Relatos con malasaña

Rodrigo Márquez Tizano, Caballos de fuerza, México, Arteletra, 2007

 

 

 

Cinco relatos cortos de Tizano, joven narrador de la Ciudad de México, publicados en la novel editorial Arteletra. En ellos no hay un solo diálogo: los personajes comunican por lo que hacen. Su estilo es más reflexivo que descriptivo y prefiere la introspección a la explicación.

Su oficio de bajista en la banda Les Trafiques, así como su quehacer como locutor, por el que tiene asegurado un lugar en el salón de la fama de Radio Ibero, parece llevarlo a que los motivos y temas musicales estén enfáticamente presentes en los dos primeros relatos, “Midnight Express” y “Ensalada Rochester”, sea como ambientación, evocación o metáfora: “tocaremos a La Niña de los Peines, y que las castañuelas se vuelvan mis encías”, por ejemplo, y desfilan los nombres de Beach Boys, The Jesus and Mary Chain y Aphex Twin, una cumbia sicodélica y varios fragmentos de canciones. Ambos relatos tienen como elementos comunes las drogas psicodélicas, la velocidad en automóvil y, sobre todo, el tedio y la apatía.

Hay algunas evidencias de su vertiente poética, como: “las palabras me llegan como ganchos precisos y no puedo ordenarlas. Suceden ávidas de sangre, violentas; atraviesan paredes”, que aparecen en el texto “¿Ha pensado en solicitar un crédito hipotecario, señor”, quizá el que más propiamente pueda considerarse cuento, con un personaje singular: un solitario escritor que tiene por compañía o mascotas a un montón de ruidosos relojes despertadores.

La trama más interesante pude ser la de “Hoy los lirios están inquietos”, que trata sobre un viejo jugador profesional de póquer, que vive solo en una casa que renta junto al lago de Chapala, desde donde apuesta por Internet con colegas en cualquier lugar del mundo, yendo de uno a otro de numerosos casinos en línea.

En realidad, estrictamente, no hay historias. No hay una narración que lleve de la situación o momento “A” al “B”, a un antes y después, con un principio, en medio y final. Lo que hay son una o varias fotografías instantáneas que retratan parte de la cotidianidad de sujetos a los que no les pasa nada, que no hacen algo distinto. Excepto en “Caballos de Fuerza”, que da título al conjunto de relatos, en el que el personaje experimenta una situación distinta a todas porque cambia para siempre la relación con su pareja. Tiene lugar en un hospital clandestino donde realizan abortos: “Después de ese día nunca nos veríamos como antes. Le habían raspado a un hijo, y ahora ella rasparía todo recuerdo mío de su mente”, dice el galancito, el “señor Trejo”, quien espera a que lleven a su Leslie del quirófano a la habitación, mientras ocupa su atención en calcular los millonarios ingresos del doctor que llega conduciendo un Jaguar.

Buen demo de Tizano, que en un futuro no lejano puede esperarse que dé paso a manifestar más crudamente su vocación gamberril y bajofondera, la que lo lleve a explorar en detalle los arrabales de la condición humana.