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20 villanos del cine
Quién no ha soñado con tener el genio de Hannibal Lecter o la frialdad de
Terminator? Nosotros sí: máquinas superinteligentes, asesinos seriales,
femmes
fatales…
Los villanos del cine son quienes muchas veces se llevan la película y
hasta el Oscar, por eso, no nos queda más que gozar con la maldad de los
miembros más distinguidos de esa oscura cofradía, para la que no hay bien
que dure cien años ni malvado que lo permita.
Por TONATIUH Arroyo /
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Por supuesto que nos costaría
trabajo imaginar La guerra de las galaxias sin Darth Vader o Nosotros los
pobres sin El Tuerto, pues son los personajes antagónicos quienes en
ocasiones cargan sobre los hombros el peso de las cintas. Es cierto que cada
vez que aparecen en la pantalla los identificamos como el blanco de nuestro
odio, pero también que gracias a ellos muchas películas han pasado a la
historia. ¿Ejemplos? Basta con mencionar Psicosis o Seven y sus brutales
criminales; de hecho, los villanos son estrictamente necesarios para el
desarrollo de cualquier argumento, ya que su función es contrastar las
virtudes o valores que se les asignan a los protaganistas. En cuanto a su
construcción, podemos decir que algunos de sus rasgos se han modificado en
la medida en la que nuestras sociedades han cambiado sus valores y
tradiciones, y en este sentido, Joaquín Rodríguez, conductor del programa de
televisión Golden News, del canal Golden Choice, quien asegura que “los
factores históricos coyunturales y la idiosincrasia, entre otros, son
determinantes a la hora de delinear el perfil del arquetipo de maldad”.
Desde su punto de vista, esto
obedece a que los héroes también se han ido transformando: “El bueno cada
vez está más cerca del malo, y desde hace varios años ha habido una especie
de humanización del protagonista, en cuanto a que muestra peculiaridades
inherentes a nuestra naturaleza;” es decir, características de cierta
ambigüedad moral –ya que también es capaz de mentir o de transgredir
preceptos o normas sociales (como el abogado Callaghan, en Atracción fatal,
quien paga cara su infidelidad)– que nos permiten aproximarnos mejor a él.
Al mismo tiempo, para Rodríguez, “el villano moderno es más complejo y, a
diferencia de otras épocas en las que hacía el mal casi por gusto, ahora
planea sus crímenes con mucha dedicación con tal de ser considerado un genio
de la maldad”, y esto se aprecia sobre todo en la amplia gama de asesinos
seriales que conocemos, encabezados por el paradigmático personaje de
Hannibal Lecter en sus distintas apariciones cinematográficas. Por su parte,
Héctor Villarreal, especialista en cine y colaborador de la revista
electrónica Razón y palabra, afirma que también es posible distinguir una
elaboración simbólica del villano, relacionada con “elementos a los que
socialmente les atribuimos connotaciones negativas; como la violencia, la
oscuridad, el color negro, máscaras de muerte, armas y el culto o gusto por
la sangre”, como ocurre en las incontables películas de ciencia ficción,
vampiros, hombres-lobo y demás criaturas sobrenaturales que transitan el
género de horror. Con respecto al papel que el antagonista juega en la cinta
para tensionar su posición con relación al héroe, Villarreal afirma que “más
que la ambición, a estos personajes los mueve el afán de legitimar su
permanencia en el poder, un objetivo inalcanzable entre quienes se imponen
mediante el uso de la fuerza”. Así, tenemos que, a lo largo de casi 108 años
de cine, la combinación de éstas y otras nociones en el momento de
configurar un villano, ha aglutinado una extensa galería de personalidades
que se han hecho célebres por causar impacto en el público o por haberse
convertido en fuentes de inspiración para la caracterización de otras
tantas.
En esencia, el malvado
cinematográfico sigue siendo un personaje sin escrúpulos, incapaz de sentir
lealtad o afecto por alguien que no sea él mismo; sin embargo, gracias a su
dimensión dramática, según el crítico Jorge Ayala Blanco, “ha dejado de ser
una figura de opereta y ha adquirido características de héroe”. Para Blanco,
uno de los grandes logros del cine es que las cintas ya no sean tan
polarizadas, y que los antagonistas se delineen con mayor profundidad: “Una
gran película siempre tiene un gran villano”. Aceptémoslo, a más de uno le
hubiera gustado cortarle la mano a Luke Skywalker.
