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Mitos y realidades de la inmigración
¿Los inmigrantes son un factor que contribuye a la prosperidad de
los países ricos? ¿O son una carga costosa para ellos? ¿Reciben más
de lo que contribuyen? No es fácil responder con certeza a estas
preguntas, pero sí es posible comprobar que la
emigración-inmigración, por lo general, constituye una ventaja o
beneficio tanto para los que cambian su lugar de residencia, como
para sus comunidades de origen y las sociedades que tienen por
destino. Así lo plantea el Informe sobre Desarrollo Humano 2009
(IDH 2009), editado por el Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD), que este año lleva por subtítulo Superando
barreras: movilidad y desarrollo humanos.
Además de dar cuenta de los listados clasificatorios de países por
su nivel de desarrollo y los indicadores con los que para ello se
vale, como hace año con año desde hace 19, en esta ocasión el PNUD
busca ampliar y equilibrar las percepciones sobre la migración, con
el fin de dar cuenta de la complejidad de un fenómeno, más que
nunca, de dimensión planetaria y multimillonario.
El informe de esta agencia de las Naciones Unidas no se basa en
doctrinas de ética universal ni en las convenciones de derechos
humanos, sino en información demográfica, análisis económico e
investigación social, que en conjunto permiten despejar mitos o
supuestos erróneos sobre la movilidad humana.
Mito 1. La emigración va de los países pobres hacia los países ricos
En primer lugar, el mayor volumen de flujos migratorios no se da
hacia el extranjero, sino dentro de cada país. Los desplazamientos
internos suman aproximadamente 740 millones de personas, casi cuatro
veces la cantidad de aquellos que lo hacen a otro país. El caso de
China es uno de los más importantes al respecto, donde emigran de
las provincias del centro hacia las que están en la costa. En toda
América Latina, la movilidad interna es mucho mayor que hacia el
extranjero. Inclusive México, con todo y su frontera con Estados
Unidos y la cantidad de nacionales que residen allá, tiene el doble
de desplazamientos a su interior, que del periodo de 1990 a 2005 se
calcula “de por vida” en 17 millones 800 mil personas.
En segundo lugar, los ciudadanos de países pobres emigran más a
otros países con desarrollo bajo o medio que a los de alto
desarrollo. La gran mayoría de los 200 millones de migrantes
internacionales, calculados en el IDH, se trasladó de una nación en
desarrollo a otra o entre países desarrollados. De entre ellos,
menos de 70 millones de personas se trasladaron de los países pobres
hacia los ricos.
En tercer lugar, son países ricos los que tienen las tasas de
emigración más altas. Esto se explica por los costos que tienen los
traslados. Sólo 3% de los africanos ha emigrado de su país y de
ellos menos del 1% lo hizo a Europa. En cambio, el 7.3% de los
europeos han cambiado su país de residencia. Es cierto que los
países ricos atraen a muchos inmigrantes, pero también son los que
tienen porcentajes más altos de su población nativa que se han ido a
vivir al extranjero. Por ejemplo, Irlanda, uno de los países más
exitosos en los años recientes, ocupa el lugar número cinco entre
los que tienen el más alto desarrollo humano. Ahí, el porcentaje de
inmigrantes llega a casi el 15% del total de su población, cuando en
1960 era apenas del 2.6%. Y la tasa de irlandeses que se van de su
país es también altísima, mayor a 20 %, más del doble que reporta
México, donde es del 9%.
Mito 2. Los inmigrantes cuestan más de lo que aportan al país que
llegan
Esta es una de las discusiones más complejas, porque varía con los
sistemas fiscales y de seguridad social que hay en cada país. En
unos casos podría comprobarse que sí, pero no puede generalizarse.
Es probable que la primera generación se beneficie más de lo que
aporta fiscalmente, pero la segunda generación —los hijos pequeños
con los que llegan o nacen en el país de recepción— puede llegar a
contribuir, en promedio, igual a los nativos o inclusive más si, por
ejemplo, trabaja más horas, o si destina todo su ingreso al consumo
y al ahorro interno, en vez de enviar una parte importante como
remesa al país de origen. Asimismo, los inmigrantes aportan más en
la medida en que su situación legal está regularizada, en que no
están indocumentados, en que son dados de alta ante las
instituciones del Estado, en que se les pague lo que por ley o en
justicia les corresponda.
