar que estamos aun dentro del mismo
desorden, aunque con aspectos distintos.
El ambiente
político es notoriamente confuso. La democracia dice apoyarse en la
voluntad de las mayorías; pero sabemos que en realidad son manejadas por
grupos minoritarios. Se dice también que la política la hacen los
partidos y que estos luchan en las urnas por lograr la mayoría de los
sufragios; pero que tan real —puede ser tal afirmación cuando poderosos
núcleos de poder actúan constituyendo cúpulas de un gobierno invisible.
Pero donde
aparece más claramente la confusión es en el caso de la autoridad. Los
ataques que se lanzan en su contra son cada día más duros por las
razones y motivos más contradictorios.
¿Qué hace
de bueno la autoridad? Parece que nada o muy poco, a juzgar por las
críticas de que es objeto. Creo que en gran parte esta situación se debe
a que la propia autoridad no ha sabido comprender los problemas de la
política en el contexto del la nueva sociedad pluralista. Ha caído en
los viejos moldes del liberalismo que en algunos casos, o ha pretendido
seguir las rutas del socialismo —que ya resulta también inadecuado— o
del estatismo totalitario.
En fin,
todo indica la necesidad imperiosa de replantear las cuestiones más
importantes de la vida social porque el pluralismo de la sociedad
contemporánea es el principio de una nueva etapa histórica y creemos,
equivocadamente, que es la conclusión de otras anteriores.
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