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Sobre la "obligatoriedad" de la educación preescolar
En diciembre de 2001 la Cámara de Diputados aprobó una reforma a los artículos 3° y 31 de la Constitución para establecer como obligatoria la educación preescolar de tres grados y para que los mexicanos hagan que sus hijos concurran a las escuelas de este nuevo nivel. En primera instancia estas reformas podrían parecer un gran logro para el avance de la educación nacional; pero, pensándolo bien no lo es tanto. Incluso podría considerarse como un error de planeación estratégica grave para la educación del país, en caso de que el nuevo texto constitucional se considere como criterio para la asignación presupuestal y que por ello se encaucen recursos crecientes para escolarizar a niños de tres años en lugar de destinarlos al nivel donde se cierra gravemente la curva de cobertura, que es el nivel medio superior. Esto dispersaría los recursos presupuestales y docentes en lugar de concentrarlos en donde hay mayor necesidad. Los datos de atención educativa a la población en edad de asistir a los distintos niveles de escolarización demuestran que mientras la educación básica —primaria y secundaria— se encuentra cubierta casi en su totalidad, en el nivel medio superior —bachillerato— la cobertura y la eficiencia terminal caen dramáticamente. Si en primaria egresan 97 de cada 100 y en secundaria 93 de cada 100, a nivel medio superior sólo ingresan 67 de cada 100 y lo terminan sólo 43 de cada 100.[1] Por lo anterior es prioritario concentrar esfuerzos en atender a la población en el rango de cursar educación media superior, de modo que cada peso adicional que logre destinarse a educación debería asignarse al bachillerato. ¿Por qué? Si uno o dos o tres millones de niños no van a preescolar, se quedan en su casa y no pasa nada. Algo podrán aprender también ahí. Si los niños cursan un año de preescolar en lugar de tres, tampoco pasa nada; su aprovechamiento en los primeros años de primaria podría no ser tan bueno como si hubieran tenido esa formación, pero dudo mucho que en sexto grado aquellos niños que no cursaron preescolar puedan distinguirse en su aprovechamiento de los que sí o que estén arrastrando deficiencias en la formación de sus capacidades y habilidades cognitivas. Es decir, ningún sujeto va a quedar condicionado al bajo aprovechamiento durante su escolarización el resto de su vida por no haber cursado tres, dos o un grado de preescolar. Si alguien no llega a educación superior, de verdad que no va a ser por no haber cursado tres grados de preescolar, será casi siempre por no haber cursado tres grados de bachillerato. Pero en el caso de muchachos en edad de acudir al bachillerato que no asisten por diferentes causas, tenemos un problema social del tamaño de México. Si estudian uno o dos años de bachillerato en lugar de tres, también es grave. ¿Qué hacemos con ellos, como país, como padres de familia, como autoridades educativas y como legisladores, si no van a la escuela? ¿Y qué hacen ellos? Vemos a muchos como subempleados, o en el comercio informal; otros tantos emigran o tratan de emigrar a Estados Unidos para trabajar ilegalmente; algunos más, en el peor de los casos, pasan a formar parte de la delincuencia organizada, cuyo número de bandas parece crecer día con día; y hay también los que encuentran en la vagancia una no opción para posponer su futuro, en una sociedad y un país que los pospuso a ellos como sujetos del desarrollo nacional y de su propio desarrollo. No creo que sea con tres años de educación preescolar como se vaya a remediar esta situación. La solución estaría más cercana si a esos jóvenes pudiéramos asegurarles que cursen una carrera técnica que les permita incorporarse con capacitación, conocimientos y práctica profesional en el mercado de trabajo que a la vez les dé la posibilidad de, eventualmente, cursar alguna modalidad de estudios superiores. Sin quedar demostradas las ventajas de cursar tres grados de preescolar sobre dos y sobre uno —tema por completo irrelevante en las evaluaciones educativas que hace la OCDE, el Banco Mundial y la UNESCO, dicho sea de paso—, el hecho de que haya planteles de educación preescolar públicos y privados con tres grados se debe a una razón pragmática y no pedagógica, y que consiste en que los Centros de Desarrollo Infantil (Cendi) y sus homólogos particulares que dan este servicio educativo cumplen la función de guarderías, con ciertas formas de escolarización, para las madres que trabajan y tienen esta seguridad social garantizada por el IMSS o el ISSSTE o que pueden pagar por ello. De allí también la llamada educación inicial desde los 40 días de nacido un bebé, guardería plus para atender a los bebés al término del periodo con licencia al que las madres tienen derecho en su trabajo después