Aquí es importante reconocer que frecuentemente la internación,
contratación y hospedaje de los inmigrantes se da de maneras más o
menos clandestinas, lo que tiene como una de sus consecuencias la de
un conteo inferior al real en los censos, que en el caso de Estados
Unidos, por ejemplo, deja fuera de sus cifras oficiales a alrededor
de un millón o un millón y medio de migrantes irregulares,
equivalente al 0.5% de su población total.
Por otra parte, desde 1990 en que se publican anualmente los
informes sobre desarrollo humano, los países más desarrollados son
prácticamente los mismos, con pocas variaciones en los lugares que
ocupan en la lista. Con excepción de Japón y Grecia, los países más
desarrollados son los que tienen tasas de inmigración más altas.
Actualmente viven en ellos el doble de inmigrantes que en ese año y
equivalen al 11.1% de toda su población. A partir de este dato puede
inferirse que los inmigrantes no han deteriorado las condiciones
generales de vida de los países que los han recibido y
plausiblemente podría plantearse la hipótesis de que ellos han sido
un factor que ha contribuido a mantener estos niveles de desarrollo
con su aportación como fuerza de trabajo y consumo. Tal vez es un
círculo virtuoso en el que la prosperidad motiva la llegada de
extranjeros, los cuales contribuyen a una economía que incentiva el
arribo de más trabajadores foráneos.
Mito 3. Los inmigrantes son los más pobres y los menos educados de
sus países de origen
El informe de desarrollo humano de México identifica la desigualdad
como la causa principal de los flujos migratorios internos y hacia
Estados Unidos; pero no son tanto los más pobres quienes se
desplazan. Los más pobres reciben los recursos de los “programas
sociales”, que aunque no los ayudan a superar su condición, los
mantienen atados a sus lugares de origen como condición para seguir
dentro de los patrones de beneficiarios.
Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, el migrante
mexicano medio suele tener una formación escolar levemente superior
a la del promedio y niveles de ingresos intermedios, a la vez que
proviene de municipios marginados, lo que refleja un conjunto de
habilidades iniciales desaprovechadas debido a la falta de
oportunidades. En el caso de los mexicanos que se van a Estados
Unidos y Canadá, el 5.7% cuenta con estudios universitarios y el
24.7% cursó al menos un grado más a la educación básica
(secundaria). En otros países su perfil educativo es muy superior.
Por ejemplo, el 32.6% de los argentinos que emigra tiene estudios
universitarios; 23.9% de los cubanos y 36.7 en el caso de los
venezolanos, por citar sólo algunos de la región.
Recomendaciones del PNUD
La movilidad humana internacional no se ha incrementado de manera
importante recientemente. Desde hace cincuenta años, su porcentaje
respecto al total de la población mundial se mantiene estable en
alrededor del 3%. Sin embargo, hay una percepción negativa muy alta
respecto a que la inmigración ha llegado a un punto excesivo o que
debe limitarse en la medida en que la oferta laboral la permita.
Esta percepción tiende a aumentar debido a la crisis económica
mundial. Ante ello, los responsables de la formulación de políticas
en los países con grandes poblaciones de migrantes enfrentan
presiones contradictorias: considerable resistencia a mayores
niveles de inmigración de parte de la opinión pública, por una
parte, y sólidos argumentos económicos y sociales en pro de la
flexibilización de las barreras de entrada, por la otra. ¿Cómo
evolucionarán las políticas en las próximas décadas?
El Informe recomienda que se permita y se favorezcan las condiciones
para la movilidad, sea interna o de un país a otro. Para eso propone
instituir o desarrollar seis campos de política públicas para el
desarrollo humano:
-Abrir los canales disponibles para que más trabajadores puedan
emigrar.
-Velar porque se respeten sus derechos básicos.
-Reducir los costos de transacción de la migración.
-Encontrar soluciones que beneficien tanto a las comunidades de
destino como a quienes llegan a instalarse.
-Facilitar el traslado de las personas al interior de su propio
país.
-Incorporar la migración a las estrategias nacionales de desarrollo.