En la villa de los villanos
Son maquiavélicos, impúdicos y algunos un poco violentos; sus actos
contravienen la moral y los principios elementales de la convivencia
pacífica; su labor es atormentar a los espectadores con sus infamias, pero
las películas no serían lo mismo si fueran de otra forma.
20 Gabriel Lima
Claudio Brook, en El castillo de la pureza (1972), de Arturo Ripstein.
La cinta narra el patético caso de un hombre insano –¿ustedes bautizarían o
registrarían a sus hijos con los nombres de Utopía, Porvenir y Voluntad?–
que pretende lograr la pulcritud moral de su descendencia a través de la
explotación y la privación de la libertad. Jorge Ayala Blanco, autor de La
fugacidad del cine mexicano, entre otros títulos, considera que el papel
interpretado por Brook “es un antihéroe melodramático, una caricatura con la
que nadie se puede identificar”.
19 AGENTE SMITH
Hugo Weaving, en The Matrix Reloaded (2003), de Larry y Andy Wachowski
El agente fue creado para eliminar a los humanos rebeldes que entran en
Matrix. Su misión más importante es conseguir los códigos para ingresar en
Zion, el último refugio humano, y destruirla. Ernesto Sánchez, crítico
cinematográfico del periódico Reforma, piensa del villano que “su
significado figurativo es el del mal multiplicado… una fuerza más grande y
poderosa que la del bien, ante la cual –desde un punto de vista pesimista
sobre el futuro– estamos destinados a sucumbir por el avance de la
tecnología”.
18 El Jaibo
Roberto Cobo, en Los olvidados (1950), de Luis Buñuel.
Está desprovisto de cualquier rasgo de bondad, y su principio rector en la
vida es “hacer el mal, sin mirar a cuál”. Prófugo de una institución
correccional, regresa a su barrio para ejercer su maliciosa influencia sobre
un grupo de chamacos pránganas que transitan inconscientemente por la
delgada línea que los aparta de la delincuencia. Carlos Monsiváis, escritor
y cronista, ha dicho que “El Jaibo es la presencia de la falta de
escrúpulos… resultado de la pobreza y de la venganza sobre los pobres”.
17 Antonio Salieri
F. Murray Abraham, en Amadeus (1984), de Milos Forman.
El odio gratuito de este intrigoso músico hacia W. A. Mozart le envenenó el
corazón desde pequeño, y al conocerlo personalmente se incrementó. Irritado
con el Todopoderoso por no haber sido él quien tradujera en el pentagrama su
voz celestial, ocupa gran parte de su tiempo en desprestigiar al que
considera su archirrival. Para Emilio C. García y Santiago Sánchez, en su
Guía histórica del cine, Salieri “es un villano lleno de matices; sabe ser
despreciable, pero en el fondo sufre por su medianía”.
16 El Terminator
Arnold Schwarzenegger, en Terminator (1984), de James Cameron.
Proveniente del año 2029, este temible cyborg es enviado al pasado (1984)
por sus superiores, quienes han esclavizado a la raza humana, excepto a un
grupúsculo de rebeldes. Su misión es acabar con una camarera que en un
futuro será la orgullosa madre del líder de los revoltosos. De acuerdo con
Rodríguez, “la peculiaridad de villanos como éste es que no reconocemos en
él emociones humanas, y por eso nos parece tan perturbador”.
15 Peyton Flanders
Rebecca DeMornay, en La mano que mece la cuna (1992), de Curtis Hanson.
Su conducta desprestigia el oficio que tantas mujeres realizan con dulzura.
Después del suicidio de su rijoso marido y de la pérdida de su primogénito,
el deseo de venganza contra quienes considera culpables de su desdicha la
impulsa a cometer atrocidades. Emilio C. García y Santiago Sánchez, en su
citada obra, consideran que “la personificación de Flanders hizo de esta
cinta la más taquillera del año”.
14 Don Pilar
Miguel Inclán, en Nosotros los pobres (1947), de Ismael Rodríguez.
