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Underground: la obsesión por la rebelión

Jean-Marie Seca, Los músicos underground, Barcelona, Paidós, 2004, 254 pp.

 

 

Publicado originalmente en París hace cuatro años, Los músicos underground se da a conocer  recientemente al público hispanolector como el décimo tercer título de la colección “De música” de editorial Paidós, escrito por el profesor de psicología social Jean-Marie Seca, cuyo objetivo principal en este trabajo de investigación de campo —etnográfico, dice él— es describir los lenguajes y representaciones del rock, el tecno y el hip hop, como las tres grandes tendencias underground que se han sucedido en Francia desde 1980.

El método de Seca es netamente cualitativo. Su recurso principal de investigación es la entrevista, gracias a lo cual abundan las referencias a declaraciones de músicos underground como fuente primaria de información del fenómeno de “querer vivir minoritariamente” y sus manifestaciones. Este acervo de declaraciones es procesado por Seca con el respaldo de un amplio acervo bibliográfico de científicos sociales del pasado y el presente (Adorno, Bordieu, Durkheim, Canetti, Attali, Castoriadis, Foucault, Maffesoli, Manheim, Merton, Taylor, Touraine, etcétera) gracias a lo cual obtiene inferencias que nos permiten entender los entramados de comunicación y socialización de las escenas musicales underground. Por ejemplo: “La manera que tienen las músicas ‘jóvenes’ para promoverse como modelos de mediación para las minorías o para los que se sienten distintos acaba por convertirse en un componente de la sociedad en su conjunto, de la misma manera que en otros períodos históricos lo hicieron la religión, el ejército, la política o la literatura. La obsesión por la rebelión y por la ‘oposición’ a la sociedad, aliada con una estética de la sinceridad expresiva, se vende cada vez más. Se comercializa desde hace mucho tiempo y en todos los sitios. No hay aparentemente desgaste de las representaciones estéticas y románticas de la rebelión, así como no hay caducidad de las novelas de amor o de los cuentos para niños”.

No obstante su cuadratura académica narrativa, la redacción de Amis se permite algunos giros literarios que le dan a la lectura gratos remansos. Por ejemplo, al explicar la brevedad cronológica de la juventud y la obstinación en aferrarse a músicas consideradas como propias de esta etapa de la vida, Amis describe así este fenómeno que vale la pena transcribir de manera textual: “A pesar de la pasión iracunda y artística y a despecho de la alternancia de lágrimas y risas que procura la vida bohemia, hay una especie de suave ligereza de las vocaciones. En el fondo, la vida de un joven dura pocos años, aunque haya quien viva como un adolescente hasta los 80 o más. Sin embargo, se le aparece como una eternidad y como una prolongación ininterrumpida de placeres y de esperanzas. Esta creencia se hace más intensa gracias a la temporalidad particular de la música. Consagrarse a este arte… es un lujo, un desafío a las coacciones productivistas y a las obligaciones del éxito académico o financiero. Es, ante todo, una bravata contra la más enorme de las fatalidades, la de la entropía biológica, la muerte y el envejecimiento. El vuelo suspende el vuelo en el fraseo de un violín o de un sintetizador, se para a las puertas de los ritmos binarios de un scratch. Se engarza en las melodías sinuosas del blues y se disuelven en el martilleo verbal batallador y soul de los poetas rap”.

Este tipo de análisis sobre la relación de la música con un estilo de vida, descrito de una retórica, hacen de la lectura del libro de Seca un paseo por las barriadas parisinas donde habitan los excluidos o los autoexcluidos del sistema, donde tribus urbanas recrean sus identidades a partir del culto a héroes del escenario: un disc jockey, una banda de rock o un MC. A lo largo de su capitulado Seca analiza sus motivaciones, el sentido y finalidad del mensaje, la ética y los rituales, así como el ritmo de las conductas rebeldes que nos permiten conocer el nerviosismo que experimentan los músicos underground antes de subir al escenario, la transformación que experimentan en su personalidad al comunicarse con sus seguidores y el estado de éxtasis al que pueden llegar juntos. Lo underground es, de este modo, la participación en un rito.

Los músicos underground, gracias a que se trata de una investigación en confines remotos a los nuestros, nos permite, por contraste, dilucidar en cuanto a la pobreza musical y cultural de las que pudieran ser las escenas underground en México tanto por el anquilosamiento del rock, la hipercomercialización del tecno y lo incipiente del hip-hop como por la identificación partidista y con funcionarios públicos por parte de skatos que a más de su notoria falta de talento adolecen de lo que debería ser distintivo de la alternatividad: la experiencia estética.