Por último, cabe señalar que el PNUD no elabora el Informe que
presenta, no es de su autoría, sino que lo encarga a un grupo de
investigadores del más alto nivel. Son ellos los autores y para su
diagnóstico, análisis y recomendaciones consultan numerosas fuentes
documentales y bases de datos, así como a distintos grupos de
especialistas, asesores académicos, organizaciones que trabajan con
inmigrantes y agencias de las Naciones Unidas, de tal modo que el
documento posee una solidez muy difícilmente cuestionable de manera
seria.
[Recuadro 1]
México es uno de los países con menor porcentaje de inmigrantes
entre su población. En 2005 eran 604 mil 700, equivalentes al 0.6%
del total de nacionales. Este porcentaje es idéntico al que había
hace casi cincuenta años, lo que quiere decir que su tasa de
crecimiento se mantiene constante desde entonces en la misma
proporción que la tasa de natalidad del país. Se calcula que para el
próximo año, la cantidad de extranjeros que aquí residan llegará a
701 mil. México es el lugar 157 de las preferencias para emigrar.
[Recuadro 2]
“Veamos el caso de Juan. Hijo de una familia pobre de una zona rural
de México, su familia tuvo que esforzarse mucho para costear su
salud y educación. Dejó la escuela cuando tenía 12 años para ayudar
al sustento de su hogar. Seis años después, siguió a su tío a Canadá
en busca de mejor salario y oportunidades.
En efecto, la esperanza de vida es cinco años más alta en ese país
que en México y se gana el triple. Juan fue seleccionado para
trabajar temporalmente en Canadá y luego consiguió el derecho a
quedarse. Con el paso del tiempo se transformó en empresario y ahora
su negocio emplea a canadienses de nacimiento. Éste es sólo un caso
entre millones de personas que cada año encuentran nuevas
expectativas y libertad por el hecho de emigrar, medida que es
provechosa tanto para ellos mismos como para su lugar de origen y de
destino”.
Así comienza el Informe sobre Desarrollo Humano 2009
publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
[Recuadro3]
La economía de México es, por su tamaño, la doceava del mundo. Sin
embargo, el país está clasificado en el lugar número 53 en
desarrollo humano, uno menos que el año anterior, según la
clasificación que hace el Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) en su Informe presentado recientemente. Uno de los
indicadores ponderados para hacer la clasificación es el de PIB
per cápita, es decir, la cantidad de dinero que supuestamente le
correspondería en un año a cada mexicano si se dividiera la riqueza
del país entre su población total, es de 14,104 dólares, mientras
que en el país más desarrollado, Noruega, es de 83,480 dólares. El
decil (10%) de la población más pobre de México recibe el 1.8% de
los ingresos y el más rico se beneficia con el 37.9%. En Noruega, la
proporción es 3.9% y 23.4%, respectivamente. Y es un caso ejemplar,
puesto que además de ser el país con más desarrollo humano es
también el país menos desigual en cuanto a su distribución de
ingreso.
[Recuadro 4]
La condición de inmigrante no implica ser víctima o desgraciado,
sino frecuentemente alguien a quien le va mejor respecto a cómo
vivía en su país de origen. Sin embargo, hay que reconocer
diferentes condiciones y características que permitan hablar de
tipos de inmigrantes. Una de las más importantes, en cuanto a
derechos humanos, es la de los refugiados, que se caracterizan
porque su condición de extranjero no ha sido voluntaria.
Se calcula que hay 14 millones de refugiados viven fuera de su
propia nación, es decir, alrededor del 7% de los migrantes del
mundo. La mayoría permanece cerca del país del que huyó, donde
habitualmente vive en campamentos hasta que la situación en casa
permite retornar. Sin embargo, cada año medio millón de ellos viaja
a algún país desarrollado e intenta obtener asilo. Una cantidad
mucho mayor, unos 26 millones, pertenece a la categoría de
desplazado interno. Si bien no han cruzado ninguna frontera.
En México se reporta la existencia de 1,600 refugiados (extranjeros)
y 6,000 desplazados internos. En el primero caso podrían ser
guatemaltecos que se internaron en territorio nacional hace años y
en el segundo parece que se refiere a quienes han tenido que cambiar
su lugar de residencia en Chiapas a causa de conflictos por la
tenencia de la tierra y la creación de áreas protegidas.
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