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Sondear a México Federico Reyes Heroles, Sondear a México, México, Océano, 1995, 206 pp.
Sondear a México compila ensayos y conferencias que intentan ir a los hechos presentes e interpretarlos. La clave está precisamente en lo subrayado, pues ocurre que tenemos supuestos (anclados en el pasado o en discursos ideológicos de la clase gobernante) sobre México y lo mexicano, los cuales no corresponden, hoy por hoy, con la realidad. Aparece así a nuestros ojos un mosaico de diversos temas: democracia, Estado-nación, cultura e historia. Se trata de un libro desmitificador: no somos tan nacionalistas y antiyanquis como suele decirse, ni tampoco somos tan religiosos o moralistas como creemos; argumentaciones que se fundamentan en las encuestas que publica la revista dirigida por el propio Federico Reyes Heroles: Este País. México se ha transformado radicalmente durante el último cuarto de siglo. Su población cambio en lo numérico y en lo cualitativo: aparecieron nuevos actores sociales y vienen proliferando los reclamos para transformar el sistema autoritario. Precisamente, el ejercicio de sondear a México destruye la visión homologadora y conduce a reconocer que la sociedad mexicana es plural y que las categorías universales han caído sin que surjan otras. Pero algo cierto es que el tránsito de la conciencia individual a la conciencia colectiva está aparejada del reclamo democrático. De hecho, ya no se necesita esperar el momento electoral para conocer el sentir popular sobre alguna situación, lo cual se demuestra en que la simpatía o rechazo al gobierno se manifiesta en movilizaciones populares. Esta nueva sociedad mexicana es distinta a lo que muchas veces piensa de sí misma. Por ejemplo, la idea de “lo mexicano” como algo cultural goza de muchísimo apoyo, pero en lo concreto no se verifica. El mexicano presente no se siente actor de la cultura, sino que le parece cosa de sus antepasados, pues, de hecho, concibe lo mejor de su nación en el pasado. Esto lo atribuye Reyes Heroles a que el “patrimonio cultural” por parte del Estado es un elemento legitimador y creador de la identidad nacional; idea que perdura a pesar de que nunca ha habido integración para sustentar un nacionalismo, y de que los códigos de entendimiento han sido y son tan distantes que impiden una nación homologada. Algo parecido, pero aun más extremo, ocurre con el concepto de soberanía, que en realidad es una “doctrina cercana a la fantasía”, pues las fronteras actuales son como una especie de artificios. Polémico resulta un capítulo en especial titulado: “la cultura de la pobreza”, en el que el autor recupera un estudio del Banco Mundial, según el cual “el espíritu capitalista, el utilitarismo, el bienestar terrenal se ven sobajados frente a otros valores”. Por ejemplo, hay costumbres arraigadas contrarias al hábito del ahorro y del valor de la productividad, como las fiestas religiosas que implican un enorme despilfarro. Pero no sólo la sociedad mexicana ha cambiado, incluso sus instituciones políticas se han visto transformadas. Por ejemplo, dos mitos se vinieron abajo con el fracaso del estatismo propietario: la incapacidad del Estado para regular como propietario el mercado; y que lo privado por sí mismo tampoco resuelve los problemas económicos. Son dos fantasías. Por ello hay que revisar nuevas formas de estatismo: que no sea propietario, pero sí regulador, con financiamiento sano y asistencial. Por lo pronto, el “estatismo autoritario” ha sido modificado en su forma de acción para dar paso a un Estado reglamentador con alta participación social. Lo paradójico es que el partido de Estado ha sido reticente ha cambiar en ese mismo sentido, y se mantiene atado a sus vicios. El PRI, como partido de masas, desconoce en la práctica que el reto de los partidos de fin de siglo no es incrementar su militancia, sino obtener presencia y capacidad de injerencia en la opinión pública. Su reto es construir en sus militantes conciencia de legalidad interna y externa, y aprender hábitos democráticos. Reyes Heroles es provocativo y retador. Quiere superar al México tercermundista y su cultura anclada en el pasado imaginario y mitológico, para dar paso al México de la productividad: un país moderno política y económicamente. Para ello hay que erradicar los atavismos indigenistas, la cultura perpetuadora de pobreza, el paternalismo estatal y la ideología del “nacionalismo” oficial. |