Populismo, premodernidad y
posdemocracia
Cesar Cansino e Israel Covarrubias,
En el nombre del pueblo, México, Cepcom, 2006.

A diferencia de la mayoría de los
libros sobre política que se encuentran en el mercado, En el nombre del
pueblo se trata de una obra que no busca el fácil éxito comercial a partir
de una coyuntura, ni obediencia a una consigna partidista como las que suelen
darse cuando hay una elección presidencial, sino que se dedica a explicar con
solidez académica eso de lo que se ha hablado tanto para referirse a lo que
supuestamente ha representado Andrés Manuel López Obrador: el populismo.
Definido el populismo por Cansino y
Covarrubias, politólogos del Centro de Estudios de Política Comparada A. C.
(Cepcom), a partir de sus atributos semánticos, se puede hablar de éste cuando
se coloca al pueblo por encima de la institucionalidad existente “gracias a una
simbiosis artificial con su líder”, quien personaliza de tal modo la política
como si sólo por su propia voz pudieran hablar las masas.
Dividido en cuatro partes, la primera
se concentra en la definición del concepto de populismo y su análisis
tipológico; la segunda, estudia la transición de México hacia la democracia; la
tercera, los populismos en México —que van de Cárdenas a Fox y López Obrador,
pasando por Echeverría, López Portillo y Salinas de Gortari—; y, por último, el
estudio de sus retóricas, referentes al nacionalismo y la democracia.
“Fox y López Obrador: dos populismos
en conflicto” es quizá el capítulo más ilustrativo para comprender que el
populismo no es una retórica, una ideología o una forma de gobierno propia de
una izquierda retrógrada o premoderna. Hay populismos de izquierda y de derecha
que resultan de distintos contextos políticos, y que difieren en cuanto a se
estrategia discursiva, la estructuración de sus políticas públicas, la relación
con la sociedad, la centralidad de su líder, sus fuentes de legitimidad y su
composición entre lo civil y lo militar.
De modo que los populismos
predemodernos se caracterizan por darse en contextos predemocráticos o
autoritarios; sus políticas públicas parten de una idea asistencialista o
paternalista y una organización corportativa de la sociedad y excesiva
personalización de la política que llega al culto del líder carismático o
tradicional, por lo que es frecuente que haya un fuerte componente militar en su
estructuración.
En cambio, los populismos
posdemocráticos son resultado de una sensación de malestar con la democracia, de
una amplia decepción en tanto han quedado pendientes por resolverse o de
reacción a su complejidad, de tal modo que resurgen tentaciones populistas si
bien se conservan los procesos electorales y las instituciones.
Fox y López obrador surgen por igual
de un proceso de incipiente democratización, que proviene de “una apertura
controlada” y no “de una transición pactada”, de modo que están presentes en el
escenario político nacional tanto rasgos de premodernidad como de posdemocracia
que se manifiestan en una crisis de la institucionalidad tradicional. Su
recomposición será seguramente el principal desafío del próximo presidente,
según nos deja ver este libro que concluye como una radiografía del sistema
político mexicano.