Propaganda y cinematografía


 

Propaganda y cinematografía en tiempos de guerra y de paz

 

Entre los productos creados por la publicidad, la propaganda o las políticas de guerra, figuran las imágenes de nosotros mismos y de nuestra subjetividad.

Alain Touraine

  

Toda película es propaganda

Como definición operativa entiéndase por propaganda la difusión de mensajes cuyo contenido es de carácter ideológico, con el propósito de que el público meta comparta su adhesión, convencimiento o simpatía, o para causar en él comportamientos o actitudes deseadas. El contenido ideológico puede referirse a convicciones políticas, religiosas o morales; y se expresa, por lo general, como versiones simplificadas y exageradas de la realidad o de la realidad deseada. No puede decirse que sus mensajes sean verdaderos ni falsos, pues, con frecuencia, son combinación de ambos; mezcla de hechos con ideales y aspiraciones, de contrastes maniqueístas e historias de bronce. O puede ser la ironía, la ridiculización o la denostación de un adversario real o imaginario, que invariablemente representa sujetos con intereses contrarios a la idea que se defiende.

No es que toda película sea propaganda, afirmación, aunque extrema, habría que considerar como posible; pero sí que en casi todas podemos encontrar algún contenido propagandístico, sea de un modo abierto o sutil, de manera argumentativa o emotiva; a través de palabras o de imágenes. Toda película que trate del aborto, por ejemplo, necesariamente pasa por la lectura del público que juzga si está a favor o en contra de este acto, y el realizador es consciente de que eso ocurrirá. En infinidad de películas vemos el tratamiento de temas como la equidad de género, la promoción de los derechos humanos, las bondades del sistema democrático, la justicia garantizada por el Estado de derecho; o vemos las expresiones opuestas a éstos, como el maltrato a la mujer, la violación de los derechos humanos, el terrorismo y el crimen organizado. En todos los casos el realizador tiene una posición y un tratamiento del tema para decírselo al público. Hay películas en las que triunfan los delincuentes y los argumentos celebran que así sea, quizá porque consideran que el sistema jurídico es corrupto o porque justicia y legalidad no tienen una necesaria correspondencia; o, en contraparte, muchas otras películas identifican la justicia y el bien con las instituciones del Estado, por lo que al final el delincuente es encarcelado o asesinado (ajusticiado). En cada caso el realizador tiene una idea distinta sobre esos valores y la manera de narrarlos.

Algo más, el producto cinematográfico es relativo a su metapropaganda. En muchas películas se justifica la violencia, y esa justificación es propaganda pura; razonable o no, simpática o no, pero ese argumento es, con frecuencia, la diferencia entre una película llamada "de acción" y una gore, lo que quiere decir que la narración está subordinada a la posición personal del realizador respecto a la historia y la manera en que decide contarla. Por eso una película gore está exenta de propaganda, porque no justifica la violencia; es, simplemente, la violencia por sí misma. Como una película pornográfica, cuya cualidad definitoria es que no justifica las escenas de relaciones sexuales explícitas, se presentan porque sí, sin tramas pasionales ni interés económico; con todo y que se presenten situaciones fantasiosas, es puramente hedonista, pues no hay en ella otra intención que la de mostrar esas escenas. En cualquier película matar a un terrorista o arrojar una bomba sobre población civil tiene un argumento propagandístico por el cual se justifica y sin él sería obscenidad. La diferencia cinematográfica entre el asesinato y la legítima defensa es, casi siempre, un argumento propagandístico.

 

El cine de propaganda en tiempos de guerra

La propaganda cinematográfica como instrumento del Estado puede parecer, en primera instancia, un fenómeno exclusivo o preponderante de los totalitarismos, lo cual no es cierto, pues en los países en que hay un sistema republicano y de partidos que compiten por el gobierno en elecciones, con todo y su libre mercado e iniciativa privada, la producción de películas propagandísticas puede operar tan bien o mejor que en las dictaduras.

En tiempos de guerra también se libran batallas en el campo de la propaganda y se producen películas que enaltecen los valores que el discurso oficial abandera como propios para lo siguiente:

  • Justificar y legitimar la beligerancia propia: la guerra es justa, inevitable y necesaria por el bien de todos.

  • Ganar o mantener el apoyo popular en ese sentido: se lucha por la patria, por dios, por el pueblo, por nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, para salvaguardar nuestra independencia, soberanía y libertad.

  • Descalificar y condenar a quienes se oponen: traidores a la patria.

  • Elevar el estado de ánimo cuando las circunstancias son difíciles o desfavorables: la victoria será resultado del sacrificio.

  • Confundir los hechos históricos y la responsabilidad de ellos con la versión de un relato: el enemigo es culpable de todo lo malo.

 

La narración propagandística puede referirse al pasado, representando una supuesta rememoración de acontecimientos históricos en los que hay analogías sobre la situación presente, de las cuales el espectador debe aprender una lección o moraleja que oriente su comportamiento; puede también referirse al presente haciendo evidente la ruindad del enemigo, la participación valerosa de las tropas en el frente de guerra, el entusiasmo de los civiles que trabajando en la industria de guerra, la infalibilidad de las autoridades, entre otros temas; o puede prever el futuro, diciendo al espectador la desgracia que le depara si no colabora o los beneficios que le esperan si así lo hace.

