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La rebeldía contra el individualismo Pere-Oriol Costa, José Manuel Pérez Tornero y Fabio Tropea, Tribus urbanas, Barcelona, Paidós, 1996
Debido a la complejidad de las urbes contemporáneas, los jóvenes se enfrentan ante la decisión de formar parte de una mayoría adulta y responsable, reconocida socialmente como legítima, o, por el contrario, formar parte de alguna corriente minoritaria alternativa en forma de tribu. Este es el fenómeno que estudian, desde un enfoque interdisciplinario, tres científicos sociales de la Universidad Autónoma de Barcelona con el auspicio del gobierno de la ciudad catalana y el ministerio del interior español. Esta complejidad urbana, entendida como múltiples actividades especializadas, causa en los jóvenes la falta de sentido de pertenencia a una colectividad de la cual no encuentran manera ni sentido de ser parte de ella. A la vez, explican los autores, la coronación del individuo como sujeto protagonista de la modernidad y su ensalzamiento en los medios de comunicación, especialmente en los mensajes publicitarios, ha propiciado la reacción de jóvenes que en las nuevas tribalidades urbanas encuentran otras formas de socialización con valores y conceptos mucho más sencillos, los cuales les garantizan las certezas que la sociedad moderna no les da, como saber quiénes son y a qué pertenecen. Se trata de jóvenes que han decidido utilizar su potencial de socialización en oposición a la cultura dominante y se lo demuestran a los demás y a sí mismos en espacios como el concierto, el estadio, la discoteca y las calles. Tribus urbanas, estudia los estilos, identidades, ritos y productos comunicativos de estas formas de socialización a lo largo de 246 páginas escritas con rigor académico y una redacción ágil y clara. Con el ilustrativo subtítulo El ansia de identidad juvenil, entre el culto a la imagen y la autoafirmación, los autores elaboran una genealogía de las subculturas juveniles urbanas desde los años cuarenta hasta la actualidad, de las cuales identifican doce presentes en Barcelona: B-boys o break-boys (raperos o hip hoperos diríamos en México), hardcores (metaleros), heavies (también metaleros), hooligans, maquineros o tecnos (ravers), mods, motoras (motociclistas), okupas o squatters (paracaidistas), punkies (punks o punketos), rockers (roqueros), siniestros (darks o darquetos) y skinheads o skins. Aunque esta multitud de tribus urbanas tiene ideologías, valores, actitudes, identidades y ritos distintos, todas ellas tienen en común un conjunto de características que permiten tipificarlas como tales: el gusto por el disfraz, el vitalismo rebelde, la (auto) marginación de la sociedad hegemónica y lo oficial, así como la proclamación de lo colectivo sobre lo individual. Todas delimitan un territorio (espacial y simbólico) como elemento distintivo de su identidad que les permite crear una frontera en la que el mundo se delimita, concibe y vive como dentro y fuera. No esconden su identidad, sino que la exhiben como bandera y signo de comunicación, como elemento de choque con la sociedad. Es a los skinheads a los que se les dedica mayor espacio en el libro, tanto como un capítulo, por identificar los autores a esta subcultura juvenil como la más difundida y desarrollada en ese momento en España. Para ello analizan numerosos fanzines producidos por diferentes bandas en los que exponen de manera gráfica y escrita su autorrepresentación, ideología y actividades. Su lectura y observación permiten descubrir que hay diversidad de corrientes skins, algunas con diferencias antagónicas que hace a sus respectivos militantes enemigos entre sí. Hay entonces naziskin, sharps, oi y redskins, entre otras denominaciones de esta macrotribu. Imaginado el fenómeno desde México, a uno difícilmente podría ocurrírsele que hay skins antirracistas o los hay que escuchan ska o tecno, por ejemplo. Tribus urbanas incluye un apéndice con el curioso título “Del streetsyle a la alta moda, ida y vuelta”, con una veintena de páginas ilustradas que demuestran cómo las indumentarias características de las distintas subculturas juveniles, que tienen la intención de ir en contra de la obligación de la buena apariencia, han sido imitadas por la industria del vestido para crear tendencias de moda que hacen de lo característico de una minoría contestataria un producto de consumo de masas. Por ejemplo, las botas y los estampados de camuflaje características de los skins en la marca Cristian Lacroix, o los accesorios punk de Gaultier y Mogani. Por último, cabe comentar que en tanto la tribalidad urbana en los países europeos responde a fenómenos característicos particulares —como la creciente inmigración, el deterioro del sistema de seguridad social o los estándares de competitividad, entre otros—, puede reconocerse que la genealogía y panorama expuesto dista mucho de lo que se halla en México, con todo y la presencia de punks, darks y metaleros. Sin embargo, las categorías de análisis de Tribus urbanas pueden aportar buenas pistas para desarrollar líneas de investigación y reflexión o de análisis comparativo sobre las subculturas juveniles del ámbito urbano nacional, tales como cholos, eskatos, mexicanistas y tibiris. ¿Alguna otra? |