Vicioso y desobligado, el padrastro de La Chorreada se apropia, frente a la
impávida mirada de su desvalida consuegra, del dinero que con mucho esfuerzo
ha logrado reunir su futuro yerno. Intoxicado, irrumpe en el hogar de Pepe
El Toro y arremete contra el cuerpo inerte de la infeliz viejecita.
Rodríguez observa en Don Pilar a “un ser monstruoso que pisotea uno de los
valores más acendrados de la cultura mexicana: la veneración materna”.
13 Roy Batty
Rutger Hauer, en Blade Runner (1982), de Ridley Scott.
Pertenece al grupo de replicantes ultraperfeccionados Nexus 6. Poseedor de
reacciones típicamente humanas, trata de burlar el destino que sus creadores
le tienen reservado. Es fuerte, inteligente y extremadamente ágil, pero su
fecha de caducidad cada vez está más cerca. Salvador Franco, articulista de
cine del periódico El Universal, observa en este autómata “una máquina que
ha desarrollado sentimientos humanos que lo llevan a luchar por su
supervivencia y la de sus semejantes”.
12 HAL 9000
HAL 9000, en 2001: odisea del espacio (1968), de Stanley Kubrick.
Hal es el cerebro de la mítica nave espacial del clásico de Kubrick, y
cuenta con rasgos humanos: le falta madurez para aceptar sus errores y no
tolera ser excluida de las conversaciones, prefiere continuar el trayecto
sola, y asesina a cuatro de los cinco pasajeros. A pesar de sus súplicas, el
único sobreviviente la desconecta. Para Sánchez, esta supercomputadora
“parodia las actitudes negativas de los seres humanos, al ridiculizar la
pretensión de ser más inteligente para someter a los demás”.
11 Cora Smith
Lana Turner, en El cartero siempre llama dosveces (1946), de Tay Garnett.
Una mujer joven y bella no tiene por qué vivir con un viejo tacaño, y hasta
resulta comprensible que busque la forma de eliminarlo para quedarse con su
dinero, pero ¿por qué tenía que poner los ojos en un vago sin oficio ni
beneficio? La señorita Smith (a quien podemos apreciar en la foto de abajo)
es una femme fatale con espíritu de progreso; posee ambición, sangre fría y
astucia para salir adelante, desgraciadamente la lujuria se convierte en su
perdición. “Cora es un personaje siniestro y con una fuerte carga erótica,
su motivación es simplemente la ambición”, considera el especialista
Rodríguez. Toda una mujer.
10 John Doe
Kevin Spacey, en Seven (1995), de David Fincher.
El fervor religioso de este sofisticado homicida lo ha estimulado a asumir
la mesiánica tarea de instruir a la humanidad con base en los siete pecados
capitales; para lograr su objetivo, busca lecciones ejemplares que no dejen
la menor duda de que incurrir en ellos conduce a la perversión del alma.
Según Jorge Ávila, crítico de la revista Cinemanía, el asesino anónimo de
este filme “es un tipo con procesos mentales complejos, que aspira a ser una
especie de iluminado, pero esta actitud sólo responde a la mala imagen que
tiene de sí mismo”.
9 Catherine Tramell
Sharon Stone, en Bajos instintos (1992), de Paul Verhoeven.
Su único defecto es el estilo poco convencional que tiene para concluir sus
encuentros sexuales. Se le cargan varios muertitos, pero ha desarrollado
estrategias candentes para salir triunfante de los interrogatorios
policiacos. Luego de una brillante trayectoria criminal, decide retirarse y
procrear muchos hijos. Joaquín Rodríguez concibe a esta asesina como una “de
las mejores malvadas de los últimos años… entre otras cosas, por su
inteligencia y sensualidad maquiavélicas”.
8 Alex de Large
Malcolm McDowell, en Naranja mecánica (1971), de Stanley Kubrick.
Ultraja a una mujer frente a su marido, y comete un asesinato por el que lo
encarcelan. Cuando se somete a un tratamiento para reprimir su propensión a
cometer actos ruines, su vida se torna amarga, hasta que cae en manos de
unos especialistas que le devuelven la alegría a su existencia: la violencia
y Beethoven. De Large es lo que Nelson Carro, crítico del semanario Tiempo
Libre, ha definido como “villano angelical”; es decir, “un malhechor con
apariencia carismática o inocente… la maldad encarnada en su opuesto”.
