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Andar en la grilla y ser priista

 

 

Paros laborales en las clínicas del IMSS para protestar por la reforma a su ley, la reelección por aclamación de don Leonardo para continuar como secretario general de la CTM, impedir el desafuero de los líderes del sindicato de Pemex para enjuiciarlos, la “caída” del sistema en las elecciones de Oaxaca, cerrar filas para respaldar al ex presidente Luis Echeverría ante los tribunales. Estas son algunas expresiones recientes de la cultura política priista.

 

La cultura política es el conjunto de ritos, símbolos, relatos y mitos en torno a los cuales se establecen las relaciones de poder. La priista ha sido la cultura política de las charolas, los séquitos, los acarreos, el besamanos, la pasarela, el tapado, el dedazo, el año de Hidalgo y muchos etcétera que le dieron al sistema político mexicano sus rasgos pintorescos, y a los miembros del Partido Revolucionario Institucional un conjunto de reglas y hábitos que prevalecen como su esencia misma. En los siguientes párrafos hacemos un recuento mínimo de algunos de ellos.

 

 

Los actores

El líder. Es quien representa los intereses de las bases y lucha por atender sus necesidades. Para ello, el líder gira instrucciones a su equipo, toma acuerdos con otros líderes y marca la línea. (Por lo general ha sido otro líder quien lo ha apadrinado para llegar a ocupar la posición que tiene.)

 

El equipo. “Andar en la grilla” quiere decir que se pertenece a un grupo que va y viene con su líder y realiza las tareas que él requiere: desde tener lista su camioneta en el lugar correcto a traer siempre los cigarros que le gustan; desde tomar recados de las llamadas que recibe a cargar su portafolio; desde hacer carnes asadas a organizar la porra.

 

Las bases. Son el apoyo popular que tiene un líder; los efectivos con los que cuenta para movilizaciones, para votar a su favor y para presionar a sus adversarios. Las bases son sindicatos, grupos de colonos, organizaciones campesinas, comités estudiantiles, frentes cívicos, etcétera.

 

Las prácticas

Dar, recibir o pedir línea. El líder siempre señala a su equipo y a sus bases aquello de lo cual se debe estar a favor o en contra, puesto que no se debe opinar ni actuar sin conocer qué marca la línea. Es importante tener en cuenta que la línea puede cambiar dependiendo de las circunstancias. Puede indicar un día: “sí al aumento al IVA” y otro puede clamar: “no al aumento al IVA”, por ejemplo.

Tomar acuerdos. Esa es una de las actividades más importantes de la chamba del líder, quien se reúne con otros líderes para decidir la posición que se debe tener sobre un asunto y definir la línea. El líder no se manda solo.

Picar piedra. Para formar parte de un equipo se requiere hacer méritos. Una manera de hacerlo es operar para el líder y su equipo durante un periodo de tiempo no convenido sin paga alguna, hasta que el líder o alguien cercano a él acepte finalmente darlo de alta en alguna nómina.

Gestionar o “hacer gestoría”. Puesto que el líder tiene compromisos con sus bases por las promesas que les ha hecho a cambio de su apoyo, su equipo debe dar respuesta a las solicitudes para atender numerosas necesidades: plazas laborales, servicios públicos, materiales para construcción, dinero en efectivo, viviendas, inscripciones en planteles educativos, permisos, licencias, etcétera. Para ello se les entrega a los miembros de las bases cartas (u “oficios”) en las que, invocando el nombre del líder, se solicita a las instancias competentes que den respuesta efectiva a todas esas demandas.

Hacer guardia. Consiste en que uno o varios miembros del equipo permanezcan durante los fines de semana, los días festivos o altas horas de la noche y la madrugada pendientes de que ocurra algo importante para informarle urgentemente de ello al líder, como puede ser una llamada telefónica, una invitación o un fax de alguien importante. Esta práctica se estableció en una época en la que no había telefonía celular, ni correo electrónico, ni medios electrónicos que informaran de inmediato, pero se conserva como una bonita tradición que da testimonio de la disciplina de la militancia.

