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San Cristóbal lounge city
Lo que hace
el dinero: San Cristóbal de las Casas, Chiapas, transitó en pocos años
de la premodernidad a la modernidad y simultáneamente a la
posmodernidad. Parece uno estar en un pueblo español y no en uno
mexicano por las evidencias: calles perfectamente pavimentadas y
limpias, fachadas bien pintadas respetuosas de los ordenamientos
urbanos, multitud de pequeños comercios familiares, ausencia de comercio
ambulante y puestos semifijos de venta de mercancía pirata; transporte
público cómodo, seguro y suficiente; y, por si fuera poco, seguridad.

Se trata de
una aldea globalizada gracias a la tele por cable, los numerosos y
baratos cafés Internet, el libre comercio, la radio con música en
inglés, el turismo internacional y su atractivo como destino para llevar
inversión y donativos que se suman al elevado gasto público federal y
estatal. Ahí, chavos bien acuden a darse baños de realidad
en calidad de trabajadores voluntarios en proyectos de desarrollo en las
comunidades indígenas, a la par que los activistoides oenegeros
profesionales, con quienes comparten espacios de entretenimiento como
antros de atmósfera Buddha-Bar.

Por cierto,
los viernes de expresión juvenil dan lugar a toquines de las bandas
locales en un espacio aledaño al Palacio Municipal, donde hay cabida
para darketos, punketos, clashers y demás tribus acordes a la exposición
bio-diversidad de la Casa de la Cultura que da muestra de la pluralidad
de identidades juveniles locales. Pero la banda de gusto más tradicional
está clavada en la onda duranguense y balada-banda, mientras que para el
público maduro y adulto mayor lo que rifa es la chilanguísima Santanera
y rolas como las de Los Ángeles Negros.

Mientras,
la clase política de la izquierda progre avecindada en la localidad
afianza sus relaciones en torno al sacramento del matrimonio católico,
según se aprecia en el atrio de la iglesia de San Francisco. El caso es
que en San Cris no hay otra revolución que la del nombre de un bar
lounge y “e zeta” es una muletilla de algunos turistas despistados
para quienes hay a la venta camisetas de íconos del pasado en el mercado
de artesanías, posiblemente importadas de Iztapalapa.

Chiapas
es otro Chiapas,
tal como dice la propaganda gubernamental, y las nuevas y funcionales
carreteras facilitan los traslados de personas y mercancías de un
poblado a otro integrados a lo nacional gracias a que todo
México es territorio Telmex, los Oxxo abren las 24 horas y el
consumo cultural permite compartir los imaginarios colectivos
transterritoriales ya sea por la final de fútbol América-Pachuca o por
la final de Miss Universo.
A propósito
de ello, las compañeras feministas han estado tan ocupadas en Ciudad
Juárez y en el feudo de Ebrard para la aprobación del aborto, que
descuidaron este flanco en el sur del país en su guerra contra los
medios de comunicación, pues en plena Plaza Catedral el Canal 5
local realiza certámenes de belleza para elegir a la adolescente que
periódicamente renueva se imagen. Para consuelo de las feministas, baste
saberles que el canal no impone modelos de belleza importados
sino que presenta a los autóctonos.

Pero no
todo es veleidad y glamour, puesto que las estudiantes de la Universidad
Intercultural —una joya— se preparan en carreras como Turismo
Alternativo (aunque en un nuevo plan de estudios podrían llamarle
Turismo Indie), clases que reciben en lenguas de sus etnias y a
las que acuden con vestidos tradicionales que combinan con calzado
Converse o sandalias chinas como muestra misma de las fusiones —no
tensiones— entre lo local y lo global, lo antiguo y lo moderno, y lo
propio y lo ajeno, al punto en que su distinción se vuelve
insignificante.
 
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