7 Norman Bates
Anthony Perkins, en Psicosis (1960), de Alfred Hitchcock.
El dueño del oscuro y solitario Bates Motel pasó a la posteridad por
introducirse en la ducha de una clienta forajida para asesinarla de varias
puñaladas, aunque también se le reconoce la maestría con la que disecó a su
querida madre; el personaje que le dio fama mundial a Perkins, inspirado en
el serial killer Ed Gein, practica el travestismo, por lo que hay que
alejarse cuando aflora su doble personalidad. Sánchez cree que este
psicópata es “paradigmático, porque su conducta criminal está justificada
por un trauma psicológico, un rasgo destacable en el cine de los años en que
se realizó”.
6 Alex Forrest
Glenn Close, en Atracción fatal (1987), de Adrian Lyne.
A esta dama no le resulta fácil aceptar que la rechacen, sobre todo cuando
ha puesto todo su empeño para que suceda lo contrario. Tras haber vivido un
cálido fin de semana con un desventurado abogado, cuyo único pecado fue
buscar en ella el refugio que calmara su ánimo exaltado, se vuelve
peligrosamente obsesiva. Sobre la desquiciada Alex, Emilio C. García y
Santiago Sánchez comentan que “representa un modelo negativo que vulnera los
valores de la sociedad estadounidense de la época”.
5 Jack Torrance
Jack Nicholson, en El resplandor (1980), de Stanley Kubrick.
¿A quién, que se considere sensato, se le ocurre que puede vivir de la
escritura? Estamos seguros de que con una adecuada orientación vocacional,
este pobre hombre no estaría desempleado ni tendría que aceptar la chamba de
gato en un hotel maldito. Ernesto Sánchez afirma que la característica que
distingue el papel de Nicholson es “su villanía caricaturesca, ya que sus
motivaciones sobrenaturales para hacer el mal le podrían resultar divertidas
al espectador”.
4 Darth Vader
David Prowse (cuerpo)/ James Earl Jones (voz), en La guerra de la galaxias
(1977), de George Lucas. Anakin Skywalker fue esclavo hasta los nueve años,
Qui-Gon Jinn reconoció su fortaleza y Obi-Wan Kenobi lo entrenó en las
estrictas artes del caballero Jedi. Seducido por el lado oscuro de la
Fuerza, Anakin se convirtió en discípulo de Palpatine, y luego en uno de los
seres más temidos y odiados de la galaxia. Salvador Franco asegura que el
“atributo más destacable en Darth Vader es el misterio, la oscuridad de su
atuendo y la máscara que le cubre el rostro todo el tiempo, caracterizándolo
simbólicamente como un ser impenetrable”.
3 Michael Corleone
Al Pacino, en El padrino II (1974), de Francis Ford Coppola.
El nuevo jefe de los Corleone continúa la tradición que su familia ha
desarrollado para hacer negocios. Ahora, más fogueado, sabe cuál es la mejor
manera de expandir sus divisas, y no duda en utilizarla cuando la situación
lo amerita. Sánchez opina que “se gana la simpatía del público porque,
aunque ordena el asesinato de su hermano, sus acciones se orientan a
defender el honor de la familia”.
2 Hannibal Lecter
Anthony Hopkins, en El silencio de los inocentes (1991), de Jonathan Demme.
Por su refinamiento y erudición, resulta difícil creer que este psiquiatra
tenga hábitos alimentarios tan extravagantes. Después de alternar
exitosamente la terapia clínica con su actividad de psicópata caníbal –su
verdadera pasión–, funge como asesor de la policía. Para Ayala Blanco, en
psicópatas como Lecter “la empatía se da porque reconocemos en ellos
características con las que nos identificamos salvajemente”.
1 Conde Orlock
Max Schreck, en Nosferatu (1922), de F.W. Murnau.
Es la figura emblemática de la maldad; la fatalidad y muerte que deja a su
paso, aunadas a su lúgubre apariencia, son elementos que nos persuaden de su
particular naturaleza. Desde el punto de vista de Franco, la figura del
monstruo de Murnau “tiene una carga emocional muy fuerte, y es importante
porque marca el inicio del cine de vampiros; todo lo que hace es tétrico, y
el simbolismo con lo oscuro es muy claro”. Es el más feo, el rey de los
villano
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