Esperar instrucciones. No siempre el equipo debe ir completo de un lado a otro con su líder, por lo cual una parte de él se queda esperando instrucciones en alguna base de operaciones mientras se ilustra con la lectura pormenorizada de algún diario deportivo, incrementa su vocabulario resolviendo crucigramas o contempla la belleza femenina gracias a alguna revista especializada. Estas actividades concluyen cuando llega la instrucción de qué hacer, quedarse allí o ir a esperar instrucciones a otro sitio.

Operar. Es una manera de esperar instrucciones de manera activa. Es decir, mantenerse dentro del rango de vista del líder en todo momento, para poder dar respuesta inmediata a sus instrucciones o para dejar constancia de que puede contar con uno. Si el líder pregunta: “¿qué estas haciendo?”, la respuesta no puede ser otra que: “operando, mi líder”.

Manifestar apoyo. Movilización semiespontánea de las bases para expresarle a su líder que representa genuinamente sus intereses.

 

 

Reglas del líder

1. Nunca gastar de su sueldo. Para eso está el presupuesto. Todo es “facturable” o puede cargarse a la nómina, al fondo revolvente y, en último caso, a una cooperación “voluntaria” del equipo o de las bases.

2. Darse su lugar. Debe permitir que su equipo haga su trabajo y le brinde las atenciones que merece.

3. Dejarse querer. A las bases les gusta el festejo. En tales ocasiones hay que darles abrazos efusivos y hablarles bonito.

4. Premiar y castigar a los miembros de su equipo de acuerdo con su desempeño.

5. Nunca decir que no. Prometer no empobrece y siempre habrá a quien echarle la culpa si no pueden cumplirse las promesas.

6. Nunca enojarse. Mejor dicho, nunca manifestar enojo. (“Tragar sapos sin hacer caras”.)

7. Saber negociar con otros líderes. Es preferible ganar algo que perder todo, apoyar al triunfador y cobrar cuentas “en frío”.

 

 

Reglas del equipo

1. Nunca saltarse las trancas. En el equipo hay jerarquías establecidas que dependen de la proximidad que se tiene respecto al líder, las cuales deben respetarse.

2. Nunca brillar por uno mismo. Al líder se le debe dar su lugar siempre, lo que implica que sólo él debe brillar. El equipo trabaja para el líder y no para sí mismo, por lo que  todo esfuerzo, talento y logro de “su gente” deben tener ese fin.

3. Nunca cambiar de líder. Debe estarse con él en las buenas y en las malas.

4. Nunca cuestionar ni contradecir al líder. La política se rige por intereses, no por razones, por lo cual el líder sabe lo que es mejor para él. No hay que entenderlo, sólo hay que cumplir con sus instrucciones y seguir la línea.

5. Elogiar al líder. Puesto que el líder requiere mantener elevada su autoestima y estar seguro de sí mismo, el equipo debe expresarle todas las virtudes que posee y algunas otras, admirar su buen gusto y confirmar que tiene razón en todas sus afirmaciones.

 

Reglas de las bases

1. Confiar en el líder. Tarde o temprano, él cumplirá.

2. Acudir al llamado del líder. Marchar, protestar, votar, “hacer bola” y “echar porras” son las principales maneras de corresponderle al líder por los beneficios que ha recibido de él.

3. Seguir al nuevo líder. Cuando por cualquier causa el líder deja de serlo y su lugar es ocupado por otro, a ése es a quien hay que apoyar.

 

Los valores

Para el priismo existen dos valores supremos sobre los cuales se ha fincado su cohesión. Tanto el líder como su equipo y las bases deben cimentar sus actos sobre ellos:

Disciplina. Consiste en saber “esperar los tiempos”, cumplir con las instrucciones que se reciben, alinearse, nunca manifestar disgusto o antipatía; “aguantarse” cuando se pierde, no quejarse y

Lealtad. Los errores se perdonan, pero las traiciones no. El líder, el equipo y las bases deben ser leales entre sí, no como un asunto de principios o ideales, sino por simple sobrevivencia.

 

 

¿Más vale malo por conocido?

Con todas las críticas que puedan hacerse a esta cultura política, el PRI sigue ganando elecciones en gobiernos estatales y municipales, y también gana mayorías en congresos locales y de la Unión. Ante la decepción y descrédito de otras opciones, ¿será capaz de regresar a Los Pinos en 2006? Entre algunas bases priistas se escucha comentar: “¡Qué se vayan los pen... y regresen los corruptos!