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El espionaje estadounidense a favor de Venustiano
Carranza
La contrarrevolución de Huerta, a punto
Victoriano Huerta volvía a México desde su exilio en España para
encabezar una contrarrevolución que lo restituyera como gobernante,
pero fue detenido por órdenes del presidente de Estados Unidos,
Woodrow Wilson, cuando estaba apunto de ingresar al territorio
nacional por El Paso, Texas. El espionaje y otras técnicas de
inteligencia del país vecino permitieron conjurar este plan alentado
por el gobierno de Alemania, y también fueron decisivos para un
cambio en la política exterior norteamericana a favor del triunfo
del Ejército constitucionalista de Venustiano Carranza, de acuerdo
con Mark E. Benbow, historiador y ex oficial de la Agencia Central
de Inteligencia (Central Intelligence Agency), CIA, por sus siglas
en inglés,
En febrero de 1915, un oficial naval alemán, el capitán Franz von
Rintelen, visitó al ex dictador en España y ofreció apoyarlo en una
contrarrevolución. Dada la disputa entre Villa y Carranza, Huerta
accedió a considerar la idea y viajó a Nueva York, donde aterrizó el
12 de abril del mismo año. Su acogida por una multitud de
partidarios mexicanos y el ánimo que le daban a su paso lo
convencieron de aceptar el apoyo alemán. La atmósfera, al menos en
el exilio, parecía favorecer a su retorno, según consigna Benbow en
el artículo “All the Brains I Can Borrow: Woodrow Wilson and
Intelligence Gathering in Mexico, 1913-15”.
La primera Guerra Mundial había estallado el año anterior y Estados
Unidos permanecía como no beligerante. Por su parte, en el gobierno
alemán rondaba la idea de involucrar a la Unión Americana en una
guerra con su vecino del sur. Pero varios hombres a las órdenes del
secretario del Tesoro, William McAdoo, grabaron llamadas telefónicas
de diplomáticos alemanes y austriacos en Washington y Nueva York e
informaron al presidente Wilson sobre la posibilidad de que
participaran en actos de sabotaje dentro de su territorio, así como
de la idea que tenían sobre México para su estrategia. Huerta se
sabía vigilado, pero pensando erróneamente que había despistado a
quienes lo seguían, en junio tomó un tren en Nueva York con destino
a San Francisco, y en el trayecto transbordó hacia El Paso. Al mismo
tiempo, el representante del general revolucionario Francisco Villa
en Washington informó a la administración de Wilson que numerosos ex
oficiales huertistas estaban en camino a ese punto de la frontera
desde sus lugares de exilio en territorio estadounidense. Al día
siguiente, Huerta fue detenido cuando descendía del tren en Newman,
Texas, a pocos kilómetros de la frontera. También fueron
aprehendidos sus partidarios, que lo esperaban en un coche para
internarlo a México, apunta el profesor de la Universidad de
Marymountain, en Viginia.
Diversos funcionarios públicos en El Paso mantuvieron informado al
presidente Wilson. Zach Lamar Cobb, oficial de la aduana, había
construido allí una pequeña red de inteligencia, la cual incluía a
los empleados del ferrocarril. Estas fuentes le reportaron a Cobb
los movimientos de Huerta y transmitió la información a Washington.
Él también organizó al grupo que detuvo al general. Entonces, Wilson
ordenó al Departamento de Justicia su arresto para impedir que
regresara a México. Ahí permaneció privado de su libertad hasta su
muerte a consecuencia del alcoholismo, en enero de 1916, casi seis
meses después.
Wilson contra Wilson
La Inteligencia de Señales o Signal Inteligence (Siginit) es el
conjunto de técnicas para el análisis y desencriptación de mensajes
codificados. Ésta fue importante para el conocimiento de las ideas o
planes alemanes respecto a una contrarrevolución huertista y
posteriormente para interceptar y descifrar el famoso telegrama
enviado por el canciller alemán Arthur Zimmerman, en enero de 1917,
a su embajador en México para proponer al gobierno de Carranza una
alianza contra Estados Unidos que incluía la posibilidad de
reintegrar al territorio nacional los estados de Texas, Nuevo México
y Arizona, perdidos conforme a los Tratados Guadalupe Hidalgo. La
ambiciosa propuesta, para ser exitosa, implicaba que México atacara
a Estados Unidos y que Alemania ganara la guerra.
No obstante esta capacidad tecnológica y logística, el presidente
Wilson basó sus decisiones (y su posposición) respecto a México en
reportes transmitidos por individuos desde los lugares donde se
encuentran, método denominado Human Intelligence o Huminit. Esto
sucedió porque Wilson, republicano que acababa de iniciar su
administración pocos días después del golpe de Estado de Huerta,
desconfiaba de la información que enviaban sus diplomáticos y,
especialmente su embajador, del mismo apellido, Henry Lane Wilson,
un republicano conservador que había sido nombrado por su
predecesor, explica el doctor en historia por la marista Universidad
de Dayton, Ohio.