Por ejemplo, en el caso de México la propaganda en tiempos de guerra enalteció la participación del Escuadrón 201 en la Segunda Guerra Mundial. Existe una película titulada precisamente Escuadrón 201 (Jaime Salvador, 1945), en la que los pilotos son presentados, por supuesto, como héroes poseedores de atributos como valentía, abnegación, patriotismo, bravura y varios otros. El hecho es que la participación del Escuadrón 201 fue absolutamente intrascendente para definir el resultado de alguna batalla, ni siquiera tuvieron un solo combate contra la aviación japonesa, cuando la participación verdaderamente importante fue la de más de 300 mil trabajadores mexicanos que emigraron a Estados Unidos para apoyar sus actividades económicas y productivas, y de otros 15 mil que se enrolaron a las fuerzas armadas norteamericanas. De ellos no hay películas ni homenajes, y fueron defraudados en tanto los que aún viven siguen sin cobrar las pensiones que les fueron prometidas. Esto demuestra que los motivos de la propaganda son selectivos y que requieren personajes a los que se les puedan atribuir cualidades de heroicidad. Y... ¿el envío del Escuadrón 201 a operaciones militares en el Pacífico no fue, en sí mismo, un acto propagandístico? El lenguaje de la propaganda es primordialmente simbólico.

  

El cine de propaganda en tiempos de paz

Incluso en las democracias, la paz puede ser la preparación para la guerra y la cinematografía cumpliría los siguientes fines propagandísticos:

  • Contribuir a la configuración del imaginario de la identidad nacional.

  • Fomentar el sentimiento de unidad nacional y el orgullo de pertenencia a la nación.

  • Confundir la idea de nación con la de gobierno y presentar a éste como el órgano supremo del pueblo: oponerse al gobierno es oponerse a la nación y ser enemigo del pueblo.

  • Advertir sobre los enemigos que pueden atentar contra la seguridad nacional.

  • Justificar el gasto público en armas, ejército y burocracia.

 

En el cine producido en México durante el régimen autoritario abundan ejemplos de este tipo de películas como episodios de la historia patria, al estilo de los libros de texto oficiales obligatorios: la Conquista, la Colonia, la Independencia, la Reforma y la Revolución. Historia de bronce de buenos y malos, héroes y traidores, mexicanos y extranjeros, patriotas y cobardes, que entre líneas podía leerse: priistas y opositores.

Actualmente, para los gobernantes mexicanos de cualquier signo partidista las principales amenazas a la estabilidad política (“gobernabilidad democrática”), la paz social (que no haya revoluciones) y la seguridad nacional no son el narcotráfico ni el terrorismo, sino la caída en los precios del petróleo y el agotamiento de las reservas, así como la edificación de un muro en la frontera con Estados Unidos que impidiese el escape de la pobreza de medio millón de mexicanos anualmente y quién sabe cuántos centroamericanos más.

De modo que el cine de propaganda oficial de la transición democrática sería aquel en el que los cineastas asumieran como propio el discurso oficial de oposición al muro fronterizo y lo reprodujeran acríticamente en sus películas, con lo que brindarían un favor al gobierno al enfatizar los efectos de una problemática que tiene su causa en factores endógenos y traspasar narrativamente la responsabilidad a un gobierno extranjero de los males que aquejan a millones de mexicanos. Una aproximación es el caso de Un día sin mexicanos (Sergio Arau, 2004) y tangencialmente se trata el tema en cuanto a la relación México-Estados Unidos en Babel (Alejandro González Iñárritu, 2006) e Y tú, ¿cuánto cuestas? (Olallo Rubio, 2007).

Por otra parte, en el caso de Estados Unidos, los motivos patrioteros del cine hollywoodense se reproducen casi sin disenso ni oposición al Estado norteamericano, como no haya sido en el tema de Vietnam, desde que en los años cincuenta el Comité de Actividades Antinorteamericanas llamó a comparecer a varios directores, productores, guionistas y actores por considerarlos sospechosos de espionaje o sabotaje a favor de la Unión Soviética, debido a su simpatía o militancia comunista. A partir de entonces las tramas varían en cuanto al villano y al héroe, ajustándolas a la correspondiente coyuntura histórica. De modo que el cine norteamericano concilia la glorificación del hedonismo de la sociedad de consumo con los valores libertarios y justicieros de los padres de la patria y su destino manifiesto.

La estructura narrativa y los atributos de los roles son siempre los mismos: el sueño americano, al pasar por el celuloide, garantiza que en la ruleta de la suerte del mercado cualquier paria puede convertirse en triunfador o salvador de la humanidad (occidental), con el solo hecho de haber nacido en Estados Unidos. ¿Cuántas de las películas llamadas de acción producidas en Hollywood poseen los elementos narrativos del cine de propaganda: la exageración, la amenaza, la intimidación y el desencadenamiento de la catarsis? ¿Hay alguna que no?