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Los otros privatizadores, en el Gobierno del DF
Con la elección democrática del Gobierno del Distrito Federal (GDF)
y la manifiesta militancia de izquierda de sus titulares, llegó
también una tendencia modernizadora, la cual ha implicado que el
servicio público se realice cada vez más por empresas privadas y, en
consecuencia, por los empleados que ellas contratan. Los siguientes
son algunos casos que así lo ilustran.
La recaudación tributaria era una actividad realizada exclusivamente
por los trabajadores de las oficinas de la Tesorería, pero el primer
acto de gobierno de Andrés Manuel López Obrador fue ampliar la
recepción de pagos en los bancos, con lo que elevó 25 por ciento los
ingresos tan solo en el primer cuatrimestre. Luego hizo auxiliares
de la Secretaría de Finanzas para prestar estos servicios a varias
cadenas de tiendas de autoservicio (supermercados). En continuidad y
congruencia con esta política pública, la administración de Marcelo
Ebrard ha normalizado el procedimiento de “línea de captura” en
formato único vía internet, de modo que actualmente son las cajeras
de las sucursales de diez sociedades anónimas y de las instituciones
bancarias (mayoritariamente extranjeras), quienes hacen constar los
pagos de impuestos, derechos y multas. En su momento, López Obrador
aseguró que en las oficinas de la Tesorería “se fugaban” al año mil
millones de pesos, cuestionando así la honestidad de los servidores
públicos de esta dependencia (La Jornada, 13-IV-2001). Por
cierto, ¿alguien sabe cuánto ganan los super y bancos por
recibir estos pagos?
En lo
que respecta al cobro por agua, actualmente cuatro empresas tienen
concesión para ello y a partir del próximo año el GDF otorgará a la
iniciativa privada “participación integral”, para que además
distribuya y mida el consumo. Es decir, privatizará servicios que
realizan trabajadores del Sistema de Aguas de la Ciudad de México
por subestimar la capacidad y resultados de ellos: “la utilidad de
cada empresa se basaría en que no haya fugas, en cobrar bien y para
lograr eso tendrá que ser eficiente en la distribución, en que no
haya fugas, en que sea eficiente en su medición, pues si tienen
fugas pierden dinero y si no la miden bien estarán regalando el
líquido”, dijo su secretario de Finanzas, Mario Delgado, (El
Universal y Milenio, 21-VIII-2009).
Asimismo, una modalidad gerencial que abarca a toda la
administración pública es la del outsourcing. Es decir, la
contratación de empresas que proveen, principalmente, de recursos
humanos, para que el patrón no adquiera obligaciones legales con los
trabajadores. En este caso el GDF y todas sus dependencias y
entidades han incorporado personal subcontratado a las funciones
organizacionales. Áreas como las relacionadas con la intendencia han
sido cubiertas por completo bajo este esquema, de tal modo que las
plazas de los trabajadores que estaban destinadas a ello fueron
transferidas, por acuerdo, a cumplir con responsabilidades de otra
índole.
Herencia de los gobiernos priistas es la venta de hologramas de
verificación vehicular, por lo cual el ciudadano tiene que pagar las
utilidades de los propietarios de los centros que cuentan con la
concesión para ello (“verificentros”). Hubiera podido esperarse que
gobiernos de filiación de izquierda revertieran este diseño en la
prestación y cobro del servicio, para que su operación se realizara
con personal y patrimonio de la Secretaría del Medio Ambiente (SMA),
pero al día de hoy son 59 sociedades anónimas las que realizan este
servicio público con técnicos y trabajadores administrativos
contratados por ellas.
Otra
vertiente de la modernización es la de leasing, es decir,
alquilar vehículos en vez de adquirirlos como activos fijos. En este
caso, las grúas que la Secretaría de Seguridad requiere operar, han
sido contratadas por el GDF a sociedades anónimas desde enero de
2005, con lo que se privatizó el servicio público de arrastre para
el muy lucrativo negocio de éstas, que obtienen cerca de la mitad de
lo que paga el infraccionado. Son también empresas particulares y su
personal administrativo, las que se encargan de inspeccionar e
inmovilizar a los vehículos estacionados sin pago frente a los
parquímetros que tienen concesionados y cobrar las multas por ello.
Un
proyecto que ha quedado pendiente tiene que ver con la modernización
de la infraestructura urbana para la vialidad de automóviles
particulares, como es la obra de un túnel en la zona poniente de la
ciudad, que iría desde el Auditorio Nacional hasta Santa Fe, y que
forma parte de la estrategia gubernamental para captar inversión y
generar empleos, para lo que se invitó a más de cien empresas “de
todo el mundo” (Milenio, 21-IV-2008). Sin embargo, se ha
visto pospuesta su realización, al parecer por la objeción de
políticos opositores y líderes de opinión a que se cobraría por el
peaje. Cabe señalar que el cobro de un particular por la provisión
de un bien o servicio público no está fuera de la realidad del DF y
este proyecto tendría que tener viabilidad si consideramos que,
durante la anterior administración, trabajadores a las órdenes de la
empresa española Gas Natural zanjaron la carpeta asfáltica por
doquier para enterrar la instalación de distribución que le permite
a ésta usufructuar el subsuelo de la nación, sin ingreso alguno para
las finanzas públicas de la localidad.
Como parte de la modernización urbanística para el mejoramiento del
transito vehicular, se emplean también estrategias innovadoras como
la de enajenar inmuebles de la ciudad a cambio de materiales para la
realización de obra pública. Este fue el caso de los convenios que
López Obrador firmó durante su administración para canjear doce
terrenos de la zona de Santa Fe por cemento con empresas que lo
producen y comercializan (El Universal, 10-XII-03). La
enajenación y venta de patrimonio del Distrito Federal, por medio de
su empresa paraestatal Servicios Metropolitanos (Servimet) ha
permitido también revaluar el valor comercial del suelo en la
ciudad. Gracias a ello la zona donde antes estaba el basurero de
Tlayacapa, hoy se ha convertido en un polo de desarrollo
habitacional y empresarial, donde se edifica el campus Santa Fe del
Tecnológico de Monterrey
Como dato pertinente puede citarse la experiencia del actual jefe de
Gobierno en procesos de modernización y gestión administrativa, que
se remonta a cuando era secretario General del entonces Departamento
de Distrito Federal. Fue entonces que el presidente de la República,
Carlos Salinas, y el regente de la capital, Manuel Camacho,
prácticamente liquidaron al autotransporte público en la demarcación
a favor de los consorcios de peseras (y luego microbuses), en
perjuicio de los trabajadores del Sindicato Único de Trabajadores de
Autotransportes Urbanos Ruta 100 (Sutaur100), quienes militaban en
el opositor Movimiento Proletario Independiente (véase: Angélica
Cuellar, La cara oculta de Ruta 100, UAM-PyV). Cabe notar que
ahora la política de modernización del transporte público corre en
sentido contrario, por la propiedad pública y la operación de las
unidades de servicio por parte de la Secretaría de Transportes y
Vialidades (Setravi).
Por lo expuesto anteriormente puede afirmarse que durante la última
década las políticas públicas en el GDF han tenido un fundamento
importante en la racionalidad económica y criterios como los de
eficiencia y eficacia (cumplir metas a menor costo), que
eventualmente se sobreponen a otros de índole política normados por
principios como el nacionalismo, el fortalecimiento de la empresa
pública y el respaldo a las reivindicaciones favorables al trabajo
sindicalizado.
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