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Libertarios,
anarquistas y revisteros
José Ribas,
Los 70 a destajo. Ajoblanco y libertad, Barcelona: RBA
Libros, 2008, 764 pp.

Sería injusto
e incorrecto decir que es un libro de memorias porque es mucho más.
Cuando Pepe Ribas cuenta de su juventud en Barcelona de los años que
van de 1972 a 1977, describe y, sobre todo, explica la revolución
cultural que precedió a la transición a la democracia tras la muerte
de Francisco Franco. “La transición española —explica— fue posible
porque muchas capas de la sociedad la hicieron antes en la calle”.
Ribas hace la crónica, pero es mucho más que el cronista; es actor
protagónico, precursor y promotor de eso que luego se nombro como
el destape.
En las
tertulias con los de la Facultad de Derecho, entre poesía, represión
y militancia, entre noveles escritores, artistas, editores y
promotores culturales, Ribas decidió crear una revista que diera voz
pública a las expresiones culturales libertarias que entre algunos
jóvenes se gestaban. Concibió a la revista como un medio
revolucionario, de transformación entre lo que se es y lo que se
quiere ser. Su nombre: Ajoblanco (nombre de una simple sopa;
nada que ver con alguna droga). Por cierto, ahí y entonces, el
gobierno cerraba la universidad y los activistas pedían que se
abriera: “queríamos clases, queríamos buenos profesores y exigíamos
libertad dentro de un orden viable”. Asistir a la protesta callejera
o al mitin, no era una condición de clase, sino también el resultado
de leer mucho; intercambiar ideas, confrontarlas, debatir y
reflexionar. (¿Cómo no pensar en México presente como el chabelesco
reino del revés?).
“A nosotros
—explica— lo que más nos movía era la aventura de unir arte y vida,
la lucha contra cualquier autoridad impuesta, el no canon, las
actitudes dadaístas, el vivir al día, el rock salvaje, el viaje sin
rumbo ni fecha de retorno, la libertad sexual, la vida en comunidad
y la muerte de la familia tradicional. Esos eran los astros
emergentes del imaginario de la nueva generación”. Ajoblanco
fue entonces, bajo la coordinación de Rivas, una fusión de la
expresión de sensaciones y crítica; de creatividad e ideas; una
revista plural y abierta tanto en lo ideológico como en los temas y
con colaboradores de distintos lugares del país. En sus páginas
brillaba como estrella Luis Racionero, el progre que había
ido a Berkeley, el intelectual contracultural con ideas
innovadoras como el desarrollo sustentable y el urbanismo humanista,
quien abandonó la revista cuando no aceptaron pagarle lo que exigía.
Entre las secciones se hallaban como novedades las relativas a la
ecología (o ecologismo) y sexualidad. Habrá habido jóvenes radicales
que hubiesen leído con devoción a Marta Harnecker o a Louis
Althusser, pero estarían llenos de dudas sobre anticonceptivos y
abortos.
Ajoblanco
llegó a tirar números de 100 mil, de los que recibía avalanchas de
cartas de todo el país. Era la época en que Franco había muerto y
estaba por definirse el porvenir. Ribas y quienes tomaban las
decisiones de la revista se encaminaron entonces a proyectos
personales. Si el autoritarismo los había unido, la expectativa de
libertad los separó, mientras perdían interés en el ánimo
fundamental de la revista: el lector.
Entre más de
setecientas páginas Ribas nunca busca posicionarse ni
apropiarse de esa zona ideológica-sagrada que los intelectuales
mexicanos se disputan entre sí, a la que llaman “izquierda” (¿o es
zona erógena?, porque parece que con ella se autoerotizan). Casi ni
se menciona la bendita palabra. La revolución de Ajoblanco
fue principalmente por la libertad y, en consecuencia, por la
tolerancia, la pluralidad, el mestizaje, la diversidad, la
creatividad, el humor… El subtítulo así lo dice: Ajoblanco y
libertad (no Ajoblanco e izquierda). La posición de Ribas
es la de libertario. Esa es la palabra clave que recorre tanto el
texto como su carrera y su vida; libertario como oposición a
autoritario. Libertario es quien lucha por la libertad.
Planteaba
—desde entonces, nótese—, la deseable posibilidad de un régimen
postcapitalista que no fuese socialista, al menos no ese socialismo
estatista de las burocracias leninistas. Una revolución contra el
autoritarismo y el dogmatismo de cualquier signo, fuese político,
religioso o cultural, de izquierda o de derecha. El artículo de
Ribas en el primer número de la revista es revolucionario respecto a
lo que se supone revolucionario, por sostener “que Europa había
dejado de ser el centro del mundo” y que la revolución que podía
cambiarlo “debía surgir en California, donde estaban las dos
universidades más contraculturales y con más premios Nobel del
mundo: Berkeley y Stanford. Por lo visto, el canon obligatorio que
había impuesto la izquierda dogmática era que todo lo que producía
Estados Unidos era imperialismo”.
Había ya
algunas evidencias de la plausibilidad y viabilidad de esa
revolución: Ibiza era, desde hacía tiempo, un topos, un lugar
concreto, no una fantasía, un espacio de libertad, como lo eran las
comunas en Barcelona y Sevilla —donde había beatnicks emigrados de
Estados Unidos—; la fiesta, como las drogas, el rock y el ejercicio
de la sexualidad —nos deja ver el libro en su conjunto— no son fuga
ni evasión de la realidad, sino la transformación de la realidad o
la experiencia de una realidad distinta. (Por cierto, el rock
llegaba en buena medida gracias a las estaciones de radio de las
bases navales norteamericanas y a los instrumentos y equipo que
traían los marinos). No obstante, Ribas nunca fue un promotor de la
promiscuidad ni del consumo indiscriminado de las drogas, sino más
bien un prudente publicista de la sensualidad y el ejercicio
responsable de las libertades.
Los 70 a
destajo
está magníficamente escrito, con una redacción clara, que permite
una ágil lectura, capitulado de manera bien ordenada en cuanto a
temas y etapas. Un libro sin rebuscamientos, pero lleno de
erudición, puesto que en cada página aparece tal cantidad de
referencias a libros, autores, artistas, políticos, lugares y
movimientos culturales que da por resultado un índice onomástico de
23 páginas.
Publicado en Barcelona, y parece que sin distribución en México,
seguramente puede adquirirse vía Internet en esta dirección:
www.rbalibros.com
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