Su desconfianza se fincaba en un reportaje publicado en el diario
New York World, que revelaba el papel del embajador para que Huerta
se hiciera del poder, por el cual también postergó su decisión para
reconocer al gobierno del general. Su primera fuente de información
fiable fue un reportero que había escrito la crónica de su campaña
presidencial, William Bayard Hale. Él fue el primer confidente que
eligió para enviar a México a obtener “datos exactos” con los cuales
juzgar una situación militar y política en constante cambio. Hale
llegó a la ciudad de México en mayo de 1913 y envío su primer
informe el 18 de junio, en el que confirmó que Huerta contó con el
apoyo activo del embajador en una conspiración contra el gobierno
electo de Francisco I. Madero, que incluso Henry Lane había sido el
responsable directo del golpe. A mediados de julio el embajador fue
citado para entrevistarse con el presidente y el secretario de
Estado y poco después dimitió. Se trataba de un viraje en la
posición del gobierno estadounidense respecto a su política hacia
México y la relación con los caudillos revolucionarios. No sólo no
se iba a reconocer a Huerta, sino que se iba a presionar su
dimisión, según permite reconocer la lectura del artículo publicado
en la revista Studies in Intelligence.
Otro confidente del presidente Wilson fue el congresista John Lind.
Fue él quien instó a la intervención de la Marina armada en el
puerto. Pero, pese a haber obtenido cuantiosa información allí, se
equivocó al pensar que las tropas norteamericanas serían recibidas
como libertadores, acto que fue repudiado por Carranza y rectificado
por Wilson al ordenar su retiro. El presidente norteamericano
constató así que no bastaba confiar en sus informantes, puesto que
también se equivocaban. Por si fuera poco desconfiaba también de la
mayor parte de la prensa de Washington, especialmente de los diarios
de la cadena Hearst, que además de tendenciosos falseaban los
hechos. Por ejemplo, el New York American publicó las fotos de unos
niños jugando en una playa de Honduras, pero decía que eran
mexicanos y que estaban formados para ser fusilados por los
revolucionarios.
Por eso Wilson también solicitó información a empresarios y amigos
que tenían contactos en México. Recibió entonces un diluvio de
cartas de muchos que tenían la intención de conseguir su apoyo para
favorecer al líder mexicano de su preferencia. Por ejemplo, los
petroleros estadounidenses estaba a favor de Carranza, que
controlaba muchas de las zonas productoras en el noreste de México.
Esperaban beneficiarse si el constitucionalista derrocaba a Huerta,
quien contaba con el respaldo de sus rivales, las compañías
petroleras británicas, relata Benbow, quien se graduó con una tesis
sobre el presidente Woodrow Wilson y la Revolución Mexicana.
Carranza contra Villa, ¡en Washington!
Un pequeño grupo de periodistas corresponsables en México fue
llamado a Washington para una entrevista personal con Wilson. En
este selecto grupo estaba el periodista de fama mundial John Reed,
que se reunió con Wilson en 1914 para dar al presidente sus
impresiones de primera mano. Reed hizo hincapié en la revolución
como una lucha justa contra los poderosos terratenientes y
corrupción de la Iglesia Católica, y pintó a Pancho Villa de un modo
muy positivo. Luego, Wilson recomendó a su embajador en Gran Bretaña
que leyera los artículos de Reed en México, porque "tenía razón",
cita la revista editada por el Centro de Estudios para la
Inteligencia (Center Studies for Intelligence) de la CIA.
El volumen de información que Wilson recibió a favor de un líder
revolucionario u otro, lo hizo cauteloso para decidir a quién
favorecer. En sus notas al secretario de Estado Bryan, Wilson
demostró una voluntad de reconocer a cualquiera de las facciones que
pudiera demostrar que había ganado con el apoyo del pueblo mexicano.
Probablemente, la ambivalencia de Wilson también fue propiciada por
la competencia entre los revolucionarios por ganar su apoyo. Cada
facción política y militar hizo lo que pudo para influir en su
interpretación de los acontecimientos, a través de cabildeo,
contactos personales y en la prensa en Estados Unidos. Carranza y
Villa mantenían sofisticadas campañas de relaciones públicas
dirigidas a la opinión pública norteamericana y la Casa Blanca.
Carranza tenía oficinas de prensa en Nueva York y Washington DC, las
cuales emitían regularmente comunicados para los periodistas y los
miembros del Congreso. Por su parte, Villa entusiasmaba a los
periodistas, como Reed, que le dio una cobertura favorable. En su
tren militar tenía un vagón de prensa en el que los periodistas
podían dormir y comer. También les permitió utilizar el sistema de
telégrafos de México para mantenerse en contacto con los periódicos
para los que trabajaban.
No fue hasta octubre de 1915, cuando Carranza encabezaba a la
facción más poderosa, que ganó el dominio suficiente para que
Wilson reconociera a su gobierno.
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