del parto. No se trata de negar los beneficios reales que pueden aportar este tipo de estímulos en el bebé, que sin duda los habrá, pero tampoco hay que magnificar sus posibles resultados, pues requieren, además de los nutrientes para su desarrollo, el contacto táctil y afectivo con su madre, que es en muchas ocasiones de lo que más carecen por permanecer 12 horas o más en una guardería. El punto es que si pensamos en el criterio de demanda para aprobar una reforma constitucional, puede constatarse que nunca ha existido demanda de la sociedad para tener que llevar a sus hijos desde los tres años a un jardín de niños. En cambio, es evidente la necesidad y la demanda de incrementar la cobertura y la eficiencia terminal del bachillerato. Por supuesto que no estoy diciendo que sea negativo que los niños cursen tres grados de preescolar, pero lo ideal sería que todos los niños pudieran cursar un año de educación preescolar (tercer grado, le llaman) sin que fuera requisito para su admisión en primaria y que todos los niños cuyos padres así lo necesiten, pudieran cursar tres grados de preescolar, como una forma de guardería escolarizada. Pero lo que se ofrece como un servicio educativo no debería volverse una obligación, porque ni el Estado tendrá capacidad para cumplir con su responsabilidad ni todos los padres tendrán la voluntad o posibilidad de cumplir la suya y serían ellos mismos los primeros en oponerse por numerosas razones de tiempo, dinero y esfuerzo si se les quiere exigir un certificado de preescolar para inscribir a sus hijos en la primaria. Un niño de seis años, más o menos tiene capacidad o madurez para poder ir por sí mismo o con un grupo a su plantel escolar; pero un niño de tres años sólo debería ir y regresar acompañado por un mayor de edad. Las posibles consecuencias financieras también pueden ser graves, por lo siguiente: De acuerdo con el XII Censo General de Población y Vivienda del INEGI del año 2000 sobre el número total de niños de cinco años, puede calcularse que hay una cobertura a nivel nacional de 76.4 por ciento a nivel nacional, que varía entre las entidades de la República en un rango que va del 89.5 en el DF a 60.8 en Chiapas. Para el segundo grado de preescolar (niños de cuatro años) la cobertura cae a 56.4 y en el primer grado de preescolar (niños de tres años) apenas es del 15 por ciento.[2] Para atender ese rezago en la cobertura que permitiera a todos los niños cursar al menos un año de preescolar (tercer grado, a los cinco años de edad), de acuerdo con la actual matrícula de escuelas, tendrían que construirse más de 18 mil 300 planteles, la mayoría de ellas en zonas rurales marginadas. A ello habría que agregar, la construcción adicional de aulas para los niños de cuatro y tres años. ¿Cuántos miles de millones se requerirían para este gasto que podríamos destinar a la educación media superior? Alcanzar la matrícula de educadoras necesaria para ello no es menos difícil, pues si el universo de la población de alumnos de cinco años que acude a preescolar lo dividimos entre 20 (promedio de alumnos por grupo), ¿cuántas educadoras más se requieren y que estén dispuestas a trabajar en comunidades altamente marginadas? Olvidándonos de fantasías como que las maestras de primaria van a pasar a preescolar en la medida en que se van cerrando sus grupos por falta de demanda, preguntémonos: ¿cuántas normalistas egresan cada año y cuántas se jubilan o reciben licencia para retirarse o son "comisionadas"? La obligatoriedad de la educación preescolar de tres años puede tener muy nobles propósitos en cuanto a los beneficios educativos para los infantes de tres a cinco años, pero no existen ni existirán en las próxima decada, por lo menos, los recursos presupuestales ni docentes para hacer realidad esta meta. Hasta que descienda, se estabilice y se urbanice la población en el rango de edad de los 3 a los 5 años. Lo que ocurrirá, según se irá viendo al paso de los años, es que no pudo destinarse esa cuantiosa cantidad presupuestal y que con mucho esfuerzo apenas se logrará una cobertura de un año de preescolar similar a la que se tiene en el primer grado de primaria, que es del 98 por ciento de la población infantil de seis años de edad. Hay una anécdota de la propaganda que cuenta que durante la Segunda Guerra Mundial los ingleses tuvieron que retirarse del continente cuando estaban cercados en Dunkerque, por lo que algunos diarios fueron presionados para que en lugar de informar que fueron derrotados, publicaran en la de ocho columnas: "Los ingleses avanzan hacia el mar". Algo así podría pasar con el Sistema Educativo Nacional y que nos dijeran que avanza, pero hacia el mar.
___________________________________________ [1] SEP, Programa Nacional de Educación 2001-2006. [2] Ibidem.
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